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«Los quiosqueros tenemos ahora un compromiso con la sociedad»

El coronavirus ha alterado el normal discurrir de la vida en la ciudad de Valencia, pero los quiosqueros se han volcado en su trabajo y su compromiso diario con los clientes que demandan periódicos con la información contrastada sobre la crisis sanitaria.

De hecho, la adquisición de prensa de papel en los puntos de venta habituales está incluida en el apartado de artículos de primera necesidad, al igual que acudir las farmacias, supermercados, tintorerías, ópticas o estancos, entre otros. Y el compromiso de LAS PROVINCIAS es inquebrantable con los lectores.

Paqui Barberá y Paco García, un matrimonio que regenta un quiosco en la calle Aben Al Abbar de Valencia, madrugan todos los días para abrir su establecimiento y atender a la clientela. «El Gobierno ha incluido a nuestro sector en los servicios básicos, y queramos o no queramos, los quiosqueros tenemos ahora un compromiso con la sociedad», afirma Paco.

Desde Benicalap, donde tiene su domicilio, el quiosquero se desplaza todas las mañanas al barrio de Albors y sube la persiana de su negocio a las seis y media de la madrugada. «La rutina es la misma pero ahora adoptamos medidas para minimizar el riesgo de contagio, como dejar entrar solo a dos personas, guardar la distancia de seguridad y lavarnos las manos con gel desinfectante», explica.

También utiliza mascarilla y guantes. «Tenemos que poner todos de nuestra parte. Esta situación es muy grave y hay que hacer caso a las recomendaciones que nos dan. Nosotros solo estamos vendiendo periódicos, revistas y artículos que vienen envasados de fábrica», añade Paco.

Santiago Martínez es otro quiosquero de toda la vida. Mientras muchas paraetas de las calles de Valencia han optado por cerrar con el paso del tiempo, Santiago ha logrado mantener su negocio de la avenida Cataluña en pie. Este comerciante lleva 32 de sus 62 años de vida vendiendo periódicos, revistas y algo de comida a los vecinos y en el barrio es una cara muy familiar. Santiago recibe a LAS PROVINCIAS detrás de un cristal de seguridad, ataviado con guantes y manteniendo la distancia.

Asegura que es necesario tomar precauciones estos días para frenar el coronavirus y tiene claro «que cada acción cuenta». Por ello, ni tan siquiera tiene contacto con los proveedores ya que cuando llega a su paraeta, estos días en coche para no utilizar el bus, en la caja de seguridad ya se han depositado los periódicos.

Pese a que admite que tiene algo de miedo por cómo ha evolucionado la situación, ha decidido mantener el quiosco abierto para ayudar a que la ciudadanía esté informada. «Se vende algo más de periódicos a particulares pero suelen venir los de siempre» indica Santiago, que remarca que también se han perdido ventas al cerrar los bares y restaurantes. «Mi situación es complicada a nivel económico, pero no quiero pensar en cómo están viviendo esto los que tienen un negocio de hostelería», sentencia.

En el Cabanyal, Josefa Nuria Ballester, regenta el quiosco ubicado en la calle Antonio Juan, muy cerca de la iglesia de Los Ángeles. «El negocio lleva abierto 33 años porque era de mi tía y yo ya estoy 23 años. Se puede decir que me he hecho mayor detrás de este mostrador».

Hasta ahora incluso se había arreglado su bicicleta para «poder hacer el reparto puerta a puerta a muchos bares del barrio. Y así de paso hacía gimnasia». Pero añade que estos días la situación ha cambiado por la pandemia del coronavirus.

«Tengo clientes que son gente mayor y también me estos y encontrando con la situación de gente nueva que está trabajando desde casa y sí viene a comprar el periódico».

Reconoce que muchos clientes «son amigos y estos días son muchos los que nos están dando las gracias por mantener el servicio porque quieren estar informados de todo lo que pasa», añade Josefa Nuria. Además, indica que además de la prensa diaria están teniendo mucha salida los pasatiempos, las revistas infantiles y para pintar.

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