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El “egoísmo” de Roland Garros abre una grieta

Empleados de pista retiran agua de la pista central en la última edición de Roland Garros.Empleados de pista retiran agua de la pista central en la última edición de Roland Garros.MARTIN BUREAU / AFP (AFP)

Bien haría Roland Garros, que ayer anunció de forma unilateral su traslado de mayo a octubre, convulsionando un calendario ya de por sí muy complejo, en sacar el paraguas al que históricamente ha obligado la lluvia en París, edición tras edición. La lluvia arrecia sobre la organización del grande francés, que en un giro inesperado decidió aplazar el torneo de este año y reubicarlo en la franja otoñal de la temporada, sin atender demasiado a lo que puedan pensar el resto de los eventos. Sin ir más lejos, el US Open, que este miércoles emitió un comunicado para censurar la maniobra de los franceses.

“La USTA [la Federación Estadounidense de Tenis] continúa con su plan para el US Open 2020 y no es momento de implementar ningún cambio en el calendario”, arranca la nota. “Estos son tiempos sin precedentes y estamos evaluando todas nuestras opciones, incluida la posibilidad de celebrar el torneo más adelante”, prosigue. “En un tiempo en el que el mundo camina unido, creemos que una decisión así no se puede tomar de forma unilateral, y por consiguiente la USTA solo lo haría previa consulta con los otros Grand Slams, la WTA y la ATP, la ITF y nuestros patrocinadores, incluida la Laver Cup”, cierra.

Acostumbrado a ir habitualmente de la mano con los otros tres majors, más allá de que cada uno defienda sus propios intereses, el norteamericano reacciona con un crochet a la decisión que se anunció ayer desde París. Con su modificación, Roland Garros –ahora, en función de cómo todo evolucione todo, del 20 de septiembre al 4 de octubre en lugar del 24 de mayo al 7 de julio– prácticamente se solaparía con su hermano estadounidense, que a priori tendrá lugar del 31 de agosto al 13 de septiembre. Es decir, entre una cita y otra habría un margen mínimo de siete días.

Pero el US Open no es el único afectado. También asomó la cabeza este miércoles la Laver Cup, impulsada por Roger Federer desde hace tres años. En su cuarta edición e incluido oficialmente en el calendario masculino (contabilizan las victorias), el torneo tendrá lugar en el Garden de Boston, del 25 al 27 de septiembre. Y “este anuncio nos sorprendió, al igual que a nuestros patrocinadores [Tennis Australia, la USTA y la ATP]”, indica en una nota, “y plantea muchas preguntas, así que estamos evaluando la situación. En este momento, queremos hacer saber a los aficionados, sponsors, voluntarios, jugadores y la ciudad de Boston que tenemos la intención de mantener la misma fecha”.

Unirse para trabajar “como un todo”

También choca en el programa con otros torneos de la ATP como San Petersburgo, Chengdu, Zhuai y Sofía, y Tokio, Guangzhou, Seúl y Wuhan por parte de la WTA. Todos ellos, fijados en ese espacio que pretende acaparar ahora el major parisino, al que le caen las críticas de estamentos, tenistas y aficionados. “Excusez moi?”, se sorprendía con tono irónico la japonesa Naomi Osaka. “Este es un comunicado y una posición adecuada en relación con el futuro, a diferencia de nuestros amigos de Roland Garros. Tomemos un respiro, tomémonos un tiempo e intentemos proteger a los cuatro grandes como prioridad. Unámonos para trabajar como un todo”, censuró Darren Cahill, prestigioso técnico.

“Este es un momento muy difícil, esta catástrofe está impactándonos a todos. Mejorar la comunicación y trabajar juntos debe ser la prioridad, no tomar decisiones egoístas y arrogantes que perjudiquen todavía más al circuito”, les recriminaba el canadiense Vasek Pospisil, activo miembro del Consejo de Jugadores (Players Council). “Está bien enterarse por Twitter”, ironizaba la francesa Alize Cornet, en una denuncia que extendía la rumana Sorana Cirstea o el argentino Diego Schwartzman, en representación de un nutrido grupo de profesionales que dicen sentirse al margen de todo.

Coincidiendo con el anuncio parisino, Wimbledon también manifestó su deseo de mantener su plan inicial (del 29 de junio al 12 de julio) y el director del torneo de Acapulco, el mexicano Raúl Zurutuza, lamentó: “Es una decisión alevosa y egoísta, y solo demuestra el desdén que tienen hacia el resto de torneos y jugadores, a los que no consultaron”. Mientras, el japonés Taro Daniel dice que “es imposible calcular el plan para esta temporada” y se pregunta si el circuito se reanudará en arcilla o directamente sobre la hierba, además de poner en tela de juicio que puedan disputarse de forma sucesiva Roland Garros y el US Open, con partidos a cinco sets.

Mientras tanto, silencio por parte de los pesos pesados. No se han pronunciado hasta ahora Serena Williams, Rafael Nadal, Roger Federer ni Novak Djokovic. Pero la grieta ya se ha abierto.

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