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El reparto de urnas funerarias aviva las dudas sobre las cifras de China

Las fotografías se extienden como la pólvora en las redes sociales. La más compartida muestra un almacén en el que se guardan las urnas funerarias que contienen los restos de los fallecidos por la epidemia del coronavirus en Wuhan, epicentro de la pandemia. Caixin, uno de los pocos medios de comunicación que hacen periodismo de investigación en China, afirma que hay apiladas 3.500. También relata cómo el conductor de un camión que transporta 2.500 asegura que ha hecho ya dos viajes en sendos días con esa carga. Y, finalmente, Caixin subraya que quienes fueron a recoger los restos de sus seres queridos cuando las funerarias reabrieron a principios de esta semana, tuvieron que esperar hasta cinco horas en fila para recibir la urna.

«Además, las autoridades aseguran que van a entregar 500 urnas al día hasta el 4 de abril, coincidiendo con el Festival Qingming -equivalente a Todos los Santos en el gigante asiático-. Los números no cuadran», comenta a este diario un periodista que trabaja para un medio estatal y que prefiere mantenerse en el anonimato. «Las cifras que da el Gobierno son falsas. Ha muerto más gente», afirma una doctora de Hubei que también pide mantenerse en el anonimato por temor a represalias.

Efectivamente, China asegura que en Wuhan se han contagiado 50.006 personas, de las cuales 2.535 han perdido la vida. Los datos oficiales han sido polémicos desde el inicio: primero se demostró que seguían una progresión aritmética perfecta que provocó sospechas razonables entre los epidemiólogos, luego se modificaron los criterios y se produjo el mayor incremento diario en el número de casos, y ahora se sabe que no se contabilizan los casos asintomáticos, aunque den positivo en los tests.

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No obstante, en esta coyuntura es imposible determinar si las estadísticas que ofrecen las autoridades chinas son veraces, porque no hay forma de confirmar que todas esas urnas funerarias estén llenas o que contengan las cenizas de quienes han fallecido debido al coronavirus y no a causa de otras enfermedades. «Ha sucedido en otras ocasiones y volverá a pasar. Nunca sabremos cuánta gente ha muerto», sentencia el periodista chino. «Pero este no es un problema exclusivo de China. También las cifras de los países europeos provocan dudas», apostilla.

Lo que sí dejan en evidencia diferentes vídeos es que China no proporcionó al mundo la información correcta en la fase inicial de la epidemia. «La capacidad infecciosa de este coronavirus no es elevada. No descartamos que se puedan registrar contagios entre humanos, pero el riesgo de transmisión sostenida es bajo. Con las medidas implementadas, esta enfermedad es prevenible y controlable», aseguró Li Gang, director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Wuhan el 19 de enero, solo cuatro días antes de que China decretase la mayor cuarentena de la historia en la provincia de Hubei.

Informaciones como esta, que podrían deberse a una falta de datos real y no a una ocultación deliberada, extendieron por el mundo la sensación de que el SARS-CoV-2 era una simple gripe y retrasaron tanto la toma de medidas de prevención como el acopio de material para preparar a los sistemas sanitarios para la que se avecinaba. Sin duda, la división dentro de la propia Organización Mundial de la Salud, que en dos ocasiones se negó a decretar la emergencia sanitaria internacional, tampoco ayudó. «Cuando todo esto pase habrá que depurar responsabilidades, pero, más importante aún es analizar bien lo sucedido y desarrollar los mecanismos que prevengan la siguiente pandemia. Porque llegará», afirma la doctora.

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