Culturas

«Era impensable que me dedicara a esto»

A Julián López (El Provencio, Cuenca, 41 años) Claude Debussy le «voló la cabeza» cuando era un niño. Tanto que acabó encaminando sus pasos hacia la música. De la clásica pasó al jazz y luego al flamenco y al rock… Un buen día, colgó la trompa, y se hizo cómico y actor. Pese a todo, López sigue pensando con música y asegura que, dependiendo del personaje, se pone una tonada u otra. A buen seguro, no habrán faltado la ópera bufa al encarnar a Manio Sempronio Galba, el protagonista de ‘Justo antes de Cristo’, que estrena hoy su segunda y última temporada en Movistar (#0).

-¿Ya echa de menos a Manio?

-Pues un poquito sí. Tenía muchas ganas de que se vieran estos seis capítulos porque tienen mucha enjundia. Da nostalgia. Recuerdas lo bien que te lo pasaste y lo mucho que te gustaría hacer muchas temporadas más.

-En principio está cerrada, pero los creadores dicen que tienen una continuación por si acaso.

-Sí. Han hecho una cosa de guionistas brillantes, porque tiene un cierre en sí misma, pero a la vez hay una puerta que se abre.

-¿Qué lugar ocupa Manio entre sus personajes?

-He tenido la fortuna de hacer personajes muy divertidos, aunque generalmente te vas quedando con lo último, si te ha dejado huella. Manio es de los mejores sin duda, pero dentro de cinco años seguramente diré otro. Es de los que más he disfrutado y de los más complejos. Rascas, y te das cuenta de lo mucho que hay. Y, en esencia, es dramático.

-Después de hacer una serie de romanos, ¿a qué otra época le gustaría viajar?

-Una en la que el vestuario sea cómodo, porque es muy guay hacer de neandertal, pero que te maquillen y que estés pasando frío… Creo que me iría un poco más adelante. El siglo XVIII estaría bien, y algo ambientado en la música, la época de Mozart, que, como músico, me tira mucho.

-¿En qué momento ‘cambió’ la música por la comedia?

-Diría que fue un proceso de un año. Tú estás en un momento dado en un sitio rodeado de cierta gente, y te empieza a picar otro gusanillo. Y eso no lo ha decidido nadie, sino el azar. Mi pasión y mi debilidad era la música, y lo sigue siendo, pero pasó eso y fue efecto dominó. Había tocado con orquestas y, de repente, me di cuenta de que había cosas que me seducían mucho también y que no me quería quedar sin probar. Es muy guay, pero lo pasé muy mal hasta que lo acepté.

-Y toda esa ‘cierta gente’ acabó en la tele.

-Sí, aunque también había amistades de la universidad que tenían un talentazo cantando, interpretando, o haciendo el idiota, y que luego sus profesiones han sido otras. Nosotros hemos tenido esa suerte. Nos conocimos de manera escalonada y formamos ese grupete. Muchas veces piensas en ello y dices: «Qué curioso que pasara».

-Y más siendo tantos.

– Sí, sí. El caso es que pasó, y ahora todos vivimos de esta profesión, aunque cada uno ha ido hacia un lado. A Carlos (Areces) y a mí nos tira más la ficción; a Raúl (Cimas), el entretenimiento y escribir humor; a Ernesto (Sevilla), dirigir; y a Joaquín (Reyes), las variedades… pero esa conexión encajaba perfectamente.

-Y uno de ellos, músico. Lo tienen todo para hacer un filme.

-En la universidad, Ernesto y yo fantaseábamos con que él dirigiría un peli, y yo le haría la banda sonora. Incluso nos imaginábamos, de coña, que habían publicado una entrevista con los dos hablando en el rodaje de que yo iba a hacer una partitura y tal. Era impensable que me dedicara a esto. Nunca se sabe.

-¿Quiénes son sus referentes en el humor?

-Podría decir Peter Sellers, pero después, un tío de mi padre. O Bill Murray, Will Smith en ‘El príncipe de Bel-Air’, José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Faemino y Cansado, Monty Python… Lo bonito es eso, que de cada uno, inconscientemente, coges algo.

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