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África pasa la barrera de los 1.500 positivos y se extiende ya por 43 países

Rokhaya Diao Epse Gueye, experta senegalesa en electrificación rural, recibió una invitación para participar como conferenciante en un acto previsto en Casa África el pasado 13 de marzo. Su intención era viajar ese mismo día desde Dakar a Gran Canaria, armada con una presentación sobre la integración de la perspectiva de género en su especialidad. Hasta que el coronavirus se cruzó en su camino. El gobierno de Senegal decidió apostar por la prudencia y ordenó restringir los desplazamientos fuera del país a mínimos. Senegal fue el segundo país subsahariano en registrar un positivo en coronavirus tras Nigeria. Se trataba de un francés llegado a Dakar el 2 de marzo, tras unas vacaciones en Nimes, que se trajo el virus consigo.

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La situación de Gueye no es una excepción. A principios de marzo y antes de que se declarara el estado de alarma en territorio español, Casa África ya había pospuesto todas las actividades del mes por la misma razón: la inquietud de los invitados africanos y su renuencia a trasladarse hasta Europa. El Vis a Vis, uno de sus programas fundamentales de diplomacia cultural, previsto para principios de abril en Nairobi, se pospuso de mutuo acuerdo con el gobierno keniano visto el empeoramiento de la situación en España. Casi enseguida, el 13 de marzo, Kenia prohibió todos los eventos multitudinarios, a raíz del primer caso en su suelo. 

La epidemia se ha colado tarde en el continente africano y parece que lo ha hecho, a tenor de los primeros casos, a través de viajeros europeos o africanos que arribaron desde países afectados en el Norte. Nigeria fue el primer territorio de África subsahariana en sumarse a la lista global de lugares tocados por la infección vírica, el 28 de febrero, de la mano de un italiano que aterrizó en Lagos procedente de Milán. Poco a poco, el resto de sus vecinos se ha ido sumando, siendo Mozambique el último en unirse el domingo, justo antes de Uganda, el sábado (con un positivo local procedente de Dubai).

La semana anterior fueron Angola y Eritrea; mientras que Mauricio y República Democrática del Congo (RDC) anunciaban sus primeras muertes por la enfermedad en esos días. En el caso de RDC, se trata de Didier Bandoubola, director de gabinete adjunto de la ministra de Economía y hermano además de la ministra Acacia Bandoubola, que también ha dado positivo en coronavirus. Bandoubola contrajo la enfermedad en Francia, de donde había regresado a Kinshasa el 10 de marzo. Con él, ya van 52 muertes en África subsahariana. Y 169 personas curadas en el continente.

Cifras  y medidas… aproximadas

Como sucede en el resto del planeta, los números en lo que se refiere a países y enfermos bailan constantemente en África, haciendo imposible armarse con datos ajustados a la realidad del momento. José Naranjo escribía la semana pasada que el continente contaba 372 casos declarados en 30 países según la información disponible el pasado lunes. A día de hoy, justo una semana después, el número de enfermos asciende a más de 1.654. También hoy, Sudáfrica superó a Egipto como país con mayor número de casos en el continente: 402 positivos.

Una enfermedad clasista

Manu Dibango.Manu Dibango. SIA KAMBOU

Ángeles Jurado

Entre las celebridades africanas víctimas del coronavirus figuran una leyenda del soukouss, Aurlus Mabélé, fallecido en París a los 67 años, y su colega el octogenario Manu Dibango, que tras ser hospitalizado también en Francia, regresó a su hogar a recuperarse, sin éxito (**). El periodista francocamerunés Théophile Kouamouo ha elaborado una lista de afectados en la que también figuran futbolistas, como el angoleño Blaise Matuidi, o afrodescendientes, como el actor británico Idris Elba. El mundo del deporte se trufa con casos de coronavirus a escala global y los deportistas africanos de élite no son una excepción. El primer fallecido en Zimbabue representa un caso especial: Zororo Makamba, de 30 años, famoso presentador de television (**).

Lo cierto es que parte de las élites africanas, acostumbradas a viajar, estudiar y curarse en Europa y Estados Unidos, están entre las más golpeadas por el virús. Han regresado al continente huyendo de la pandemia para propagarla, en algunos casos, por él. Las redes sociales africanas hierven de comentarios sobre “las familias de ministros que vuelven al terruño para escapar a las cuarentenas francesas, belgas o italianas” y sobre altos funcionarios y responsables de gobierno que ahora deberán mejorar la Sanidad de sus propios países para poder sanarse en condiciones. Mientras y ante el temor de tener que utilizar esos sistemas sanitarios mayoritariamente frágiles, los expatriados europeos que, supuestamente, fueron los primeros transmisores de la enfermedad en el continente africano están haciendo el camino inverso, repatriados por sus gobiernos.

Lo sucedido con un vuelo procedente de París y que aterrizó en el aeropuerto de Abiyán el miércoles pasado muestra el sesgo clasista de la enfermedad. Siguiendo las instrucciones del gobierno de poner en cuarentena a los pasajeros procedentes de países de riesgo, la clase turista en bloque fue confinada en el Instituto Nacional de la Juventud y de los Deportes (INJS por sus siglas en francés), requisado por el Consejo Nacional de Seguridad para la ocasión. En el mismo vuelo, pero en clase business, llegaron el futbolista Max Gradel, el antiguo presidente de la Federación de Fútbol de Costa de Marfil, Jacques Anouma, y familiares del ministro Alain-Richard Donwahi, el exministro Adama Bictogo y el músico Asalfo, a los que se envió directamente a sus domicilios sin pasar por el INSJ.

El Gobierno apeló a su responsabilidad para cumplir la cuarentena en casa sin poner en pie las medidas necesarias para un seguimiento y así desató la ira entre los pasajeros confinados, la sociedad en general y las redes sociales. Quizás debido a la presión popular, Gradel regresó luego al INSJ para confinarse. Dentro le esperaban un colega, Kader Keita, y el popular cantante Ariel Shenney, que prefirieron cumplir la cuarentena desde el primer momento. Shenney aseguró que quería dar ejemplo. “El coronavirus es serio”, afirmó.

El presidente Cyril Ramaphosa anunció el confinamiento de la población a partir de este jueves, dando algo de tiempo a sus compatriotas para aprovisionarse. A Sudáfrica le siguen Egipto, con 327 casos y Argelia, con 201. Ya son 43 los países de África afectados por el coronavirus que se las ha arreglado para infiltrarse la semana pasada en el remoto Yibuti, en Chad, Gambia, Níger, Somalia y Zimbabue. En el primer caso, el positivo fue un militar español al que se repatrió con sus 22 compañeros.

Las previsiones para este continente. que lleva colgado el sambenito de mortal y terrible en los medios globales y donde la República Democrática del Congo acaba de anunciar que se ha librado del ébola, indicaban que la epidemia se extendería rápidamente y provocaría una hecatombe. Conforme pasaban los días sin que tal cosa se produjera, algunos expertos occidentales se asombraban porque no se cumplieran sus pronósticos y el virus evitara tierra africana. Así, para explicar la actual “indulgencia” de la pandemia en África, se han manejado hipótesis sobre los factores que podían mantener las infecciones a raya, como el calor, la juventud de la población, su relativo aislamiento en el mapa global de los intercambios de mercancías y de personas o la presencia de virus como el ébola.

El epidemiólogo Mathias Altmann, de la Universidad de Burdeos, precisó en la cadena France 24 que aunque se den carencias materiales y humanas para enfrentarse al coronavirus en África, “ya existe una preparación en este continente que ha tenido su cuota de epidemias y cuyos países tienen una enorme cantidad de conocimientos sobre el terreno, en particular en África Occidental”. 

Hay diferencias en recursos, situación y actitud ante el coronavirus también en África. Mientras Togo dispone de apenas cuatro camas para atender la pandemia (y 16 casos declarados el sábado), Kenia había puesto en marcha un centro de cuarentena con capacidad para 120 personas y dos centros para hacer la prueba en Nairobi antes de que llegara. El aeropuerto internacional Jomo Kenyatta contaba ya entonces con un despliegue de 1.000 sanitarios para supervisar la salud de los pasajeros. Nigeria, capaz de controlar el ébola en 2014 de manera ejemplar, aplica los protocolos de aquel momento para localizar contagios y ponerlos en cuarentena. Guía su acción la experiencia del Centro Nacional de Control de Epidemias, también implicado en la lucha contra un brote de fiebre de Lassa en estos días. De momento, se habla de “solo” 35 casos en un país con una población de casi 200 millones de habitantes y hogar de una megalópolis como Lagos, que acoge a 23 millones de vecinos en su perímetro.

Senegal ha hecho público que un laboratorio en Dakar trabaja en estos momentos en un kit que permite diagnosticar la enfermedad en diez minutos.

País por país

La evolución de las medidas y los contagios empieza a coger carrerilla en este momento, aunque la mayoría de los países no han decretado el estado de urgencia. El aislamiento total del territorio, que no de las personas, se está convirtiendo en tendencia en el continente.

En Burkina Faso, la enfermedad está evolucionando más rápidamente, desbordando a población y autoridades. El presidente Roch Kaboré decretó el sábado el toque de queda y el cierre de fronteras con 64 casos confirmados, entre los que figuraban cuatro ministros: Oumarou Idani (Minas), Alpha Barry (Asuntos Exteriores), Stanislas Ouaro (Educación) y Siméon Sawadogo (Administración Territorial). Este fin de semana se confirmó también el contagio del embajador de Estados Unidos en el país.

El primer positivo en Burkina fue la vicepresidenta del Parlamento, la diputada Rose Marie Compaoré-Konditambé, que se convirtió, el 18 de marzo, en la primera persona fallecida por esta enfermedad en África subsahariana. Diabética y con casi 62 años, el caso de Compaoré nos recuerda que en África hay muchas personas de todas las edades con problemas de salud crónicos, aquejadas de hipertensión, enfermedades inmunodepresivas o diabetes y que son especialmente vulnerables a la hora de enfrentarse a la enfermedad.

No en vano, las redes sociales africanas bromeaban con la opinión de un experto en France 24, que venía a justificar la baja tasa de enfermos de coronavirus en África diciendo que el virus competía con múltiples agentes patógenos que quieren matar a su huésped. Ayer, Burkina acumulaba 99 positivos.

Siguiendo el ejemplo burkinés, Senegal y Costa de Marfil decretaron el lunes 23 de marzo, el toque de queda. José Naranjo tuiteaba anoche que Macky Sall había declarado el estado de emergencia y el toque de queda inmediato, así como el confinamiento obligatorio de todos los contactos de contagiados, unas 1.500 personas. El país contabiliza 79 casos confirmados en este momento. Costa de Marfil, por su parte, decretó el toque de queda para mañana, martes 24, tras cerrar ayer puertos, aeropuertos y pasos fronterizos terrestres.

Economía

Ángeles Jurado

Expertos del Instituto de Estudios de Seguridad pronosticaban a principios de mes que la caída de la demanda de materias primas africanas en China, provocada por el brote de coronavirus que ha ralentizado al supergigante asiático, debilitaría las economías africanas. Además, las dificultades para cobrar mpuestos y la trascendencia de la economía informal, que se desarrolla en gran parte en la calle y es la que ocupa a la mayor parte de la gente, fragilizan el sistema social y sanitario de la mayoría de los países africanos. Las pérdidas de trabajos en todos los sectores, la dificultad para poder ejercer el teletrabajo y el peso de las facturas que no se condonan serán dificultades añadidas para sociedades castigadas por el empleo precario y el desempleo.

El texto preveía un duro impacto en el sector de la minería y mencionaba el hierro sudafricano, el cobre zambiano y la industria petrolera en Nigeria, Angola y Ghana. Esta previsión era especialmente sombría en sectores como aviación, turismo y hostelería. El turismo de conferencias y congresos ha sufrido un impacto notorio por la cancelación de eventos, especialmente en Sudáfrica, Mauricio, Madagascar, Kenia, Tanzania y las Seychelles, que además dependen en gran medida del turismo. Un ejemplo de la tendencia es que Naciones Unidas cancelara la multitudinaria Semana del Clima en Uganda.

Vista las dificultades presupuestarias crónicas y la fragilidad de los sistemas de salud de numerosos países africanos, el Fondo Monetario Internacional anunció la movilización de 43.000 millones de euros para luchar contra el coronavirus, destinados a países emergentes y con bajos ingresos y de los que 10.000 millones de euros no cargarán intereses. El Banco Mundial, por su parte, anunció que desbloqueaba 12.000 millones de dólares para ayudar a los países menos desarrollados a luchar contra la pandemia.

El presidente del país, Alassane Ouattara, compareció en la televisión pública nacional para anunciar medidas como dicho toque de queda y la inversión de 95.000 millones de francos CFA (145 millones de euros) para luchar contra la epidemia, además de hacer un llamamiento a la responsabilidad de la población. Con 25 casos hasta ese momento, Costa de Marfil llegó a igualar a ratos a Nigeria, un territorio que acoge a ocho veces su población. De momento, el país no ha sufrido ninguna muerte.

La actitud de las autoridades marfileñas frente al coronavirus ha sido un tanto ambivalente hasta hoy mismo. El primer caso se conoció el 11 de marzo, pero Abiyán celebró su Mercado de las Artes y el Espectáculo (MASA) esa misma semana, desplegando actuaciones y reuniones de 82 artistas llegados de una veintena de países africanos y de Europa, además de decenas de actividades masivas. Más precavidos que los artistas y el Gobierno fueron los empresarios y el grupo Jeune Afrique, que había previsto la celebración del Africa CEO Forum en Abiyán los dos días anteriores al MASA. Esta iniciativa, que reúne una media de unos 2.000 empresarios, inversores, economistas y políticos, se canceló el 5 de marzo ante la evolución de la pandemia y sin casos aún entonces en territorio marfileño. 

Aunque se prohibieron las reuniones de más de 50 personas y se cerraron discotecas, cines y espacios culturales, los populares maquis (bares) y los restaurantes funcionaron normalmente hasta hoy, al tiempo que efectivos de la policía se desplazaban entre los parroquianos, armados con mascarillas y con metros de madera para distanciarlos. El Ministerio de Turismo y Ocio marfileño ordenó el cierre de estos locales este 23 de marzo por la falta de civismo y respeto a las normas establecidas. Se han cerrado además mezquitas e iglesias, instituciones educativas y se han prohibido las visitas a los presos, en un contexto en que persiste el rumor (ya desmentido por las autoridades penitenciarias) de que hay dos personas contagiadas en la MACA, el principal correccional en Abiyán. Sin embargo, se celebran misas, rezos colectivos y cultos en algunos locales y los mercados siguen abiertos. Entre otras medidas, se sitúa la prohibición de comer carne de animales salvajes.

El cantante del popular grupo Magic System, Asalfo, anunció la semana pasada la cancelación de su propio festival musical, el Femua, un día después de que el coronavirus llegara al país. Femua prometía actuaciones de 21 artistas de trece países el próximo mes de abril en Abiyán. “No queríamos crear un foco de contaminación”, precisó el músico, el viernes, en una entrevista en la que justificó esta decisión.

Polémicas sobre cuarentenas

La imprecisión de la cuarentena de los viajeros procedentes de zonas de riesgo que se decretó en Costa de Marfil se ha puesto de relieve con varios casos. El periodista marfileño André Silver Konan informó que un grupo de 61 viajeros chinos, llegados de Etiopía al aeropuerto abiyanés la semana pasada, se saltó la estricta orden de cuarentena impuesta por el gobierno marfileño, cuando las autoridades les dejaron pasar a través de las aduanas.

El ministro de Sanidad, Eugène Aka Aouelé, justificó la exención de confinamiento en este caso con el argumento de que se trataba de personas que “residían y trabajaban en suelo marfieño antes de la crisis sanitaria”. Konan recogió también en su artículo las quejas del opositor Henri Konan Bédié, expresidente del país y presidente del Partido Democrático de Costa de Marfil, por la autorización de la reunión del martes del Parlamento marfileño (unas 550 personas) a fin de aprobar una nueva reforma de la Constitución impulsada por el presidente Alassane Ouattara.

En Camerún también se ha dado, al menos, un caso que muestra una cierta improvisación entre las autoridades y que han sido denunciado públicamente en redes sociales y medios de comunicación como Le Monde. Un vuelo de Air France procedente de París llegó el miércoles pasado al país y tras horas de espera en el aeropuerto, se puso en cuarentena a los pasajeros. Se hizo público que los viajeros aislados circulaban libremente por los hoteles de Duala y Yaundé donde se les recluyó, recibiendo visitas de familiares y de personal hotelero sin protección. El jueves, el ministro de Sanidad camerunés, Manaouda Malachie, anunció en Twitter que hay tres positivos de coronavirus entre estas personas.

Frente a un panorama a ratos desolador y confuso, la sociedad civil sigue organizándose y dando lo mejor de sí misma, como lo demuestran casos como el de la marfileña Laurence Christelle Anokoua, que se ha embarcado en la tarea de grabar vídeos de sensibilización en idiomas locales, para advertir e informar sobre el coronavirus a la mayor cantidad posible de sus compatriotas. Es en las redes donde ciudadanos concienciados e inquietos, como Edith Brou, Nnenna Nwakanma o Diaby Mohamed, informan sobre la realidad del coronavirus mientras que los periodistas, como Daouda Coulibaly o Konan, se organizan en grupos de Whatsapp para no dejar pasar un solo bulo y confirmar todas las informaciones.

(*) Los datos de número de afectados por países y medidas tomadas son a fecha lunes, 23 de marzo, 23.21.

El calor, la inmunidad y otros rumores

Un policía distribuye información en una calle de Lagos, Nigeria.Un policía distribuye información en una calle de Lagos, Nigeria. PIUS UTOMI EKPEI AFP

Ángeles Jurado

Mientras la mayoría de los gobiernos africanos se decanta por medidas cada vez más extremas y una parte creciente de la población se inquieta, hay gobiernos que dan la espalda a la amenaza del coronavirus. Por ejemplo: el domingo se celebró una contestada doble cita electoral en la República de Guinea, tras semanas de protestas populares por lo que la población considera que es un intento del presidente Alpha Condé de seguir un mandato más en el cargo. El país sufrió un intento de golpe de estado fallido el viernes y cuenta con dos casos confirmados de coronavirus en el territorio.

Los centros de culto, bares y restaurantes que osan desafiar a las prohibiciones de apertura o las restricciones de los diferentes gobiernos africanos se llenan todavía de gente y siempre habrá alguien que comente ante una cámara extranjera que se trata de una enfermedad de blancos, que los negros son inmunes y que el calor acaba con ella.

El terreno está abonado para los rumores y bulos, como el que anunciaba que varios centenares de familias italianas se preparaban para abandonar su país rumbo al continente africano. O para sucesos lamentables y posibles catástrofes, como el envenenamiento de dos personas en Nigeria con cloroquina, tras escuchar las alabanzas de Donald Trump a este tratamiento contra el paludismo como posible cura para el coronavirus. Los ensayos en Europa con este medicamento también han empujado a muchos africanos a las farmacias, donde la cloroquina está agotada. La rápida propagación de noticias falsas y rumores han impulsado a gobiernos como el sudafricano a penar este tipo de comportamientos.

Y para otro capítulo quedan los pastores, imanes y virólogos aficionados de todo tipo que, allá o aquí, contribuyen al ruido y los sustos.

(**) Este texto ha sido actualizado el 24 de marzo para añadir las muertes del músico Manu Dibango, en Francia,  y el periodista Zororo Makamba, en Zimbabue.

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