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Corea del Sur: contra el coronavirus, tecnología

Dos azafatas comprueban la temperatura de pasajeros en en un embarque en el aeropuerto de Incheon, Corea del SurDos azafatas comprueban la temperatura de pasajeros en en un embarque en el aeropuerto de Incheon, Corea del SurEzra Acayan / Getty Images

Sammi, de nacionalidad china, había decidido visitar a su novia en Seúl. Su plan era pasar San Valentín juntos. Nada más aterrizar en el aeropuerto de Incheon, el mismo 14 de febrero, se dirigió hacia el control de inmigración, pero antes de coger su pasaporte el agente al otro lado del cristal le mostró un código QR. “Me dijo que si no me descargaba la app y me registraba no me podían dejar pasar”, recuerda por teléfono.

¿El motivo? Sammi venía de Pekín, una de las zonas catalogadas como “de alto riesgo” por el Gobierno de Seúl. El chico accedió, y durante dos semanas tuvo que responder a diario a una serie de preguntas sobre su estado de salud. Las autoridades querían cerciorarse de que no desarrollaba ningún síntoma de la enfermedad conocida como Covid-19, causada por el coronavirus convertido en pandemia. En Corea, el virus dejaba este viernes 66 muertos y 8.000 infectados. Es el cuarto país más afectado –por detrás, en orden, de China, Italia e Irán.

Pese a ser escenario del primer gran foco fuera de China, el país asiático es uno de los lugares en los que el virus ha avanzado más despacio. Apenas 13 días después de alcanzar su pico de transmisiones –el 29 de febrero, con 909– su tasa de contagios ya está en cotas mínimas. Este jueves fueron apenas 114 los nuevos casos, el mejor resultado desde que el brote dio comienzo. Además, su mortalidad es muy baja en comparación con la de otros países: de momento menos del 1% de los afectados ha fallecido. Su éxito se basa en iniciativas como la app que Sammi usó, un ejemplo apropiado para ilustrar cómo en su pulso contra el coronavirus Corea del Sur ha empleado la tecnología y la innovación como armas.

“Hay dos principios que consideramos fundamentales [en la acción gubernamental]”, declaraba Kim Gang-lip, viceministro de Sanidad, en una rueda de prensa reciente. “El primero es que en la participación [ciudadana] debe primar la apertura y transparencia. El segundo, es emplear recursos creativos y tecnología último nivel para desarrollar los métodos de respuesta más efectivos”.

La fórmula

La fórmula funciona. Esta app, ideada para monitorizar a los visitantes procedentes de áreas peligrosas, ha resultado tan útil que el gobierno ha recurrido a ella para gestionar la cuarentena de las más de 30.000 personas repartidas por el país. La toma de datos regular posibilita hacer seguimiento de su estado sin movilizar personal sanitario, y la localización GPS asegura que cada individuo no abandona el espacio de aislamiento asignado. Esto ha permitido que no se repitan episodios como el protagonizado por la Paciente 31, una supercontagiadora que hizo caso omiso de las órdenes médicas y siguió con su vida normal. Entre otras actividades, la mujer asistió a una misa de la secta Shincheonji, donde la bola de nieve echó a rodar. Su caso convirtió a la ciudad de Daegu en la zona cero del país, donde todavía se concentran el 75% de los casos, según los datos más recientes del Centro Coreano de Enfermedades Infecciosas (KCDC).

Una de las claves del modelo surcoreano es la capacidad de testeo. En un solo día han llegado a realizar 18.000 pruebas, cantidad equivalente al total de las efectuadas en España hasta la fecha. También en este campo ha habido lugar para la innovación: los puestos de testeo inspirados en los McAutos. El sujeto conduce hasta una de estas instalaciones y la prueba se realiza, sin coste, en el interior de su vehículo. Esta técnica reduce al mínimo cualquier posibilidad de contagio al no haber contacto con el exterior y permite optimizar el procedimiento, que se lleva a cabo en unos 15 minutos. Cada uno de estos puestos puede atender a casi 100 personas al día y entrega los resultados 48 horas después. De momento hay instalados unos 50.

La tecnología, vital

Con respecto a las pruebas, la tecnología ha sido vital. También la colaboración de las empresas privadas: muchas de ellas han comenzado una carrera para desarrollar modelos capaces de acortar el espacio de tiempo entre prueba y resultado. La empresa Seegene, por ejemplo, ha desarrollado un modelo que gracias a la producción automatizada gestionada por inteligencia artificial limita la espera a 6 horas. “Fue una inversión aventurada empezar a desarrollar este kit, porque entonces no sabríamos cómo de contagioso era el virus (…) pero pensamos que teníamos que contribuir a la sociedad”, explicaba a Bloomberg Park Yo-han, portavoz de la firma. Otras empresas biotecnológicas han lanzado proyectos aún más ambiciosos, que aspiran a tener los resultados en apenas 30 minutos.

La tecnología de vanguardia también permite, una vez que se ha detectado un positivo, recabar toda la información reciente sobre el enfermo y avisar a cualquier persona con la que haya podido tener contacto en los días previos. Las entrevistas de los contagiados se cotejan y completan con recursos como la información de sus tarjetas de crédito o la identificación facial en espacios públicos gracias a cámaras de seguridad. Las rutas se comparten por el aviso nacional de SMS y a medida que pasan los días los itinerarios y el minutaje se van haciendo más exhaustivas.

Aunque este procedimiento entra en tensión con la intimidad del individuo, el debate queda ahogado dada la emergencia de la situación. Las prioridades en este momento son otras: también para los monitorizados. “A mí no me importó”, asegura Sammi, “al menos pude ver a mi novia”.

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