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Objetivo Tokio 2021

El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, junto a Thomas Bach en una foto de 2018. KAZUHIRO NOGI (AFP)El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, junto a Thomas Bach en una foto de 2018. KAZUHIRO NOGI (AFP)

Australia y Canadá, dos pesos pesados del movimiento olímpico, han tocado la corneta y a su reclamo varios países más –Reino Unido, Noruega, Polonia—han unido su fuerza para arrancar de las manos del titubeante Thomas Bach el timón del Comité Olímpico Internacional (COI) con un solo objetivo, que los Juegos Olímpicos de 2020, que deberían comenzar el 24 de julio próximo, se retrasen un año.

Tokio 2020, según su plan, debe pasar ya a ser Tokio 2021. Pocos dudan del éxito de su movimiento. Parece ya imposible el tímido aplazamiento de solo un par de meses que barajaba como mejor opción Bach ya que, aunque supusiera afrontar la incertidumbre del futuro comportamiento de la pandemia, posibles tifones y la oposición de otros deportes, supondría el menor perjuicio económico y logístico. Tendrán que esperar un año más los deportistas y los miles compradores de los pisos de la Villa Olímpica que alojarán a los deportistas a los que se les había prometido que tendrían las llaves el 7 de septiembre, al día siguiente de clausurarse unos Juegos Paralímpicos que también deberían aplazarse.

El Gobierno japonés, por boca de su primer ministro, Shinzo Abe, se ha sumado al espíritu del comunicado olímpico anunciando por primera vez que “un aplazamiento puede ser inevitable”. “En las condiciones actuales no se podrían celebrar”, dijo Abe. De momento, los organizadores de los relevos de la antorcha olímpica, que el domingo aterrizó en Japón, han decidido reducir los festejos de acompañamiento a la llama cuyo destino es tan brumoso. “Y la pandemia está acelerando. Ya hay 300.000 casos registrados y en casi todos los países del mundo”, advirtieron este lunes desde la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Tokio tundra que tomar una decisión muy pronto”. Dijo el doctor Mike Ryan, responsable del programa de emergencias de la OMS. “Estamos seguros que ni el COI ni el Gobierno de Japón seguirían adelante con los Juegos si supusieran un peligro para los deportistas y los espectadores”.

El Comité Olímpico Australiano anunció que había comunicado a sus deportistas que se prepararan para unos Juegos en 2021 ya que no había posibilidad de formar un equipo para 2020. El comité canadiense había abierto el fuego unas horas antes anunciando que dada la pandemia de coronavirus había decidido no enviar su equipo a Tokio a menos que los Juegos se retrasaran un año. El presidente canadiense, Justin Trudeau, inmediatamente aplaudió tanto la decisión como la posición de liderazgo que había asumido su país para lograr retrasar los Juegos. “Espero que otros países nos sigan y logremos frenar Tokio 2020”, dijo Trudeau. Inmediatamente, el comité olímpico Noruego se sumó al boicot.

Otro gran poder en el tablero de la política deportiva, la federación internacional de atletismo (WA), el deporte rey en los Juegos, le ha dado su apoyo al Objetivo Tokio 2021 anunciando por boca de su presidente, Sebastian Coe, que si el gran obstáculo para retrasar un año los Juegos es el Mundial de atletismo previsto para 2021 en Oregón por él no hay problema en retrasarlo a 2022, y que incluso ya se lo ha comentado a los organizadores. Coe sabe de lo que habla ya que fue presidente del comité organizador de los Juegos de Londres 2012 y es un eterno aspirante a presidir el COI.

Pese al aumento de la presión, el COI no se ha movido ni una coma del comunicado del domingo en el que anunciaba que se abría a un aplazamiento y que se concedía un plazo de cuatro semanas para decidirlo. Está previsto que en los Juegos participen 11.000 deportistas de 206 países.

“Bach ha perdido el liderazgo en los momentos en que más se le esperaba”, reflexionan fuentes conocedoras de la situación. “Ha dejado que otros tomen las decisiones más difíciles y a él le tocará seguirlas”. El presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, recuerda, por su parte, que el COE fue precisamente el primero que alertó a Bach de la imposibilidad de hacer unos Juegos en los que no hubiera “igualdad de condiciones para todos los deportistas de todos los países”. “Ahora, lo único que espero, es que el COI no dilate mucho su decisión de aplazarlos y de fijar nuevas fechas”, dice Blanco. “Cuatro semanas son excesivas”.

Para los entendidos de la política de tablero de ajedrez del COI, Australia, Canadá y la WA son la punta de lanza del siempre ambicioso poder deportivo anglosajón, al que puso freno Bach, que eligió como vicepresidentes de confianza al turco Ugur Erdener y al español Juan Antonio Samaranch hijo. Para nadie es casual que fueran dos históricos del COI como el canadiense Dick Pound y el australiano John Coates, cardenales con múltiples contactos y capacidad de decisión en todos los estamentos del mundillo, como el propio COI, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), los primeros que expresaran, hace un mes, la posibilidad de que el coronavirus fuera más poderoso que el transatlántico de los Juegos.

Mientras el goteo de comités olímpicos nacionales que piden un aplazamiento aun sin amenazar con no participar continúa, incesante, el único apoyo seguro que le ha llegado públicamente a Bach proviene del elemento más dudoso, el Comité Olímpico Ruso (ROC), cuya participación en los Juegos depende de una decisión del TAS sobre su sanción por dopaje que también parece imposible que se pueda alcanzar en estos meses. “No podemos dejarnos llevar por el pánico”, dijo el ROC en un comunicado. “Son inaceptables los intentos de presionar a los organismos que deben tomar la decisión y organizar responsablemente los Juegos”.

Que uno de esos organismos “responsables” sea el COI de Bach es lo que en estos momentos duda la gran mayoría del mundo del deporte.

Los 51 años de García Bragado

Una de las razones contra un aplazamiento excesivo más repetidas era la de que para algunos deportistas, un año más de espera sería demasiado. Ello ni ha afectado al ánimo de la mayoría de asociaciones de deportistas del mundo, que han antepuesto la salud global a sus propias ambiciones ni tampoco a algunos de los supuestos perjudicados, como los veteranísimos españoles Jesús Ángel García Bragado y Alejandro Valverde.

“Voy a aprovechar para repararme bien la biela. Estoy como los generales de Alejandro Magno, con cicatrices por todo el cuerpo”, dice Jesús Ángel García Bragado, a quien el retraso a 2021 le obligaría a esperar a cumplir los 51 años, y casi los 52, para alcanzar su objetivo de participar en sus octavos Juegos Olímpicos, un récord mundial. Por la biela se entiende la cadera del marchador de 50 kilómetros que debutó olímpicamente en Barcelona 92, a los 22 años. “La tenía con imperdibles y voy a valorar un implante nuevo con el doctor Ribas”, explica el deportista madrileño. “Son las heridas de la guerra del Mundial de Doha… Hasta ahora íbamos trampeando con infiltraciones de ácido hialurónico y factores de crecimiento”.

Otro de los grandes veteranos del deporte español, Alejandro Valverde, que no para de entrenarse con rodillo en su casa a las afueras de Murcia, tampoco parece muy afectado anímicamente por un eventual aplazamiento que le obligaría a retrasar hasta los 41 años su objetivo de no retirarse del ciclismo sin haber sido campeón olímpico. “A Alejandro le da lo mismo”, asegura Eusebio Unzue, el director y portavoz accidental del campeón del mundo de 2018. “Un aplazamiento, sea a 2021 o a 2022 no va a cambiar su forma de pensar. Al contrario, un año más es otra razón para pelear por él”.

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