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Respuestas para tiempos de incertidumbre

Son tiempos de incertidumbre. Necesitamos respuestas para un fenómeno que ha alterado nuestras vidas hasta un extremo impensable hace solo unas semanas. Del causante, un enemigo invisible, nos llegan a diario noticias de todo tipo. Esperanzadoras e inquietantes. Los científicos buscan las respuestas en los laboratorios; el resto, donde podemos. Este periódico ha pedido a dos expertos, la bioquímica Isabel Sola, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), y el microbiólogo Guillermo Quindós, de la Universidad del País Vasco, que nos saquen de dudas y nos aclaren algunas cosas, en medio de una sobreabundancia de noticias que a veces no son tales.

1. ¿Cuántos equipos científicos trabajan en una vacuna contra el SARS-CoV-2?

«Ya se han puesto en marcha ensayos clínicos en Estados Unidos y China. Y, además de centros de investigación, hay compañías farmacéuticas que están aplicando la tecnología para otras vacunas a este coronavirus», indica Isabel Sola desde el laboratorio de coronavirus del CNB-CSIC. El equipo español que ella dirige en Madrid, junto a Luis Enjuanes y Sonia Zúñiga, trabaja en colaboración con la Escuela Icahn de Medicina de Monte Sinaí (EE UU) en el diseño una vacuna, basándose en sus más de tres décadas de experiencia con coronavirus. «Vamos a aplicar a este nuevo coronavirus todo lo que hemos aprendido con el SARS-CoV de 2002 y MERS-CoV de 2012, porque cada virus tiene sus particularidades, pero tienen también elementos comunes».

2. ¿Cómo va la investigación sobre posibles tratamientos?

«Nosotros hemos colaborado con una empresa española, PharmaMar, que dispone de un antitumoral, Aplidin, que ya se emplea en el tratamiento clínico. Sabían que la proteína sobre la que actúa el fármaco también interviene en la infección de los coronavirus, y hemos hecho un ensayo preliminar con otro coronavirus humano -no el SARS-CoV-2- y visto ‘in vitro’ que es efectivo. Por nuestro trabajo previo con otros coronavirus humanos, disponemos también de candidatos de posibles antivirales que vamos a ensayar en cuanto tengamos el virus en el laboratorio. En el pasado, hemos comprobado que en ratones estos antivirales protegen frente a la infección al 80% de los individuos», explica la viróloga.

Hay muchos equipos en todo el mundo buscando remedios en el arsenal terapéutico ya existente. «De cara a frenar la expansión, en el Hospital Germans Trias de Barcelona van a tratar a 200 infectados con un antiviral que se usa contra el sida, Darunovir, y a la vez a 3.000 contactos con un fármaco contra la malaria, la hidroxicloroquina. El antiviral va a impedir que salgan los virus de la célula e invadan otras, mientras que el antipalúdico evita que el virus entre en la célula. Si funciona esta estrategia, el paciente será menos contagioso y sus contactos, menos proclives a infectarse -explica Quindós-. Además, Biocruces participa en un ensayo internacional de otro antiviral, Remdesivir, que se usó contra el ébola».

3. ¿Cuándo habrá un tratamiento específico o una vacuna?

«Antes de salir al mercado, un fármaco no solo tiene que demostrar su efectividad, sino también que es seguro», advierte Quindós. Pueden pasar meses y hasta años antes de que se disponga de un nuevo tratamiento específico contra el SARS-CoV-2. La esperanza inmediata está puesta en medicamentos que ya se usan contra otras enfermedades y superaron en su día las pruebas de seguridad, como los antes citados. De demostrarse su efectividad contra esta infección, podrían empezar a utilizarse pronto, ensemanas o meses. Es lo que los científicos llaman ‘uso compasivo’, emplear un fármaco autorizado para tratar una enfermedad en la lucha contra otra. Respecto a la vacuna -que también tiene que demostrar su efectividad y seguridad-, los expertos calculan que en el mejor de los casos podría estar disponible en doce o dieciocho meses.

4. ¿Ha mutado el virus desde que estalló el brote de Wuhan?

«Las mutaciones son muy frecuentes tanto en nuestras células como en los virus. En una población alta de viriones, como nosotros llamamos a las unidades de virus, es lógico que haya mutaciones continuamente. La mayoría no va a ningún lado. Para que una mutación se considere importante, tiene que dotar al virus de una mayor virulencia, resistencia a los fármacos…», explica el microbiólogo vasco. Esas constantes mutaciones permiten a los expertos establecer la historia natural del brote, de dónde procede el virus, cuándo saltó a los humanos, desde qué especie y qué camino ha recorrido. Así se ha localizado, por ejemplo, el origen de la actual pandemia de sida en Kinshasa, en la actual República Democrática de Congo, en los años 20 del siglo pasado.

5. ¿Hay dos cepas del virus, como afirman investigadores en un artículo científico?

«Yo no estoy de acuerdo con las conclusiones de ese artículo. En absoluto -dice Sola-. Y no soy la única. De hecho, se ha pedido su retirada porque las conclusiones no están justificadas por los datos. Ellos hablan de dos cepas que se diferencian en dos o tres nucleótidos, que son idénticas en el 99,9%. Con semejante grado de identidad, no se deben considerar cepas distintas. Pero es que, además, les concedían propiedades diferentes en cuanto a virulencia y transmisibilidad, algo que no se puede concluir de sus resultados». Quindós apunta que «en el laboratorio, puedes encontrar diferencias genéticas entre virus con el mismo nombre, pero hay una serie de patrones para hablar de diferentes cepas que no veo en ese artículo. Si comparas el virus del primer paciente de Wuhan con el último de Bilbao, seguramente habrá pocas diferencias».

6. ¿Puede el virus llegar a ser más virulento?

«Por lo que sabemos de otros coronavirus humanos, pueden pasar dos cosas: que se vuelva menos virulento, como los que provocan catarros -que es lo más probable-, o que se mantenga. Hasta ahora, no hemos visto ninguno que se vuelva más virulento», destaca el microbiólogo de la UPV. «En general, con el paso del tiempo, la tendencia suele ser a que se atenúe. Normalmente, es al principio de la epidemia, cuando el virus salta de especie, cuando se ve obligado a cambiar más. Después, cuando ya se ha adaptado al nuevo huésped, nosotros, no se ve forzado a cambiar. Si un virus es muy, muy virulento y elimina a las personas a las que infecta, su comportamiento está siendo suicida. Por eso, normalmente evoluciona para no acabar con el huésped; se atenúa y garantiza así su supervivencia», explica la viróloga, con veinticinco años de experiencia en el estudio de coronavirus.

7. ¿Se atenuará con la llegada del calor, como los virus de la gripe?

«Es muy probable que la menor humedad y la mayor radiación ultravioleta afecten al coronavirus en lo que respecta a su supervivencia en los espacios abiertos, y haya una caída de casos. Es lo que pasa con otros virus de transmisión respiratoria, como el de la gripe y los otros coronavirus humanos, que son estacionales», indica Quindós, para quien hoy en día la clave de la contención de la epidemia es «el distanciamiento social y el aislamiento de los enfermos y de los que hayan tenido un contacto estrecho con ellos».

8. ¿Este nuevo coronavirus ha venido para quedarse?

«Dentro de los coronavirus, tenemos dos escenarios: el de los que causan resfriados comunes, que vuelven cada invierno, y el del SARS -primo hermano de este virus-, que apareció en China en 2002, infectó a 8.000 personas, mató a 800 y desapareció en 2003 gracias a la contención. Ojalá consigamos que este desaparezca, pero no se puede excluir que acabe teniendo un comportamiento estacional», advierte la investigadora del CNB-CSIC.

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