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Los atletas españoles, entre cintas, rodillos e incluso como aizcolaris

Hasta nueva orden, faltan apenas cuatro meses para que comiencen los Juegos Olímpicos de Tokio… Y los atletas españoles llevan más de una semana sin poder entrenarse con normalidad. Desde que el pasado 15 de marzo entrase en vigor el estado de alarma ningún deportista puede seguir el curso habitual de su preparación, ya sea en la pista o en el gimnasio, porque están cerrados. Tampoco en la calle pueden ejercitarse de cara a la gran cita de los últimos cuatro años, lógicamente: les toca, pues, innovar en casa.

Para la mayoría de los atletas, la cinta de correr se antoja indispensable para el entrenamiento casero. El problema es que muchos no pueden permitirse comprar una, y aunque algunos gimnasios se han ofrecido a prestarles material -por ejemplo, al mediofondista Ignacio Fontes y al cuatrocentista Bernat Erta, plusmarquista europeo sub20- no todos disponen de espacio suficiente en sus domicilios para montar una cinta.

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Hay otros que se ‘machacan’ en el rodillo, a falta de correr bueno es pedalear. Quien más quien menos, todos los atletas españoles tienen su propio gimnasio casero. La saltadora Ana Peleteiro posee unas instalaciones suficientemente espaciosas para trabajar la fuerza y la técnica, lo más parecido a su disciplina sin un foso sobre el que lanzarse al final del pasillo.

Echándole imaginación, algunos atletas hacen trabajo complementario a sus especialidades en la medida de sus posibilidades. El caso más sorprendente quizás sea el del jabalinista navarro Nico Quijera, que con el hacha en la mano se dedica a cortar troncos en su jardín al más puro estilo aizcolari. Lo que sea con tal de no perder la forma de cara a unos Juegos Olímpicos que en 2020 deberían tener los días contados.

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