Lo último

La herencia envenenada de Felipe VI

La Monarquía española ha vivido esta semana sus momentos más críticos después del ‘caso Nóos’ y el escándalo derivado del accidente del rey Juan Carlos I en Botsuana. En medio de una emergencia sanitaria sin precedentes y con la población española confinada en sus casas, Felipe VI eligió la noche del pasado domingo para hacer público algo que llevaba gestionando en secreto cerca de un año: la renuncia a la herencia de su padre -simbólica, porque el Código Civil no permite hacerlo hasta que se produzca su fallecimiento- y la retirada a su progenitor de su asignación anual de cerca de 200.000 euros.

Ruptura total con el Rey emérito, el responsable de la herencia envenenada que recibió al hacerse cargo de la institución en junio de 2014. La razón última: dos fundaciones del Rey emérito en las que Felipe VI figuraba como beneficiario en distintos grados, las dos investigadas en Suiza en el marco de una causa abierta por presuntos delitos de blanqueo de capitales.

Zagatka y Lucum, radicadas en Liechtenstein y Panamá -ambos paraísos fiscales-, ocultan bajo una tupida red de testaferros los supuestos negocios opacos de Juan Carlos I. Entre las operaciones bajo sospecha figura una presunta «donación» de 100 millones de la monarquía saudí, que algunos relacionan con las obras del conocido como ‘AVE del desierto’ entre La Meca y Medina, y otros con gestiones anteriores en el tiempo. Las supuestas irregularidades no acaban ahí. Las pesquisas realizadas han permitido determinar que de tan generosa aportación se transferirían años después 65 millones a una cuenta en Bahamas a nombre de Corinna Larsen, la que fuera amante del Rey emérito hasta 2012.

«El laboratorio de la realidad confirma que Juan Carlos ha sido un excelente rey y un mal ciudadano. Hubiera sido peor si no llega a abdicar» Javier Gomá | Filósofo

Felipe VI decidió hacer pública su reacción a todo ello después de que el domingo un diario británico publicara los datos básicos de la trama orquestada por su padre. Y lo hizo mientras la ciudadanía se sumergía en su primer día de confinamiento, cuando muchos analistas le reclamaban un mensaje a la nación que no llegó hasta el pasado miércoles. Optó antes por activar el cordón sanitario que había planificado desde hacía un año con la intención de atajar el alcance del desastre para su reinado.

Comenzaba así una semana en la que han pintado bastos para un rey que lo primero que dijo cuando fue coronado hace casi seis años fue que quería ser «recordado por (su) comportamiento», lo que implica una promesa de transparencia y ejemplaridad. El jefe del Estado lleva años levantando cortafuegos alrededor de la institución monárquica para salvaguardarla de los desmanes de su familia, empezando por el ‘caso Nóos’, que arrastró por el barro a su hermana Cristina, a su cuñado Iñaki Urdangarin y a la Corona durante casi once años.

Marcar distancias

No ha sido el único escándalo. Su padre, lejana ya su alabada gestión en la Transición, ha sembrado de piedras el camino de su hijo con episodios como el de Botsuana, cuando se fue de safari en plena crisis económica y se rompió la cadera. Por no hablar de sus constantes devaneos amorosos, el más mediático el mantenido con la germanodanesa Corinna Larsen, que se revuelve ahora contra él en un rocambolesco giro de los acontecimientos.

Para el filósofo Javier Gomá, autor de ‘Tetralogía de la ejemplaridad’, el último escándalo ofrece la oportunidad de contrastar la teoría en el laboratorio de la realidad social. Aunque en su opinión la Monarquía «no sea un bien de primera necesidad», confiesa su malestar por la deriva del asunto, «que no hace sino confirmar que Juan Carlos I ha sido un excelente rey y un mal ciudadano». Y va más allá: «Hubiera sido mucho peor si no hubiera abdicado, porque ahora, y mientras no se demuestre lo contrario, el escándalo le debería afectar sólo a él». Gomá, «totalmente a favor de que se investigue y exijan responsabilidades», pone también el acento en el juicio público al que se somete a Felipe VI, de quien dice no está haciendo un mal papel en medio de tantas tormentas, «decidido a poner la institución por encima de su familia, como debe ser, aunque eso signifique quedarse solo y el desgarro interior que le hayan podido suponer algunas decisiones».

«La Corona, a diferencia de otras instituciones, se contagia de la personalidad de sus titulares. Lo ocurrido es grave, porque afecta a la reputación» José Antonio Zarzalejos | Periodista

Personas que tratan a la Familia Real coinciden en señalar que Felipe y Letizia están «muy preocupados», porque todos sus intentos para modernizar la imagen de la Monarquía no prosperan por los deslices del monarca emérito o de otros miembros de la familia. El gesto de Felipe VI de renunciar a la herencia da una idea de la carrera desesperada por marcar distancias con cualquier escándalo. Diego Carcedo, periodista que ha sido testigo de derrocamientos, golpes de estado e innumerables elecciones en el mundo, alerta de que estas cuestiones crean preocupación en la sociedad y la divide, «desazón entre los monárquicos y un estímulo para los que no lo son», pero no teme por la continuidad de la institución, «una de las más sólidas del mundo, capaz de aportar estabilidad y respeto democrático».

Tampoco José Antonio Zarzalejos, quien sí advierte sin embargo un grave problema de reputación. «La Corona es una institución que, a diferencia de otras, se contagia de la personalidad de sus titulares. Requiere de una legitimación de ejercicio, que es donde ha fallado Juan Carlos desde finales de los 90». El periodista ha sido de los más duros esta semana, llegando a pedir la marcha del Rey emérito a otro país «porque con su actuar ha perturbado la nitidez del sistema. Estorba». Por contra, Zarzalejos rompe una lanza en favor de Felipe VI, de quien alaba su espíritu integrador y recuerda los desafíos a los que se ha enfrentado. «Gobiernos en funciones, una moción de censura, ocho rondas consultivas, cuatro elecciones generales, las municipales y el ‘procés’ catalán… Ha hecho más en 5 años que su padre en 35. A este hombre le ha tocado cabalgar sobre un tigre».

Procedencia del dinero

Frente las voces que piden estos días en el Congreso cambios en la ley –Gabriel Rufián (ERC) reclamaba llegar hasta el fondo y conocer la procedencia del dinero, mientras Aitor Esteban (PNV) decía que «no es de recibo invocar la Constitución para impedir una comisión de investigación»-, el historiador Manu Montero considera bueno que se pueda reformar la Carta Magna, pero opina que «hacerlo por esto sería profundamente desestabilizador. Hay otras cuestiones que habría que anteponer como la cuestión territorial, un tanto caótica». Advierte también sobre la dificultad de hallar alternativas a la Monarquía. «El problema que tenemos desde la Guerra Civil es que muchos identifican la República con las izquierdas -o la bandera con ser de derechas-, como si fuera un régimen de parte, cuando basta con mirar a Alemania, Italia o Estados Unidos para comprobar que no es así».

Las herramientas para mantener al monarca libre de rendir cuentas también han sido objeto de debate esta semana. Para Juan José Solozábal, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid, la cuestión de la inviolabilidad del rey Juan Carlos -que le protege sólo hasta 2014, fecha de su abdicación- genera un debate partidista y carece de sentido hoy por hoy. «El Rey emérito goza en la actualidad solo de aforamiento y puede ser juzgado ante el Supremo. No veo necesario adoptar otras garantías como proceder a cambios constitucionales que correrían el riesgo de ser inviables o que desvirtuarían la institución y la dejarían sin sus ventajas funcionales».

«No volveremos a ver fotos de toda la familia junta»

Javier Gomá lo ilustra de la siguiente manera: «La Transición fue un momento irrepetible que permanece en el imaginario popular, pero a la admiración le siguen a menudo la rutinización y la prosa de la vida». Nóos, Botsuana, Corinna Larsen, el excomisario Villarejo tratando de obtener beneficio de la carroña real…

«Las señoras le habíamos perdonado a Juan Carlos el pecado de infidelidad hace ya años -apunta Pilar Eyre, también especializada en Casa Real y habitual de programas como ‘Sálvame’-. En este país, los asuntos de ese tipo no se penalizan. ‘Mira, un rey machote, fíjate qué éxito tiene, menudo Julio Iglesias’. Pero convertirse en un corrupto, eso ya es otra historia». La periodista y escritora afirma que Juan Carlos I «está absolutamente hundido, consciente de que el escándalo va a eclipsar toda su gran labor».

A su juicio, «Felipe y Letizia lo están haciendo bien. Es una pareja austera, no han incurrido en ningún caso de corrupción. De ahí todos esos gestos de apartarse, de desligarse del Rey emérito. Se acabaron aquellos veranos en Palma, ahora lo que toca es reducir al mínimo el contacto. Realmente pienso que no volveremos a ver fotos de esa familia junta nunca más».

También periodistas como Pilar Urbano recuerdan el papel de arma arrojadiza de estas cuestiones, «más en manos de opciones independentistas que arremeten contra el jefe de un Estado que no reconocen como propio». Pese a la falta de sondeos oficiales -el CIS dejó de preguntar por la Monarquía en 2015, cuando Felipe VI suspendió por primera vez al arrojar una nota de 4,3-, Urbano tampoco cree que la institución esté amenazada. «Felipe VI tiene ya cierta experiencia, acaba de cantarle las cuarenta a su padre y le ha puesto en su sitio, que es fuera de palacio. Dicho de otra forma, ‘Borbón’ y cuenta nueva».

La periodista, que aplaude la seriedad del actual monarca «y su renuncia a una fortuna que la revista Forbes calculó en 2018 que rondaba los 2.000 millones», echa en falta en él «la campechanía que tenía Juan Carlos y que le hacía parecer más próximo. Me alegro de que esta semana haya lanzado ese mensaje a la nación con motivo de la crisis, demostrando que se preocupa por lo nuestro».

«El Rey emérito puede ser juzgado, ya no goza de inviolabilidad. No veo necesario que se cambie la Constitución y desvirtuar así la institución» Juan José Solozabal | Catedrático de Derecho Constitucional

Carmen Remírez de Ganuza, autora de ‘Leonor, el futuro condicionado de la Monarquía’, afirma que «al contrario que su padre, muy popular por su papel en la Transición, Felipe VI se ha tenido que concentrar en defender la unidad del país en un momento de fuerte presencia de los soberanismos, lidiar con unas instituciones en crisis y tejer cortafuegos que le pongan a salvo de las equivocaciones de su familia. Mientras uno construyó su relato como rey de la Democracia, el otro lo ha hecho en torno a la idea de Estado. El caso es que se ha concentrado en su labor funcionarial y descuidado la conexión con el pueblo», explicaba la escritora horas antes de que el monarca enviara un mensaje a la nación -el segundo en cinco años- con motivo de la crisis del coronavirus. Sin duda, tiene tarea por delante.

Similar Posts

Leave a Reply