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China comienza a relajar las medidas de confinamiento en Hubei

Mañana se cumplen dos meses desde que China decidió cerrar Wuhan a cal y canto. La ciudad en el epicentro de la pandemia que ahora tiene a medio mundo en cuarentena decretó el cierre de toda la actividad empresarial no esencial, paró el transporte público, y ordenó el confinamiento de sus once millones de residentes, una medida que se extendió rápido a los 60 millones de habitantes de la provincia de Hubei. Desde el 23 de enero, el gigante asiático ha puesto en marcha las medidas más drásticas de la historia para frenar el avance del coronavirus, y ha logrado su objetivo.

Por eso, ahora, las barreras y los controles que impedían la circulación se están retirando en todas las localidades de la provincia, y anoche algunos en Wuhan lo celebraron con fuegos artificiales. Los movimientos continúan restringidos y las vías de acceso a la capital continúan cerradas, pero el Gobierno alienta la reactivación de una economía que se va a ver gravemente afectada y tanto las empresas como los comercios vuelven a retomar su actividad.

Guillaume Zagury, un médico francés especializado en salud pública que trabaja en Shanghái y vivió la crisis del SARS entre 2002 y 2004, avanza que China esperará dos períodos de incubación -28 días- sin nuevos contagios para cantar victoria, y alaba que el país haya dado prioridad a la salud sobre la economía. «Cuando todo esto acabe habrá que hacer análisis concienzudos para extraer enseñanzas que nos permitan estar mejor preparados frente a una próxima pandemia. Porque sucederá», afirma.

En otra muestra de optimismo, en una conferencia de prensa sobre economía, el vicealcalde de Shanghái, Wu Qing, decidió quitarse la mascarilla que ha sido obligatoria en la capital económica de China, y pidió al resto que hiciese lo mismo. «Creo que es conveniente ya que nos descubramos», afirmó, aunque oficialmente Shanghái aún no ha revertido la obligatoriedad de protegerse con este elemento que ahora escasea en el resto del mundo y la mayoría de la población sigue llevándolo.

En un frente muy diferente de esta batalla, la propaganda china se centra ahora en destacar la ayuda que está proporcionando a países por todo el mundo, en forma de mascarillas y de material sanitario fabricado en la segunda potencia mundial, como ventiladores para la UCI. «Las crisis sanitarias son una amenaza común para la Humanidad y tanto la solidaridad como la cooperación son las armas más poderosas para combatirlas», dijo el presidente chino, Xi Jinping, en un mensaje dirigido a la canciller alemana, Angela Merkel.

Finalmente, el gigante asiático también se ha embarcado en una notable ofensiva informativa para hacer creer que el SARS-CoV-2 se podría haber originado en Estados Unidos, donde Donald Trump enfatiza siempre que se trata del ‘virus chino’. Según algunos políticos chinos, soldados americanos podrían haber expandido el coronavirus en Wuhan durante la Olimpiada militar que se celebró en la ciudad china en octubre, pero no hay ninguna evidencia de que así haya sido.

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