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¿Quién es Carlota de Dios?

El día en que una amiga le dijo a Carlota de Dios que quería hacerle unas tarjetas de visita, que le dijera qué escribía como profesión, le contestó: «agitadora». Cuando la miró extrañada y le preguntó si no podía poner otra cosa, ella le contestó: «no me hagas tarjeta». Sus ojos azules se ríen al contar la anécdota, mientras miran como queriendo buscar más allá del rostro de quien tiene enfrente. Médico de formación, comunicadora de vocación, ha ido forjando un trayecto en el que su objetivo ha sido siempre ayudar a los demás. Y por ese motivo la asociación de mujeres empresarias EVAP la premió.

-¿Cuál ha sido su búsqueda?

-Desde pequeña siempre me ha interesado arreglar cosas que veía que no funcionaban bien. Como todos los niños, me he pasado la vida haciéndome la misma pregunta. Si hubiera ido ahora al colegio me hubieran etiquetado con un trastorno de déficit de atención y todavía hoy soy hiperactiva. Pero es que tenemos tendencia en esta sociedad a expulsar todo lo distinto. Integrar esa diferencia es uno de los retos de esta sociedad.

-¿Lo ha hecho desde la Medicina?

-Estudié Medicina porque pensaba que era la profesión desde la que podía ayudar a las personas; la misma razón que me llevó a pensar en ser misionera cuando era más joven. Pero la vida a veces no es como una se la imagina. Cuando estaba en quinto de carrera mi padre se queda en el paro y yo me tengo que poner a trabajar. Lo hice en la radio, de madrugada, y era muy mala, pero siempre he sido de la opinión de: «ya aprenderé». Acabé la carrera, me colegié y nunca he dejado de estar en contacto con lo que soy, aunque llegó un momento en que todo me llevó hacia la salud de las organizaciones. Trabajar la confianza, gestionar la incertidumbre, y con una clave, que es la comunicación. Me considero una persona autodidacta que al mismo tiempo he estudiado mucho de otras cosas. Todo a partir de los 48 años.

-¿Por qué a esa edad?

-Los cuestionamientos aparecen normalmente en situaciones difíciles, como enfermedades. A mí me sucedió a esa edad, y entré en un proceso permanente de apertura, de escuchar y no juzgar, pero para eso tienes que sufrir. La gente que está cómoda no cambia nunca, tenemos un sentimiento de conformismo que nos inmoviliza y, al mismo tiempo, nos enferma.

«De pequeña siempre quise arreglar cosas estropeadas»

-No todo el mundo pasa por ese proceso.

-La vida nos la dan para que cuando nos vayamos para el otro lado estemos un poco más evolucionados. En realidad, venimos bien, nos vamos estropeando y a partir de la mitad de la vida sufrimos un cuestionamiento, normalmente entre los cuarenta y los cincuenta. Sin embargo, siempre estamos a tiempo de mejorar como personas.

-¿Cree que ha tenido suerte en la vida?

-Yo creo que cualquier persona que viva en un mundo como el nuestro tiene que estar agradecida. Una casa para refugiarnos, ropa para vestirnos, comida. Deberíamos ser conscientes de que esta realidad no es la misma en muchas partes del mundo.

-Se declara feminista.

-Tengo un amigo que dice que la primera feminista que conoció fue mi madre, que tiene 94 años y es como los gatos, que debe de tener siete vidas. Una mujer admirable, muy beligerante con el tema de la mujer, y así me educaron a mí, en que yo era capaz de hacer lo mismo que un hombre, que tenía que tener acceso al conocimiento, la capacidad de decidir desde la libertad. Siempre he sido muy independiente, muy arriesgada.

-¿Por qué decidió entrar en la asociación de mujeres EVAP?

-Entré en EVAP porque las mujeres tenemos mucha fuerza y la capacidad de transformar más grande que existe porque somos madres. Y tener madres libres, inteligentes y felices es fundamental. Que quede claro que esa idea no es dinero, no es poder, no es revanchismo, sino integración. Me interesa mucho evitar el victimismo femenino.

Un sueño por cumplir

Ir descubriendo
Carlota de Dios dice que no sabe cuáles son los sueños que le quedan por cumplir. «Los iré descubriendo», explica. Tampoco es de las que mira hacia atrás repasando qué le ha quedado por hacer. «Empiezas a envejecer de verdad cuando recuerdas demasiado y no te paras a vivir el presente». Es muy optimista, cree que vivimos unos tiempos privilegiados en los que mucha gente «está en la búsqueda del conocimiento, en que mande el corazón por encima de la cabeza en las cosas que hacemos».

-¿Es usted madre?

-No pude tener hijos pero nunca he tenido la sensación de que ser madre fuera el sentido de mi vida, porque tengo muchas cosas a las que acudir. Es cierto que de niña me hubiera gustado tener muchos, pero no tiene porqué ser algo que te condicione. No me siento mal por no haberlos tenido.

-¿Es exigente consigo misma?

-Eso también lo he aprendido, porque puede que detrás de esa exigencia haya un pecado de soberbia. Es un tema de equilibrio: hay que quererse, cuidarse y exigirse sin pasarse. Me lo enseñó un jesuita al que nunca le estaré suficientemente agradecida.

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