Culturas

Los lectores se contagian del poder de 'La peste'

Que la literatura puede ser algo más que entretenimiento lo descubren cada día los que intentan que sus actos tengan alguna relación con los textos sagrados, de un incuestionable carácter literario. Incluso en tiempos del ‘best seller’ y de las novelas sumisas que buscan complacer por encima de todo, las narraciones con más de aire sirven para que los lectores se planteen cómo actuar ante determinadas situaciones. Ahí está su fuerza y su poder. Por eso cuando estalló la crisis del coronavirus, la memoria hizo ‘click’ y se acordó del libro de los libros contemporáneos sobre las epidemias, ‘La peste’ de Albert Camus, publicado en 1947, en plena posguerra mundial.

Para finales de enero las ventas de esta obra alcanzaron en Francia las 1.700 copias en una semana, según datos de Edistat, portal que recopila estadísticas sobre libros. Y la editorial Gallimard ha registrado un alza del 40% respecto a la cantidad vendida en un año.

Son cifras muy significativas porque ‘La peste’ nunca ha dejado de editarse, es lectura obligatoria en el bachillerato francés y lo corriente es que haya un ejemplar en cada hogar del país vecino. Italia también se ha contagiado del fenómeno. Según el diario ‘La Repubblica’, la obra de Camus ha experimentado un aumento del 180% de sus ventas en la plataforma Amazon. En tiempos de reclusión, ‘La peste’ abre una ventana para asomarse al mundo.

Una rata muerta en la escalera

Con las evidentes diferencias, el libro se presta a una lectura en paralelo respecto a lo que está sucediendo con la propagación del coronavirus. Comienza en Orán, la ciudad argelina, en un año que el autor consigna como «194.», es decir, en algún momento de la década de los cuarenta, todavía colonizada por Francia.

Natural del país norteafricano -e hijo de menorquina-, la descripción de la ciudad al comienzo de la novela marca el tono opresivo de una narración en la que cada párrafo tiene al menos una segunda lectura. Orán es «sucia» sin pájaros, árboles ni jardines. En ella, lo único que cambia en las estaciones es el cielo. Lo demás permanece inmutable en un paisaje física y mentalmente árido que se despierta con violencia cuando estalla la epidemia descrita por Camus, con ecos de la peste que asoló la ciudad en 1849.

Pero la novela es más de personajes que de paisajes. El principal, el doctor Bernard Rieux, se tropieza con una rata muerta en la escalera del edificio donde vive. Es el primer indicio, compartido al día siguiente con pacientes y amigos, que empiezan a hablar de una plaga de ratas, a la que sigue la epidemia de peste.

El portero del edificio de Rieux es la primera víctima y muere a los pocos días. El médico consigue de la prefectura que se forme una comisión sanitaria. Prueban distintos remedios, que alargan la vida pero no curan la enfermedad. Aunque entregándose a los enfermos encuentra un sentido a su vida, se pregunta si lo único que está consiguiendo es alargar el dolor.

Las autoridades ponen a la ciudad en cuarentena. Nadie puede entrar ni salir. Como héroe moral de la novela, el médico se expone al contagio para ayudar a los otros. Hay personajes más ambiguos, como el periodista Rambert, que está de paso por Orán y quiere escaparse de ella por cualquier medio. Cuando puede hacerlo, cambia de opinión y comienza a colaborar con el médico.

El comportamiento de la gente varía desde el más puro egoísmo a la entrega sin límite. Uno de los personajes principales, Tarrou, la última víctima de la epidemia, se refiere así a la condición humana: «Esa porquería de enfermedad. hasta los que no la tienen parecen llevarla en el corazón».

La peste cede, se abren las puertas de la ciudad y se organizan fiestas para celebrarlo. Muchos lectores han visto en el libro una alegoría de la propagación del nazismo, de la resistencia ante él y de su derrota. También se ha interpretado como una sobre irracionalidad de la existencia, sobre los golpes mortales que llegan sin haberlos buscado ni merecido. Y hay más. Por eso ‘La peste’ es inagotable.

El reto de la adaptación al cine de Luis Puenzo

El argentino Luis Puenzo, ganador de un Oscar por ‘La historia oficial’, asumió el reto de llevar al cine ‘La peste’. Hizo algunas modificaciones y así el periodista pasó a ser la periodista, interpretada por Sandrinne Bonnaire. Contó además con un reparto en el que figuraron William Hurt como el médico Rieux, Jean-Marc Barr como Tarrou y Robert Duvall como Joseph Grand, otro de los personajes. Compitió en el festival de Venecia de 1993 y obtuvo críticas de todos los colores. Más cerca queda ‘La peste’, serie de Alberto Rodríguez de la que se han estrenado ya dos temporadas. Sin relación con Camus, tiene como telón de fondo las epidemias en la Sevilla del siglo XVI.

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