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Boris Johnson da positivo y se aísla con su prometida

Boris Johnson permanecerá en cuarentena al menos siete días, tras dar positivo en un test de coronavirus. El jueves tenía fiebre y tosía. El principal asesor científico del Ministerio de Sanidad, Chris Witty, que suele acompañar regularmente al primer ministro en sus conferencias de prensa, le recomendó que se sometiera a una prueba. Personal de la sanidad pública se trasladó a Downing Street para realizarlo.

Johnson publicó en la mañana del viernes un vídeo grabado en el interior de su residencia oficial. Explica las circunstancias de su caso y anima a los británicos a seguir las instrucciones del Gobierno. Pocas horas después, el ministro de Sanidad, Matt Hancock, se declaró también positivo. El príncipe Carlos dio positivo el jueves y está aislado en su mansión de Birkhall, en el nordeste de Escocia.

Johnson tranquilizó a la ciudadanía confirmando que podrá seguir en contacto con su equipo de Gobierno, «gracias a la magia de la tecnología moderna». Aprovechará ahora lo aprendido en las «clases de tecnología» que le habría dado en su piso la exmodelo estadounidense, Jennifer Arcuri, cuando él era alcalde de Londres y la visitaba con frecuencia. Así se explicaron sus visitas cuando se descubrió que ella fue también una afortunada receptora de subvenciones municipales.

El líder británico, de 55 años, es un hombre vigoroso y sano, que hace ejercicio regularmente. Como en el caso de miles de londinenses que han contraído el virus- tal es el número de vecinos y conocidos que han tenido síntomas parecidos desde los primeros días de febrero, pero no son identificados en las estadísticas oficiales-, es muy probable que Johnson se recupere en unos días.

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El primer ministro disfruta de la adhesión a los líderes en momentos de estrés social. La mayoría de los británicos apoyó la política de apaciguamiento de Neville Chamberlain con Adolf Hitler y después respaldó a Winston Churchill, denostando a su predecesor. Churchill ganó la guerra pero perdió las elecciones de 1945. Junto al instinto de buscar protección de la autoridad, las grandes crisis no tienen porqué premiar a los líderes tras su conclusión.

Johnson ha refinado su presencia pública y su oratoria a medida que la gravedad de la epidemia se ha hecho evidente. No comparece desaliñado ni improvisa frases con vocabulario arcaico para descargar el ambiente. Se ajusta a la escritura de la declaración preparada y su comunicación casi diaria ha alternado momentos de aliento del optimismo y convincente firmeza para pedir a los ciudadanos que cumplan las instrucciones.

El Gobierno cayó en alguna contradicción en sus comunicaciones cuando a mitad de este mes nuevos datos le obligaron a descartar la política de mitigación de la transmisión del virus y a adoptar la más común de supresión. Pero Johnston y sus asesores científicos habían explicado bien que no confían en que la política de supresión evite nuevas olas. Su defensa de la estrategia de mitigación fue aceptada como un empeño racional.

Críticas futuras

Quizás sean más graves en los próximos días las consecuencias de que los primeros empresarios que han acudido a los bancos para pedir los anunciados préstamos con aval de hasta el 80% por la Hacienda pública hayan descubierto que el reglamento, escrito por el Tesoro, dice que tienen que ofrecer sus bienes, salvo su principal residencia, como garantía inicial.

Este primer ministro que se encuentra con una epidemia imprevista y ha de dirigirse a toda la nación para unirse en solidaridad con los vulnerables ofrece una extraña continuidad con el Johnson que ganó las elecciones de diciembre, arrebatando al Partido Laborista circunscripciones tradicionales, y que ha prometido cuantiosas inversiones en esas comarcas para equilibrar la economía del país.

El Gobierno ha prometido miles de millones de nuevo gasto para sostener el nivel de actividad económica que permita la recuperación. Se añaden al presupuesto que había presentado, con volúmenes de gasto e inversión sin precedentes en las dos últimas décadas. El laborista, Jeremy Corbyn, afirma a pocos días de ser sustituido que él tenía razón cuando su programa electoral era ridiculizado.

En las grandes convulsiones, ideas minoritarias- como las de Churchill en tiempos de Chamberlain- pueden convertirse en populares. A principio de marzo, se criticó al Gobierno por no adoptar la política de supresión de otros países. Las críticas en la otra dirección, por sumarse a la emulación del ejemplo de China en lugar de concentrarse en el aislamiento y protección de los más vulnerables al virus y permitir más vida económica y social, son apagadas ahora por los sentimientos que provoca la cuenta de muertos.

Por el momento, un primer ministro quizás agotado se ha refugiado en cuarentena con su joven prometida, Carrie Symonds. Ella debe permanecer aislada al menos 14 días, el doble de Johnson, y por estar embarazada quizás tenga que adoptar alguna precaución adicional. Profesional de la comunicación, se le achaca haber moldeado a un Johnson más sobrio. Entre los asuntos menos importantes que les ocupan, hay uno que parece una fábula sobre los actos bienintencionados que causan más división.

Desde hace años, el Gobierno organiza matanzas de tejones, por transmitir la tuberculosis bovina. Pero en septiembre canceló el permiso en la región de Derbyshire, después de que el director de una fundación dedicada a la protección del tejón se entrevistase con Symonds en Downing Street. Los ganaderos quieren llevar a los tribunales un caso que analice la influencia de Symonds en Johnson y en la cancelación de la matanza.

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