Culturas

Escritores alados en la cuarentena

«Encierra a un escritor y le saldrán alas». Así de gráficamente expresa José Ángel Mañas que la reclusión es un estado natural, y a menudo estimulante, para los literatos. Que con coronavirus y sin él, de ‘El Quijote’ a ‘Macbeth’, hay un sinfín obras maestras surgidas de encierros forzados o autoimpuestos. Y encerrado y activo vive Mañas estos aciagos días, como sus colegas Antonio Soler y Dolores Redondo. Coinciden los tres en que «no hay virus que pueda cercar a la imaginación».

«La imaginación es libre y está por encima de toda contingencia», dice Soler, que recluido en su Málaga natal, sigue escribiendo y recomendado lecturas. «Leer en estos momentos te saca de la asfixia y te abre otras realidades. Es luz en medio de la oscuridad. Un gran consuelo», dice el autor de ‘El camino de los ingleses’. «Nos permite además ver como nuestros semejantes vivieron antes esta situación. El ‘Decamerón’ cuenta en su primer capítulo lo que nos está pasando», precisa Soler, que escribe a diario y aconseja hacerlo a todos. «La escritura es siempre terapéutica. Es una descarga emocional que te permite conocerte y espantar fantasmas».

‘También esto pasará’, tituló Milena Tusquets su novela más célebre, y así lo cree José Ángel Mañas, recluido en familia en Madrid y al pie del ordenador. «Cuando estás encerrado, la literatura te libera», dice el autor de ‘Historias del Kronen’. Enfrascado en una novela histórica sobre la Hispania Romama, lee ‘Yo Claudio, de Robert Graves, y ve la mítica serie homónima para suavizar una reclusión que, en su caso, «estimula la imaginación». «Encierra a un escritor y le saldrán alas», reitera recordando que ‘El Quijote’ nació con un Cervantes penado cinco años en Argel, como algunas grandes obras Dostoievski, cautivo en Siberia otros cinco.

«La reclusión es mi estado natural», dice desde Cintruénigo Dolores Redondo, ganadora de Planeta en 2016 y que se encierra «hasta tres semanas» cuando pone el turbo a una novela. «Shakespeare escribió ‘El Rey Lear’ y ‘Macbeth’ confinado por la peste», recuerda. «El encierro estimula la creatividad y el pensamiento, como la lectura», dice la autora de la ‘Trilogía del Baztán’. Asegura que «saldremos cambiados de esta crisis, sabiendo que, o remamos todos en la misma dirección, o nos hundimos». Cree que tenemos más suerte que nuestros antepasados «por la tecnología que nos conecta» y aconseja también poner negro sobre blanco en un diario de cuarentena lo que se nos pase por la cabeza.

El enclaustramiento también fue provechoso para Isacc Newton, que esbozó algunos de sus mayores descubrimientos en su reclusión durante la ‘Gran Peste’ que azotó Londres en 1665 y 1666, cuando el matemático, físico y astrónomo tenía poco más de 20 años.

Fray Luis de León y San Juan de la Cruz escribieron lo mejor de su obra encerrados, como Marco Polo, Maquiavelo, Voltaire o el Marqués de Sade. Tras disparar a Rimbaud, también el penado Verlaine escribió en su celda bellísimos poemas. En prisión escribió Oscar Wilde su ‘Balada de la cárcel de Reading’ y Miguel Hernández sus enternecedoras ‘Nanas de la cebolla’. ‘Archipiélago Gulag’ y ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’, de Aleksandr Solzhenitsyn son también del confinamiento de su autor en Siberia.

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