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La falta de controles, una razón más para aplazar los Juegos

Imagen del laboratorio antidopaje de Francia en París.Imagen del laboratorio antidopaje de Francia en París.FRANCK FIFE / AFP (AFP)

En su pueblo, el aislamiento no es un problema, sino lo toda la vida. En su pueblo, El Royo, en la soledad de Soria, 265 habitantes, lo difícil es no estar aislado, dice Enrique González, quien, sin embargo, no está para nada acostumbrado a ver llegar la primavera a los montes, ni añorarla.

Su vida es trasiego y viajes y, un no parar constante que, precisamente, alcanzaba con el fin del invierno su máximo apogeo. “Y más en años olímpicos, cuando en una semana viajaba a siete sitios diferentes por todo el mundo”, dice Enrique González, de profesión oficial de control de dopaje. Trabaja en una compañía internacional que le proporciona encargos de diferentes federaciones internacionales –ciclismo, natación, atletismo, taekwondo—para visitar a los deportistas por las mañanas en sus casas, extraerles sangre y comprobar que orinan sin trampas en los recipientes adecuados. Después, se encarga de enviar las muestras a los laboratorios correspondientes. Y también es responsable de controles en todo tipo de competiciones, incluido el Tour de Francia. “Hace 10 días estaba en Costa Rica, en un torneo de taekwondo que debería terminar el domingo, pero ya el sábado, viendo cómo avanzaban las medidas contra el coronavirus en España, me volví rápidamente”, dice. “Y hace una semana cumplí un encargo de la UCI para controlar a un ciclista australiano en Girona, cuando ya había comenzado el estado de alarma. Después, todas las federaciones internacionales anularon sus previsiones, al menos para Europa, salvo la FINA, la de natación, que supongo que no tardará en sumarse”.

En esa misma dinámica inmóvil ha entrado a agencia española (AEPSAD), que ha cerrado el laboratorio antidopaje de Madrid. “Mantenemos la localización de los deportistas, la obligación que todos tienen de decirnos dónde están en cada momento, pero hemos reducido los controles al mínimo, o sea, a nada”, dice Jesús Muñoz, responsable de planificación de controles de AEPSAD, quien explica que en años olímpicos, tanto marzo como abril como mayo son fechas clave, en las que estaban planificados unos 700 entre controles de sangre para deportistas de resistencia y pasaportes y de orina para todos al mes. “Hay que pensar que la mayoría de los agentes de control son médicos y sanitarios, y están movilizados en la lucha contra la epidemia. Además, este año se han suspendido las competiciones y la mayoría de los deportistas se entrenan bajo mínimos en sus casas. Y todos sabemos que el mayor efecto que se busca con el dopaje fuera de competición es el de aumentar la capacidad de entrenamiento, justo lo que nadie está buscando estos días en los que ni siquiera está seguro que vaya a haber Juegos en julio o cuándo se reanudan las competiciones”.

Como la española, las agencias de todos los países en los que se han tomado medidas excepcionales contra el coronavirus, como el cierre de fronteras, el confinamiento obligatorio, el aislamiento social, la anulación de vuelos y transportes, han anulado sus compromisos de control que en años olímpicos son fundamentales. Si el Comité Olímpico Internacional necesitaba una razón más para aplazar Tokio 2020, la que le ofrece la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en su último comunicado no ofrece derecho a réplica. Sin suficientes controles antidopaje previos, con atletas “agobiados por la incertidumbre” que en dos semanas de confinamiento, movimientos limitados y entrenamientos precarios, unos Juegos son más imposibles que nunca, viene a reconocer la agencia, que apela a su “responsabilidad social”. Después de contrastar su información con la de los otros organismos responsables de los miles de controles cotidianos –federaciones internacionales, organizadores, agencias nacionales y la Autoridad Internacional de Controles, que trabaja para el COI— la AMA concluye que más que reforzar los controles lo que hay que hacer ahora es lograr conservar almacenadas las muestras que se obtengan en algunos territorios aún activos –en África, en Latinoamérica, en el sur de Asia y en Australia aún no hay grandes medidas restrictivas y prosiguen los entrenamientos—y que puedan ser enviadas a analizar a los laboratorios y estar preparados para cuando la normalidad regrese.

Enrique González, trabajador autónomo, cobra por servicio realizado, y se prepara para un par de meses, al menos, sin ingresos. “Evidentemente, eso me preocupa, pero, claro, no queda otra que suspender los controles, en los que, incluso, yo sentía a veces que me colocaba en una situación de riesgo de contagio”, dice González, mientras, aislado en su casa, como todos, contempla desde su ventana cómo la primavera en la alta estepa del Duero machadiano “viste los chopos del río y los caminos”.

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