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El problema de los autónomos del golf

Desde su casa de Arizona, sorbiendo de una taza de café XXL, Jon Rahm abrió un directo desde su cuenta de Instagram al tiempo que dejó un pequeño escrito para sus seguidores: “Después de una temporada sin controlar mis redes, vuelvo para crear contenido divertido y daros algo que ver a los que lo estáis pasando mal por la cuarentena. También responderé a vuestras preguntas día a día”. Un guiño para sus fans en particular y para los aficionados del golf en general; una realidad, también, provocada por el coronavirus porque tiene en jaque a los golfistas, autónomos y necesitados de torneos para ingresar y poder repartir las ganancias con sus equipos. Entre otras cosas porque los campos también cierran sus puertas, en España hace ya una semana y en EEUU progresivamente, este viernes por la tarde los de Miami, donde vive y se entrena, por ejemplo, Gonzalo Fernández Castaño. “Privados y públicos. No se puede jugar”, señala el golfista. Tampoco competir.

El Ranking Mundial de Golf (OWGR) ha quedado congelado hasta que se reanude la competición, todavía con fecha incierta porque si bien se canceló el Masters de Augusta y el PGA, siguen en vilo el US Open y el British. “Esta semana el circuito estaba en Kenia. No lo iba a jugar por calendario, pero el domingo volaba a Nueva Delhi y dentro de dos semanas se jugaba Malasia y China. Está todo cancelado hasta nuevo aviso”, señala el golfista Pablo Larrazábal. “Es una faena”, se suma Fernández Castaño; “porque yo había decidido parar unos meses para volver con fuerza y ahora no sé cuándo podré regresar”. Un parón que por norma general castiga. “Es un poco rollo porque la semana pasada en Qatar estaba cogiendo ritmo y ahora nos suspenden el calendario… Una lástima porque venían buenos torneos para poder subir en el ránking”, resuelve Adrià Arnaus. Aunque no todos se quejan. “Voy el décimo en el Race to Dubái y nadie va a sumar puntos. Y había torneos que no podía jugar, como los majors. Me va bien porque la intención es entrar en el British, que acceden los 20 primeros…”, explica Larrazábal.

El problema es cómo llegarán a las competiciones. “El campo de golf está cerrado y yo vivo en un piso en Barcelona. Lo único que hago es sacar al perro y nada más. Seguramente dentro de unos días me cogerá el monillo y patearé en una alfombra o algo”, señala Larrazábal, que ya ha recibido por mail los ejercicios a realizar esta semana por su preparador físico; “me tendré que centrar en lo físico, en la nutrición y montarme pautas”. Así lo ve Arnaus: “Toca entrenarse a la antigua usanza, con carrera continua, abdominales… Por suerte, yo tengo un jardín con buena hierba y puedo hacer putts, aproches… Y estoy mirando de montarme una red, además de ver vídeos en YouTube para visualizar un buen swing”.

“Estamos esperando lo inevitable [campos cerrados]. El proceso llevará un poco más de tiempo, pero también entraremos en cuarentena”, resolvió Rahm en los micros de la Cope. “Ahora nos han cerrado ya los campos, pero hasta el viernes pude aprovechar…”, cuenta Fernández Castaño. Aunque añade: “No es que sea imprescindible pegar bolas porque por suerte el golf es un deporte completo que requiere preparación física, psicología, movilidad… Y por fortuna, tengo una moqueta y un putting green en el jardín de casa”.

La jugarreta está en que si no se juega, no se cobra. “No se factura y todos estamos averiguando cómo lo vamos a hacer”, expone Arnaus. “Nosotros somos autónomos y no recibimos una nómina a final de mes como los futbolistas. Y de lo que facturamos cada semana, dependen los entrenadores, preparadores, caddie…. Será una época mala si esto dura más de un mes. Es una putada”, se suma Larrazábal. “A mí lo que me da miedo es saber cuándo vamos a competir. Porque solo ganamos dinero si jugamos. Y somos una gran familia, por lo que será un año duro”, agrega Fernández Castaño. Pero hasta entonces, tendrán que ingeniárselas para no perder el swing.

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