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Quitando las caretas

Se sea creyente o no, qué gran verdad encierra el Evangelio (Mt 7,15-20) con aquello de «por sus obras los conoceréis». No hay nada como el miedo, para dejarnos desnudos ante un mundo que mira a cada hombre tal y como es. El Covid-19 le está dando una vuelta a nuestro propio ser. Nos fuerza a reconocer aquello que de verdad necesitamos en la vida. Y aunque alberguemos muchos propósitos de enmienda, la historia nos recuerda que estos suelen tener fecha de caducidad.Pero no importa. Seamos optimistas.

Hacía mucho que no escribía con el corazón fluctuando entre el cabreo y la emotividad. Sucumbo como una cría ante los aplausos de gratitud al acabar cada día. Me sobrecogen los gestos solidarios, la unión de los amigos y las familias y aplaudo todas las muestras de humor que circulan. Y por contra me cabrean y mucho, los gestos egoístas, la incompetencia y la ausencia de sensibilidad y lealtad, incluso institucional. Igual que no se entiende a un Iglesias que rompe dos veces su confinamiento sanitario con tal de figurar, tampoco procedía la ristra de obviedades de Felipe VI en su comparecencia y que sonaron a necesidad de justificar su utilidad. Hace mucho mejor Su Majestad al conseguir medio millón de mascarillas de China, que en hablar por hablar.

Mientras existan familias que no saben cómo sobrevivirán mañana y cuando están en juego muchas vidas, hay cosas que no se deben tolerar. Como lo de Torra mandando cartas a media Europa poniendo a caldo al gobierno de España o lo de Ponsatí equiparando las cifras de muertos con lo de «de Madrid al cielo». Incluso peor trago tiene todavía eso de excarcelar a los presos de ETA de 70 años pedido por Bildu, alegando que el virus «en la cárcel puede ser más letal».

Contrarresta tanto despropósito, los ejemplos edificantes de Amancio Ortega, de los hoteleros o de los fabricantes de toda índole que se reinventan haciendo mascarillas, batas, guantes, geles o test de diagnóstico, a los que cabe añadir a los políticos que se remangan y se emplean. Es el caso de Ximo Puig y de Ana Barceló, la consellera de sanidad. La Comunitat es referencia de previsión y firmeza al construir tres hospitales provisionales por lo que nos pueda llegar.

Unas sugerencias: si hay geriátricos que no ofrezcan garantías, que se cierren y si falta material de protección, que lo compre nuestra autonomía. Y en tiempo de pocos recursos y muchas ideas igual se podría crear un buzón de la ciudadanía que recoja peticiones y sugerencias. En momentos de cuarentena, sentirnos útiles y escuchados seguro que ayudará a mejorar.

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