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Lecciones

Sabíamos que el WhastApp gana terreno a las llamadas telefónicas y, peor aún, fagocita las conversaciones presenciales. Éramos conscientes de que la crisis de incomunicación humana estaba presente antes de decretarse el estado de alarma, pero hacíamos como que no nos importaba. Sin embargo, tenemos ahora la certeza de que estar conectados a la realidad, al trabajo y a los seres queridos a través del móvil no es vivir, ni implica disfrutar de lo que nos rodea, ni sustituye el diálogo cara a cara. Esta es una de las lecciones que nos está dejando el confinamiento. Otra es que la violencia machista no se pone en cuarentena durante la pandemia de coronavirus y continúa matando a mujeres. Los días del COVID-19 evidencian otras enseñanzas, como que el desinfectante que emplea la UME no logra borrar el odio desaforado en Twitter, de la misma forma que la lejía no elimina el sectarismo político ni el postureo del encierro domiciliario.

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