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Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 9)

UN LIBRO: Hannah Arendt. Una biografía, de Elisabeth Young-Bruehl

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 9)

“Es posible que quienes hayan reflexionado sobre el significado de la palabra casa puedan hacer las suyas un poco mejores”, escribió Hannah Arendt (1906-1975). Ella tardó en tener una que pudiera llamar propia desde que dejó la de su madre en Königsberg. Tal vez la única merecedora de tal nombre fuera su apartamento neoyorquino de Riverside Drive, es decir, su hogar en el exilio. “La historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos: la de los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos”. Esto lo escribió en el ensayo ‘Nosotros, los refugiados’ para hablar de una condición, la de apátrida, que fue central en la vida de la autora de Los orígenes del totalitarismo y, por supuesto, lo es en la gran biografía que le dedicó su alumna Elisabeth Young-Bruehl, reeditada ahora que la filósofa alemana vive todo un revival.

La obra de Young-Bruehl no solo es el mejor acercamiento a una figura poliédrica, también es una obra maestra del género biográfico. En ella se relatan con pulso de gran narradora sus amores con Heidegger, su amistad con Jaspers, sus días en la Francia de la preguerra, la difícil huida a América o el famoso juicio a Eichmann en Jerusalén. También se repasan, con todo el rigor, sus teorías sobre el mal absoluto y la banalidad del mal, la revolución y la desobediencia civil. Uno de los momentos clave de su existencia -pensó en suicidarse- tuvo lugar durante su confinamiento en el campo de internamiento de Gurs en 1940. Allí insistió a sus compañeras de barracón para que mantuvieran el mejor aspecto posible a fin de evitar sentir lástima de sí mismas. Ella consiguió huir. No supieron dónde buscarla. Había leído en una novela de Simenon que la policía francesa no era de fiar y desobedeció la orden de que todos los judíos se registraran en la prefectura más próxima. Así salvó la vida. Javier Rodríguez Marcos

Hannah Arendt. Una biografía, de Elisabeth Young-Bruehl. Traducción de Manuel Lloris. Paidós. Está disponible en formato impreso y electrónico en Todos tus libros, Fnac o Amazon.

UN DISCO: San Patricio, de The Chieftains y Ry Cooder

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 9)

El muy reciente 17 de marzo, festividad de San Patricio, quienes tienen alma irlandesa (o simplemente paladar) tuvieron que apretarse las pintas cerveceras en el obligado recogimiento que impone ese virus con nombre de antidepresivo. Aún a tiempo para el festejo les propongo la cumbre sonora que en 2010 protagonizaron The Chieftains, el veterano grupo irlandés de Paddy Moloney y el siempre fronterizo e indagador norteamericano Ry Cooder: el disco San Patricio. Aclaremos que el álbum no celebra estrictamente el día del patrón de la república de Irlanda, sino que rinde tributo al Batallón de San Patricio o lo que es lo mismo: un grupo de soldados de origen irlandés que desertaron del ejército de los Estados Unidos para unirse al de México durante la guerra que ambos países sostuvieron por la independencia de Texas (1846-1848).

Y si en la batalla aunaron fuerzas irlandeses y mexicanos, en la paz también se enredan, y bien, las músicas populares de unos y de otros. Sí, ya sé que ambas parecen alejadas, pero se sorprenderán de cómo encajan. A fin de cuentas comparten instrumentos como el violín y el arpa. Y para mayor abundancia, un gozoso plantel de artistas se unió al festín. Todo, para mayor gloria de un repertorio híbrido en el que priman los títulos latinos. Así, una poderosa Lila Downs brilla con ‘La Iguana’ y ‘El relámpago’; una nonagenaria pero emocionante Chavela Vargas ilumina con ‘Luz de luna’; Los Tigres del Norte reformulan ‘Canción mixteca’ (¿recuerdan Paris-Texas?); Linda Ronstadt canta ‘A la orilla de un palmar’… También están la singular formación Los Folcloristas, La Negra Gracia y el actor Liam Neeson (recita ‘Cruzando el río Grande’, un texto del novelista y compositor Brendan Graham). Bailen, porque, como cantaban Los Van Van, aquí el que baila gana. E imiten a irlandeses y mexicanos en la guerra que ahora nos ocupa, ¡carajo! Javier Losilla

San Patricio. The Chieftains y Ry Cooder. Blackrock Records, 2010. El álbum está disponible en Spotify.

UNA PELÍCULA: Zombies Party (Una noche… de muerte), de Edgar Wright

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En 2004 Edgar Wright era un director de cine con una sola película, muchísimos episodios de televisión a sus espaldas y un puñado de cortos. En 2004 Simon Pegg y Nick Frost, amigos íntimos, habían logrado cierta fama como cómicos televisivos y de stand up. El trío se había conocido en la serie Spaced, y solo esperaba su oportunidad. Y esa llegó con Zombies Party (Una noche… de muerte), una comedia romántica que abre una semana de filmes de supervivientes. Porque el protagonista, Shaun, cliente fijo del pub de su barrio y amigo de sus amigos, decide de buena mañana arreglar su vida: mejorar la relación con su madre y reconciliarse con su novia, que le ha dejado harta de su dejadez vital. Por desgracia, cuando por primera vez encarrila su existencia y sale a la calle a por todas… En ese momento llega una invasión zombie. Jugarretas de los dioses, que podría estarle pasando a muchos y muchas en estos días de enclaustramiento perfectos para los arrumacos internáuticos y los divorcios.

Wright es un eminente cineasta pop –Zombies Party es un festival de referencias– aunque este trabajo, y de ahí su genialidad, es mucho más que una película de terror. A Shaun no le parará la marabunta zombi porque tiene claro su objetivo. Esta primera entrega –la mejor– de la trilogía Cornetto, que completan Arma fatal (2007) y Bienvenidos al fin del mundo (2013), ejemplifica el uso del mcguffin, los muertos vivientes, para reflexionar sobre la motivación como motor de la supervivencia. Entre risa y risa, verdades. Gregorio Belinchón

Zombies Party (Una noche… de muerte). Edgar Wright, 2004. La película está disponible en Netflix.

UNA SERIE: Derry Girls

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Lisa McGee una adolescente en la Irlanda del Norte de los años noventa. Quería ser escritora, pero tenía claro que nunca escribiría sobre el conflicto político, social y religioso que entonces vivía su país. Todas las representaciones que se hacían sobre ese momento eran grises, masculinas y sin pizca de humor, en palabras de McGee. Años más tarde se planteó que quizá sí que podría escribir sobre aquel pasado que conocía tan bien y hacerlo desde la cara B, la que ella vivió: lo extraño que fue crecer en un momento como ese.

El resultado es Derry Girls, una comedia luminosa, muy, muy divertida, que se desarrolla en un periodo oscuro y triste. Mientras que en la calle ponen bombas y las noticias hablan de atentados y de un enfrentamiento que parece no tener fin, la vida de un grupo de chicas de 16 años sigue su curso, con las preocupaciones de cualquier adolescente, obsesionadas con los chicos o con cómo llegar a tiempo a un concierto de Take That. Aunque, afortunadamente, a algunos les pueda pillar lejos el conflicto de fondo, lo que sí que conecta con todo el mundo es esa energía juvenil de sus protagonistas o el cinismo extremo de la hermana Michael, una de sus profesoras y uno de los mejores personajes de la serie.

Derry Girls decide que la vida es demasiado corta para llenarla de lágrimas y de preocupaciones. Un humor salvaje hace frente a la adversidad con una selección musical que transporta automática a los noventa. Es una delicia escaparse al mundo alocado de las chicas de Derry, dejarse llenar del optimismo radical de esta comedia y recordar que los malos tiempos también se pueden mirar desde otro ángulo. Natalia Marcos

Derry Girls. Lisa McGee , 2017. Las dos temporadas de la serie están disponibles en Netflix.

UN CÓMIC: The Eyes, de Javi de Castro

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Decía Scott McCloud que la irrupción de internet aportaba nuevos e insospechados recursos para la narrativa gráfica, incluso con la posibilidad de generar nuevos lenguajes completamente distintos. Superado el espacio limitado de la página de papel, el lienzo infinito virtual puede ser el ejemplo más recurrente, con nuevas opciones de lectura, en todas las direcciones, que crean no solo nuevos recursos, también nuevas narrativas, nuevas historias. Hibridaciones que van de la inclusión de animaciones a la del sonido, creando obras que pueden tensar al máximo lo que entendemos por historieta, ampliando sus registros o, simplemente, creando nuevos artes, nuevas formas de contar historias.

Un buen ejemplo de cómo se pueden exprimir estas nuevas opciones es el webcómic The eyes, de Javi de Castro. Una obra que podría tener como referente más obvio las reflexiones de Black Mirror, pero que va un paso más allá: lo que en la serie inglesa es una vuelta de tuerca especializada del clásico The Twilight Zone, en este webcómic es un recorrido por la mirada, desde el homenaje a la fantasía desatada de la cultura popular. Las cinco historias que componen esta obra digital tiene un hilo conductor evidente en la visión humana, en ese sentido sobre el que descansamos casi totalmente la representación de nuestro entorno, pero las referencia a Stephen King, Ray Bradbury, William Gibson o H.G. Wells permiten una sugerente reflexión sobre la construcción de nuestra realidad. ¿Podemos fiarnos de lo que vemos? ¿Hasta qué punto nuestro alrededor es un simple constructo de aquello que nuestro cerebro interpreta de las señales electroquímicas que llegan de nuestras retinas? ¿Vivimos en un inmenso Matrix creado por nuestro cerebro? Preguntas que, como la buena ciencia-ficción, quedan abiertas para lectoras y lectoras que nunca volverán a mirar a su alrededor de la misma forma. Álvaro Pons

The Eyes. En inglés y en español en la página web www.javidecastro.com/theeyes.


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UN VIDEOJUEGO: The legend of Zelda: Breath of the Wild

En tiempos de confinamiento, qué mejor que un mundo virtual por el que poder pasear. Y pocos mundos hay tan grandiosos, coloridos, amables, disfrutables, e inteligentemente bien diseñados como el Hyrule de la última entrega de la saga de The legend of Zelda, el Breath of the Wild que llegó en 2017 para convertirse, si no en el mejor videojuego de la historia, en algo muy similar. El juego de Nintendo Switch supuso un giro radical en la saga de Zelda, una de las más consolidadas de la historia y, aunque el argumento clásico y el triángulo formado por Link, Zelda y Ganon seguía ahí, el juego nos regalaba un mapa de mundo abierto para explorar —y completar— a nuestro antojo. Un diseño artístico que roza lo subleme y cientos de templos llenos de puzles constituían un marco perfecto para que el juego desplegara su mejor arma, que no es la Espada Maestra sino el sense of wonder que sentía el jugador inmerso en la mayor aventura del mundo de los videojuegos. Jorge Morla

The legend of Zelda: Breath of the Wild. Nintendo y Monolith Soft. Hidemaro Fujibayashi, 2017. El juego está disponible para Nintendo Switch.

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