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El reto de garantizar que todos los niños aprendan

Desde que se suspendieron las clases en toda España, me han asaltado numerosas dudas y preocupaciones, a la vez que ha crecido en mí una enorme curiosidad por saber qué aprendizajes obtendremos de esta situación.

Las dudas están relacionadas sobre todo con el grado de digitalización de la escuela e, irremediablemente, la competencia digital, tanto de los docentes como de los alumnos. Competencias necesarias desde hace tiempo, e imprescindibles estos días para poder trabajar remotamente. Lo cual me lleva a mi principal preocupación: qué va a pasar con esos alumnos que no tienen acceso a un ordenador, una tableta o internet.

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Desde mi punto de vista, la situación que estamos viviendo actualmente, producida por la crisis del COVID-19, muestra el carácter urgente, y ahora mismo imprescindible, de la digitalización de la escuela. Asegurar el aprendizaje de todos en esta situación resultará más complicado para unos colegios que para otros, dependerá de los entornos sociales y de la realidad de cada familia. Y la posibilidad de implantación del aprendizaje online dependerá también en gran medida de la edad y madurez de los alumnos. En cualquier caso, para aquellos centros educativos en los que tanto los profesores como los estudiantes estén habituados a trabajar con herramientas digitales, la transición debería ser bastante sencilla.

A los que hemos defendido la necesidad de innovar en las aulas, incorporando por una parte metodologías que sean capaces a la vez de atender a la diversidad y fomentar aprendizajes más duraderos y gozosos, y por otra parte herramientas tecnológicas que propicien la personalización del aprendizaje, nos despierta un gran interés este desdichado experimento forzoso al que se ha visto obligado a someterse nuestro sistema educativo.

Creo que en esta situación es inevitable que surjan preguntas como las siguientes: ¿Cómo se van a impartir las clases? ¿Se dará el paso hacia otros modelos de evaluación? ¿Seremos capaces de adaptarnos en esta situación a los ritmos diferentes de los alumnos? ¿Qué impacto tendrá este drástico cambio en los resultados académicos?

En mi opinión, la situación nos demuestra que definitivamente es imperativo dar el salto hacia lo digital. A los docentes se les pide adaptarse, si no lo habían hecho ya, y pasar a la grabación de píldoras educativas en video, la emisión de clases en streaming, o lo más parecido a las clases tradicionales: impartir clases por videoconferencia para permitir la interacción entre alumnos y profesores. Es también necesario en estas circunstancias el uso de aulas virtuales que permitan compartir contenidos, interactuar con los alumnos en foros de debate, así como entregar y evaluar actividades. Una evaluación que deberá contar con pruebas más allá de los exámenes, que, desde luego, tendrán que adaptarse al nuevo contexto, y que debería introducir herramientas como las rúbricas.

Estamos ante una emergencia que nos invita a digitalizar el aprendizaje a marchas forzadas y que nos brinda nuevas oportunidades de cooperar y compartir contenidos educativos. Y también de sentirnos más responsables que nunca de llegar a todos los alumnos, de hacer efectiva la atención a la diversidad, porque las desigualdades se pueden hacer mucho más evidentes en esta situación. Aquellos que tengan problemas para entender el idioma, que no tengan un lugar en casa para estudiar o los que presenten alguna discapacidad o dificultad de aprendizaje, entre otros, pueden encontrar más barreras en esta nueva situación.

Propiciar el Diseño Universal del Aprendizaje (DUA) puede ser la respuesta a esta emergencia educativa. El reto que se impone es el de garantizar que todos aprenden. En realidad, se debería de haber impuesto siempre, pero en este momento en el que todos están pendientes del éxito de la educación a distancia (no hay más que abrir Twitter y ver los numerosos hilos al respecto) deberíamos trabajar por fin en esa dirección. En el contexto digital encontramos herramientas para salvar ciertos obstáculos, ofreciendo contenidos accesibles, en diferentes formatos, con soporte para varios idiomas y disponibles en cualquier momento. A esto es a lo que se debería aspirar.

Sin embargo, también nos encontramos con la mayor de las barreras: la imposibilidad de acceder a esos recursos, por la falta de medios técnicos. Sin una tableta o un ordenador y sin acceso a internet las posibilidades de éxito se reducen drásticamente. El enorme potencial que supone para el aprendizaje un ordenador con acceso a internet lo constató un profesor de tecnología educativa de la Universidad de Newcastle llamado Sugata Mitra. La experiencia de este profesor, quien demostró que los niños son capaces de aprender solos y aprender unos de otros si se les permite el acceso a un ordenador conectado a internet, debería tener más significado que nunca en este momento de aislamiento.

Ha llegado por tanto la hora de plantearse otro tipo de educación, porque el modelo tradicional se adapta mal, si es que lo hace, a esta crisis provocada por el coronavirus. Podemos salvar el escollo a duras penas, sin obtener ningún aprendizaje que nos ayude a dar un salto hacia la educación personalizada que queremos, o podemos salir de la crisis reforzados, habiendo aprendido algunas lecciones, que solo el tiempo nos dirá si realmente hemos interiorizado.

Me gustaría que gracias a esta crisis se demostrara que es posible, a partir de ciertas edades, impulsar un aprendizaje más autónomo, que permita a los alumnos trabajar tanto individualmente como en grupo, e incluso fomentar una educación que combine la parte presencial con la parte online. Además, creo que la crisis nos puede demostrar que los alumnos son capaces, como los niños de la India que observó Sugata Mitra, de aprender solos y también cooperar entre ellos para ayudarse y para realizar proyectos o tareas.

Me gustaría que de esta situación aprendiéramos el potencial que tienen las herramientas digitales para la personalización del aprendizaje, y para fomentar una educación multinivel, que se adapte a la diversidad de las aulas y que busque, como reclama Salman Khan, creador de la Khan Academy, que todos lleguen a aprender el 100% de lo que sus capacidades les permiten, sin aceptar lagunas que les impidan avanzar.

Nos quedan muchos días de confinamiento aun, pero los profesores y las familias ya están manifestando, como he intentado hacer yo en este artículo, dónde está el punto débil del sistema, y dónde se debería poner más énfasis: la atención a la diversidad y la eliminación de barreras del aprendizaje. Solo deseo que esta crisis nos ayude a reconocer mejor este problema y a buscar soluciones para estos meses difíciles, y para siempre.

*Eva Bailén. es diputada de la Asamblea de Madrid y portavoz de educación por Ciudadanos

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