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¿El coronavirus afecta al embarazo y la lactancia?

Andrea es una anestesista de Madrid que descubrió hace escasos días que estaba embarazada. Ya está de tres semanas y en el centro hospitalario donde trabaja le han dicho que se quede en casa por precaución. Es una decisión difícil de asumir para ella. «Estoy súpernerviosa y estresada porque donde debería estar ahora mismo es ayudando, y me siento impotente al tener que quedarme en casa sabiendo lo mal que lo están pasando mis compañeros», cuenta. Aún así, también le preocupa contagiarse, porque «durante las primeras semanas de embarazo es cuando más riesgo tienes de malformaciones y abortos y aún no se sabe qué influencia puede tener el COVID-19 en todo esto».

Al ser un virus nuevo, existen pocos datos disponibles sobre su transmisión madre-hijo pero, dada su gran similitud con el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), que sí reportaron casos de aborto espontáneo e incluso de muerte fetal, se están realizando estudios para averiguar su impacto potencial durante el periodo gestacional. «De momento, la transmisión intrauterina cuando la infección se manifiesta en el tercer trimestre no se ha identificado y los pocos casos reportados de bebés que han adquirido la infección son leves», ha anunciado la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un comunicado. Pero los investigadores recuerdan que todavía no se ha analizado qué pasa si la infección se produce durante el primer y segundo trimestres de gestación. Y que, aunque las muestras de líquido amniótico, sangre del cordón umbilical o hisopos de garganta neonatales de los pacientes examinados han dado negativo en coronavirus, se necesitan estudios más amplios para llegar a conclusiones fiables.

Por ello, y porque «el embarazo conlleva cambios físicos que pueden aumentar la vulnerabilidad de las gestantes ante infecciones virales respiratorias», como advierte el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la prevención de este grupo poblacional es clave. Las medidas, sin embargo, no difieren a las que debe seguir cualquier otro individuo: lavarse las manos frecuentemente, evitar tocarse el rostro con las manos, cubrirse la boca y la nariz con la cara interna del codo al toser o estornudar, usar pañuelos desechables para eliminar secreciones respiratorias y tíralos tras su uso, o evitar el contacto cercano con personas que tengan síntomas respiratorios. El uso de mascarilla solo se aconseja si se presentan signos de la enfermedad.

La lactancia materna tiene un efecto protector contra enfermedades infecciosas como el COVID-19

En el caso de contagiarse, para evitar desplazamientos innecesarios, no se recomienda ir al Centro de Atención Primaria, a la farmacia o al hospital si los síntomas son leves o si no lo indica el 061. «Si el cuadro clínico no lo precisa, estas personas pueden permanecer en aislamiento domiciliario», explican desde el Ministerio de Sanidad. También se recomienda realizar consultas de seguimiento del embarazo telemáticas siempre que sea posible, como entregar los resultados de un análisis.

Parto y lactancia

El COVID-19 no obliga a finalizar inmediatamente un embarazo si no hay riesgo para la madre. Por su parte, la vía del nacimiento se individualizará según el estado de la gestante, las semanas de embarazo y las condiciones obstétricas (contracciones, tacto vaginal …), aunque la OMS recomienda evitar la cesárea si hay posibilidad. Tampoco se indica el uso de técnicas de analgesia inhalatoria por el elevado riesgo de generación de aerosoles y diseminación aérea del virus.

Una vez venido al mundo, la OMS aconseja el contacto piel con piel en todos los casos, aunque con las medidas de protección adecuadas (mascarilla, lavado de manos). Será en las primeras horas de vida cuando se realicen las pruebas necesarias al recién nacido, incluida la del PCR, para constatar su estado de salud. Si presenta síntomas de COVID-19, se le trasladará a una habitación individual, pero si está bien y su madre es asintomática podrá estar con ella en una cuna a una distancia prudencial de dos metros y extremando las medidas de aislamiento. En el caso de que la progenitora presente síntomas, permanecerán separados temporalmente por precaución.

Dar el pecho, siempre que sea posible y se quiera

A pesar de las muchas dudas que todavía prevalecen sobre el amamantamiento en mujeres contagiadas por COVID-19, la OMS aconseja la lactancia materna desde el nacimiento «siempre que las condiciones clínicas del bebé y de su madre lo permitan». La leche materna contiene muchas sustancias que benefician al sistema inmunitario del recién nacido (anticuerpos, enzimas, glóbulos blancos) y su efecto protector es particularmente fuerte contra las enfermedades infecciosas, como el COVID-19, incluso después de haber dejado de lactar.

Si no existe tal posibilidad por la gravedad de la infección, se recurrirá a la extracción de la leche, que no necesitará ser pasteurizada antes de administrarse. A los bebés prematuros ingresados se les dará leche de banco. En todos los casos, desde el Ministerio de Sanidad recuerdan que la decisión final sobre el tipo de alimentación deberá consensuarse entre la paciente y el equipo sanitario.

«Varios estudios que han analizado leches maternas de madres contagiadas han constatado que no contenían el virus, por lo tanto, la recomendación es que las madres, si así lo desean, sigan dando el pecho», sugiere Giuseppe Russolillo, presidente de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

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