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Así no se hacen las cosas

Tras la declaración del estado de alerta no era de extrañar que las farmacias estuvieran desabastecidas de mascarillas o productos desinfectantes para combatir el coronavirus. Tampoco resultaba raro que los proveedores no pudieran suministrarlas en tiempo y forma. Incluso se podía comprender que la población hubiera arrasado con esos materiales movida por la desinformación y la incertidumbre. Pero lo que es intolerable, insolidario y temerario es que el único establecimiento capaz de suministrar tan preciados bienes en 20 kilómetros a la redonda les pusiera un precio irracional. El pack de 50 mascarillas básicas en Guijuelo (Salamanca) costaba estos días 160 euros, frente a los 12 que suelen valer en tiempos de cordura. Estas mascarillas son básicas para proteger a los sanitarios, trabajadores o residentes de los centros de mayores cercanos a Guijuelo. Especular con productos esenciales para salvar vidas es indigno. Alguien debería tomar medidas.

Álvaro Rodríguez. Salamanca


Quiero mostrar mi estupor e indignación por la actitud del presidente Sánchez y del vicepresidente segundo Iglesias. Ambos, con sus parejas contagiadas de coronavirus y, por tanto, en cuarentena, no han tenido impedimento para romperla y aparecer en público como si la pandemia no fuera con ellos. Cuando se está pidiendo a la ciudadanía un esfuerzo extremo, me parece indigno considerarse por encima del resto de mortales y pedir sacrificios que ellos no están dispuestos a asumir.

Ana Sanz López. Berango (Bizkaia)


He sentido estupor, consternación e indignación al ver cómo una persona en cuarentena, que además debería dar ejemplo por ser vicepresidente segundo de un Gobierno que tiene que dirigir la lucha en la crisis más grave que recordamos, se presenta en una comparecencia pública. Cuando se exige a los ciudadanos estricto confinamiento en sus domicilios y las fuerzas del orden empiezan a imponer sanciones e incluso a detener a recalcitrantes, Pablo Iglesias habrá movilizado chóferes y escoltas para… Eso, ¿para qué?

Miguel Morer Errea. Madrid

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