Economía

Los goles millonarios de los agentes de los futbolistas

El futbolista Cristiano Ronaldo habla con Jorge Mendes, su representante.El futbolista Cristiano Ronaldo habla con Jorge Mendes, su representante.Alamy Stock Photo

El fútbol es un ajedrez de cristal. Hay reyes (propietarios), reinas (presidentes) y torres (representantes), pero la maravilla del juego es que los peones (aficionados) son capaces también de dar jaque mate. Esta metáfora muestra un deporte con relaciones complejas. Los intermediarios, ya sea bajo el sinónimo de agentes o representantes, han vivido durante años en ese lugar común que es la opacidad y la falta de transparencia. Hay algo en ello de realidad y algo de mito. Pero lo cierto es que les ha alcanzado el siglo XXI y el negocio se fractura en dos. Por un lado, el agente, escribamos, “tradicional”, centrado en conseguir el mejor contrato posible y extenderlo a través de los equipos, y de otro, una mirada más nueva en la que el nombre y el apellido es sustituido por la nomenclatura de una empresa y se ofrece al futbolista “todo”. El adverbio envuelve asesoramiento fiscal, patrimonial, cuidados médicos, adquisiciones inmobiliarias, seguridad privada. A su alrededor, claro, amigos, allegados, familiares y conocidos también proponen sus servicios. Eso que en el argot del fútbol llaman “entorno”. Eso que el dramaturgo Tennessee Williams describiría como “un zoo de cristal”. Especialmente por la fragilidad. Los contratos se suelen firmar por dos años y las lealtades van y vienen.

Pese a todo, resulta, hasta ahora, un negocio enorme. Las comisiones de los agentes por transferencias de jugadores alcanzaron en el mundo —acorde con la ­FIFA— el récord de 653,9 millones de dólares (579,2 millones de euros) el año pasado. Equivale a cuatro veces la cantidad ganada durante 2015. Y es un 19,3% más que en 2018. Este dinero atrae a cientos de personas. En España hay unos 600 intermediarios. Aunque solo un 15% —calcula el sector— está realmente activo. ¿Muchos? En el Reino Unido existen 2.278 representantes individuales. Frente al exceso de agentes, hay escasez de talento. Por eso aumenta la presión por encontrarlo y se busca más joven y en más geografías. “Ahora se ficha a los chicos con 12 o 13 años, casi en edad infantil. No me parece honesto. Se ganan a sus padres con regalos, botas, ropa de marca. Son críos que están en edad de formación, no bienes inmuebles. Estudiar es la prioridad. Pero no es así. Se quiere atar a los jóvenes con cláusulas abusivas. ¿Cómo se puede tener un contrato de 5.000 euros y una penalización por rescisión de 100.000 euros? ¿De qué forma van a pagar eso sus padres?”, critica Manuel García Quilón, uno de los agentes más reconocidos de España.

Los familiares pagan por la esperanza. Pese a la soledad, incluso, de llegar. “No quiero ser la mejor. Es un lugar en el que te quedas sola y yo no quiero andar sola”, escribió la escritora argentina Hebe Uhart. “Pero la ratio de éxito resulta muy baja. Solo hay que pensar, por ejemplo, en los cadetes del ­Real Madrid de hace 20 años. ¿Cuántos han llegado a vivir del fútbol?”, se cuestiona Ginés Carvajal, representante de Lucas Vázquez y Dani Carvajal (Real Madrid), Jesé (Sporting de Lisboa) o Marc Muniesa (Al-Arabi). La exigencia resulta enorme y aprieta el “entorno”. “Hay familias que ayudan más y otras menos. Algunas meten una gran presión al chico, cuando lo que tiene que hacer es divertirse y estudiar. Pero los clubes los tratan como profesionales. Porque no son una oenegé. No buscan médicos o ingenieros, demandan futbolistas, y si el chaval no quiere estudiar, tampoco es un drama para la entidad”, relata Carvajal.

Presión

Óscar Ribot, experiodista del diario As y antiguo jefe de comunicación del Real Madrid, sostiene que “hay que quitar la presión del éxito a los chicos; el éxito”, dice, “no es que jueguen en Primera, sino que hagan las cosas bien en cada momento”. Lejos de la palabra impresa, Ribot es consejero delegado de la agencia de representación Best Of You. Una empresa creada en 2012 que tiene fuertes vínculos con el Real Madrid. Representa, entre otros, al centrocampista del primer equipo Casemiro. Pero además su ecosistema de relaciones incluye a los exjugadores blancos Roberto Carlos, Figo, Xabi Alonso o Álvaro Arbeloa. Las agencias de futbolistas son un complejo LinkedIn de afinidades que toman partido. “Nuestro modelo resulta similar a una compañía estadounidense de representación de deportistas. Miramos en 360 grados. Un agente no solo firma contratos o cambia al jugador de club. Tenemos un equipo legal, fiscalistas, gestores de patrimonio, médicos propios e incluso, si es necesario, le hacemos la casa”, desgrana Óscar Ribot. También, en una época digital, aportan comunicación y marketing al jugador. Comparten puerta —las oficinas de ambas compañías ocupan la planta 24ª del edificio Torre Europa, con vistas al Santiago Bernabéu, en la Castellana de Madrid— con la agencia HMG, presidida por Yago Arbeloa, hermano del exfutbolista y embajador del club blanco Álvaro Arbeloa.

El juego se ha vuelto más competitivo y complejo que nunca. “Porque hay más dinero en circulación que talento”, observaba en EL PAÍS Jorge Valdano, excampeón del mundo con Argentina. Por eso se busca jugadores cada vez más jóvenes. “El negocio ha cambiado bastante. Jamás pensé que iba a representar a un chico de 15 o 16 años. Ahora nuestro jugador más pequeño tiene 13 años. Porque el modelo que defendemos es similar a una academia profesional y resulta más difícil explicar a un chico de 18 o 19 años qué actitud debe tener. No es fácil. Tienen que ser maduros muy pronto”, indica Ribot. Además, los chicos son frágiles. Pasan por la vida y esta, a veces, trae compañías inciertas, afectos rotos, desencuentros con los entrenadores, lesiones. “A los chavales que han tenido un momento bajo les damos la posibilidad de hablar con futbolistas profesionales, como Casemiro, para que les orienten; porque todos nos hemos confundido alguna vez”, reflexiona el intermediario. Entre errores y aciertos, Best Of You se expande. Colombia, Brasil y China. En el gigante asiático crece de la mano de Pedro Granero —hermano de otro madridista, Esteban Granero—, quien ha vivido 15 años en el país.

Rueda la pelota, gira el balón y se golpean las ilusiones. Incesantemente. René Ramos (dueño de RR-Soccer Management Agency y hermano y representante de Sergio Ramos, defensa del Real Madrid) es una de las voces profundas de este oficio. Lleva 16 años. Defiende palabras que conoce muy bien. Representa a 32 jugadores, tiene una plantilla de 15 empleados (incluidos ojeadores) y oficinas en Madrid y Sevilla. Además, trabaja con personas de confianza en la intermediación de operaciones en las grandes ligas europeas. Francia, Alemania, Italia, Inglaterra, Portugal. Su fórmula es también de 360 grados. Va desde la nutrición hasta el asesoramiento legal. Reivindica esa geometría, pero a la vez el esfuerzo.

“Me molesta mucho ese lugar común de que esto es jauja. Este oficio es de una enorme responsabilidad: trabajas con el presente y el futuro de personas. Y hay que sacrificar tiempo personal, con la familia, viajar constantemente. Las operaciones no llaman solas a la puerta. Me encanta mi trabajo, pero está lejos de ser un patio de recreo”, narra Ramos. Es el resultado de una gramática franca. Ha dicho que no a varios fondos de inversión y también a los jugadores menores de 16 años. “Por debajo de esa edad son niños y lo que tienen que hacer es estudiar y divertirse con el fútbol”. Sin embargo, este deporte no escapa a la condición humana ni al dinero. “Hay padres que presionan a sus hijos porque les ven como una vía para que les saquen de sus propios problemas”, advierte el responsable de RR-Soccer Management Agency. “Y no puede ser”. Además, a diferencia de Jorge Valdano, no cree que haya escasez de talento. René Ramos lo busca, sobre todo, en España. Lo reconoce, entre otras, en las canteras del Celta, Español, Almería, Sporting de Gijón. Aunque admite que en los “últimos cinco años este negocio ha cambiado mucho”.
La FIFA advierte de que algunos de esos cambios han ido demasiado lejos. El año pasado, acorde con la organización que rige el fútbol internacional, se gastaron 5.600 millones de libras (unos 7.500 millones de euros al cambio actual) en traspasos. Y como hemos visto, los agentes ganaron 580 millones de euros en comisiones.

El 80% lo desembolsaron equipos de Italia, Inglaterra, Alemania, Portugal, España y Francia. La FIFA quiere limitar en septiembre de 2021 la comisión de los agentes a un máximo del 10% de la tarifa de cada transferencia (la NBA fija el 4% y la NFL, el 3%) y a un 3% del salario que recibe el jugador. La misma ratio que podrán facturar los representes de los clubes que participen en el traspaso. Los agentes se oponen. “No tiene lógica. ¿Por qué no el 2% o el 6%? El porcentaje te lo da cada operación”, apunta René Ramos. En el fondo, el organismo persigue limitar el poder sobre el juego de superagentes como Jonathan Bar­nett —quien, según la revista Forbes, ganó en 2019 al menos 114,8 millones de euros en comisiones—, Jorge Mendes (105,8), Mino Raiola (63) o Volker Struth (39,2). Ahora bien, ¿de qué manera afectará a los pequeños? “El escenario más habitual”, sostiene la FIFA, “son cifras entre 10.000 y 100.000 dólares”. “Poner el tope del 3% deja fuera del negocio a los intermediarios que trabajan con jugadores con salarios bajos”, alerta Jorge Mendes en el periódico británico City A.M.

Gran competencia

Esas palabras las escucha desde Argentina Joan Salvans, antiguo miembro del departamento técnico del Valencia y uno de los impulsores de First Players Agency. Trabajan sobre todo en la tierra de Maradona y Japón. Son muy jóvenes. La empresa lleva tres años en marcha. “Todavía estamos en los primeros, segundos y terceros contratos, nuestro propósito es captar talento para las ligas europeas”, comenta Salvans. Su operación más conocida es el fichaje del central argentino Nehuén Pérez (19 años) por el Atlético de Madrid. Saben la cancha que pisan. “La competencia resulta enorme y cada vez hay más representantes”, admite. Pero así es su mundo, no existe otro. Javier Coso Ruiz, arquitecto de formación, responsable de JCRsport Goalkeeper, es consciente de que “lo difícil es tener un jugador. Porque hay muchos que quieren intermediar para ganar la comisión”. Suma cuatro años en el oficio y representa a Vicente Guaita, portero del Crystal Palace inglés. “Lo más importante es decirle la verdad a los chicos [sobre sus posibilidades], duela más o menos”, puntualiza el agente. Este juego solo resulta redondo cuando es sincero.

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