Lo último

El esperpento autonómico

Si de normal ya es triste asistir al espectáculo de unas autoridades autonómicas que se enfrentan sin descanso ni medida al Gobierno central -especialmente cuando es de distinto signo político-por multitud de razones que van desde la financiación a las competencias pasando por la gestión del agua, las leyes educativas o cualquier otro asunto de interés nacional, ahora, con la crisis del coronavirus, con miles de infectados, centenares de muertos, la población confinada y la sanidad colapsada, sus habituales reclamaciones, sus salidas del guión a la búsqueda de un espacio propio y diferente al de los demás, su desesperado intento de marcar su territorio, adquieren un tinte trágico y que a muchos ciudadanos les resulta totalmente insoportable. Porque a nadie sorprende la mezquindad de un Torra supremacista al que ya falta poco para acabar culpando a «las bestias españolas» de haber llevado el virus a las tierras catalanas, ni sus maniobras para dividir y arremeter contra España en el exterior, contando siempre con la colaboración de algunos países y de no pocos medios (empezando por la BBC) que dan cobertura a cualquier extravagancia del personaje como si de un alto dignatario se tratase. Como tampoco va nadie a escandalizarse a estas alturas porque con otro estilo y más clase que Torra pero con idéntico trasfondo ideológico el lehendakari Urkullu se apresure a aclarar que si la UME está interviniendo en el País Vasco es sólo en instalaciones «del Estado» (como si las que gestiona el Gobierno vasco no lo fueran), casi como excusándose ante sus electores. Pero que también los presidentes populares de Murcia o de Madrid, o el socialista de la Comunitat Valenciana, entre otros, traten de escribir su propio relato al margen del gubernamental y en pleno estado de alarma me resulta tan desconcertante como decepcionante. Lo que ahora se necesita no es una pelea de gallos sino un coro unido y sin voces discrepantes. Tiempo habrá para depurar responsabilidades, que las hay y muchas, para aprender de los errores y para trazar estrategias que ante episodios futuros de similar entidad refuercen y hagan más efectiva la respuesta de los poderes públicos. Pero no es este el momento para procurar conquistar protagonismo, ni para defender la cuota de poder regional, ni para evidenciar los fallos ni las insuficiencias del Estado autonómico. No cuando la sensibilidad de todos está a flor de piel, cuando los muertos se cuentan por centenares y cuando en el horizonte se perfila un paisaje económico devastado por un enemigo inesperado. No jueguen con nuestra paciencia.

Similar Posts

Leave a Reply