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El paréntesis de Gedeón Guardiola para completar su colección

Aunque va para ocho años viviendo fuera de España, Gedeón Guardiola nunca ha roto con sus raíces. Siempre que regresan de vacaciones a casa, Paula –su mujer– y él se empapan del aroma a mar. Aspiran sin escatimar el oxígeno que sabe a salitre y son asiduos la lonja. «Compramos pescado casi a diario». El pivote de la selección española añora Petrer aunque Alemania les ha acogido con los brazos abiertos. «La forma de vivir es distinta, por las tardes no hay ya gente por la calle, pero hemos hecho amigos. Cuando venimos de visita, nuestros hijos (3 y 5 años) enseguida quieren volverse», relata. Ahora no sólo añora el Mediterráneo, del que le separan miles de kilómetros. Le duele más tener a sus pequeños y a su mujer al otro lado de la puerta sin poder abrazarlos.

“Lo llevo de la mejor manera posible. Estamos en cuarentena, yo solo en una habitación encerrado, y ella se tiene que ocupar de todo”, explica. “Los niños son pequeños y no entienden la situación. Sólo quieren arreglar y se las arregla para entretenerlos como puede: pintando, con la tele…”.

La situación de la que Gedeón Guardiola se desató cuando un número considerable de jugadores del Rhein-Neckar Löwen dieron positivo en coronavirus. “Desde el primero, nos pusieron a todos en cuarentena. Al día siguiente yo empecé a notar síntomas y el médico me hizo la prueba”, señala. De salud se encuentra bastante bien, pero cumple a rajatabla con lo de estar aislado. Oír a su familia sin poder mantener un contacto le duele más que la cabeza o ese malestar corporal que causa el virus.

A Gedeón Guardiola, integrante de la generación más exitosa de los Hispanos y ganador de dos Ligas y una Supercopa alemanas y una EHF, le queda por lograr un podio olímpico. “Una medalla en los Juegos es lo que nos falta a muchos y vamos a luchar para conseguirla como sea. Tenemos cuatro o cinco meses para prepararlos”, decía al día siguiente de ganar el Europeo en el que España, además, esquivó el torneo clasificatoria.

Ahora que nota en sus carnes el efecto del coronavirus, Gedeón Guardiola es consciente de que el deporte pasa a un lugar secundario. “No estoy entrenando. No puede bajar el sistema inmunológico porque entonces el virus sería más fuerte. A los positivos, los médicos nos han recomendado parar y cuando estemos mejor ya podremos empezar a hacer algo en casa”, detalla: “Esto no tiene una fecha límite. Nadie sabe con certeza cuándo acabará todo. No creo que estemos en igualdad de condiciones de cara a una competición tan importante para todo deportista. Los Juegos deberían aplazarse”.

Expresa su opinión sin titubeos, a pesar de que eso trastocaría sus planes, al menos, un año. Camino de los 34, el alicantino deshojaba la margarita. La decisión no estaba tomada, pero en un 60-40 se decantaba por zanjar su etapa en los Hispanos después de Tokio. “La selección te exige un punto más de esfuerzo, de dejar a la familia… lo tengo que hablar también con Jordi (Ribera, el seleccionador). Hay que planteárselo a corto plazo. Aunque no hemos decidido nada, igual hay que dejar paso a los jóvenes”, señalaba tras el Europeo.

El balonmano, sin embargo, forma parte de su vida. Como el aroma al Mediterráneo junto al cual regresará cuando complete definitivamente una excelsa carrera deportiva en Alemania. “Espero que aún me quede alguna medalla por recoger”, reconoce. Toca vencer al maldito virus pero después, compartirá de nuevo vestuario con su gemelo, Isaías, en su nuevo club, el Lemgo. Y los Juegos, en 2020 o 2021, para completar su exitosa colección.

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