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Informarse sanamente, hoy más que nunca

Desde hace años los periodistas, además de con nuestro nombre y apellido, ‘firmamos’ con nuestra imagen, con nuestra foto. Es un sistema que a muchos aún no nos convence pero la razón de hacerlo así es dar la cara, hacerte responsable de lo que escribes, dar garantías al lector de que esta información es veraz y contrastada. Si no, ya saben a quién reclamar. Esto, que debe ser la norma en el periodismo y en cualquier otra profesión, cobra una importancia capital en estos días de sobreexposición mediática. Si queremos estar veinticuatro horas leyendo o escuchando hablar del coronavirus podemos hacerlo. No hay más que encender la tele o la radio a cualquier hora, coger un periódico o mirar el WhatsApp.

De ahí la importancia de dos cuestiones: dosificar y seleccionar. Sobre lo primero, el psicólogo clínico Enrique García Huete receta ‘medida’: «Hay que estar informado constantemente porque la información y los datos son cambiantes, pero eso no quiere decir que veas siete horas la televisión y leas cinco periódicos, porque, además de innecesario, es contraproducente». Lo lógico y sano, asegura, es «mantener las costumbres que teníamos antes del encierro. Si comprábamos el periódico, sigámoslo comprando o leámoslo por internet. Y si nos gustaba ver el telediario de las nueve, adelante. Pero solo ese, no además el informativo matinal, el de las tres de la tarde, el programa especial…».

Ya hemos dosificado, ahora seleccionemos: «Las visitas a las webs de los periódicos tradicionales se están disparando, lo que viene a confirmar que en un momento de saturación informativa como el actual la gente busca sus referentes, esos periodistas que sabe que contrastan las fuentes», explica Juan Francisco Gutiérrez Lozano, profesor titular de Periodismo en la Universidad de Málaga. Y recurre a un ejemplo muy ilustrativo: «Cuando hay inundaciones escasea el agua potable y ahora sucede lo mismo, hay mucho caudal de información, pero poca información filtrada». Se refiere a los audios «que me manda por WhatsApp un amigo que es médico» y reboto al grupo, al ‘he oído’ o ‘me han dicho’… «Estamos viendo, especialmente en televisión, que a veces aparecen profesionales que no son elegidos solo por su formación profesional, sino también por sus habilidades para comunicar y para conectar con la audiencia. Y, en ocasiones, se erigen en portavoces de una comunidad entera y lanzan mensajes un poco catastrofistas». Eso, dice, «hay menos riesgo de que suceda en los periódicos, que ofrecen una información y unas explicaciones más reposadas, con múltiples fuentes que abordan todos los aspectos de la cuestión. Aunque le pongan un titular llamativo».

«Las visitas a las webs de los periódicos tradicionales crecen porque la gente busca referentes»

Ocurre porque «la radio y la televisión manejan un lenguaje más emocional y más de impacto». Y también porque «en algunas cuestiones hay disparidad de opiniones dentro de la propia comunidad científica, como con el asunto del ibuprofeno. Así que los medios se ven en serias dificultades de ofrecer información respaldada cien por cien por el conjunto de los especialistas».

Razón de más para informarse solo «de fuentes oficiales, de los datos que ofrece el Ministerio». «Tengo pacientes con trastornos obsesivos con la contaminación que no hacen más que buscar cosas en internet, donde leen cosas como que no pueden tocarse la nariz. A esta gente que se informa de manera compulsiva les sucede que les entran todas las ‘fake news’», alerta García Huete. El ansioso por leer todo lo que se publica sobre el coronavirus tienen también su antagónico: «el que pasa». «Hay gente que no es en absoluto hipocondriaca y que estos días se ve saturada por el exceso de información y, directamente, la evita».

Como en casi todo, en el término medio está la virtud. «Necesitamos estar informados a diario», insiste Gutiérrez Lozano, y aplaude el esfuerzo de los medios por introducir en este tema «el periodismo de datos, con infografías claras que te ayudan a comprender la evolución del problema». Pese a las dificultades de los propios periodistas para informar (muchos teletrabajan) asegura el experto que «el periodismo de calidad siempre tiene futuro». «Esto, en cierto modo, se puede comparar con una guerra. El periodismo de guerra fue uno de los motores del periodismo de masas. Y ahí despuntaron los buenos profesionales».

El dato

476:
minutos ‘pegados’ al televisor. Esta cifra de récord se alcanzó el martes entre los mayores de 64 años. La media, teniendo en cuenta todas las edades, fueron 317 minutos, traducido a espectadores: 34,6 millones, el 76,3% de la población.

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