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Italia teme que el coronavirus provoque un estallido social en el sur

Al Gobierno italiano se le abre un nuevo flanco en la crisis del coronavirus: las regiones del sur, las que cuentan con menos afectados hasta ahora pero en las que las férreas restricciones aplicadas para frenar la enfermedad podrían provocar un estallido social. A diferencia de la zona norte, la más rica y desarrollada del país y donde se concentra la mayoría de los 92.000 contagiados y más de 10.000 muerto que deja el Covid-19, gran parte de la población meridional cuenta con menos recursos para soportar el impacto financiero que conlleva la pandemia. Ya hace casi 20 días desde que entró en vigor en todo el territorio nacional el cerrojazo, que supuso un parón casi total en muchos sectores de la economía, tanto legal como sumergida, y el coronavirus comienza a pesar en el bolsillo de muchas familias.

Para tratar de mitigar los efectos del parón económico, el primer ministro, Giuseppe Conte, anunció este sábado que el Gobierno adelanta a los Ayuntamientos 4.300 millones de euros que irán dedicados a ayudar a las personas en mayor dificultad por la recesión provocada por la pandemia. El Ejecutivo gastará otros 400 millones adicionales para que estos colectivos puedan comprar alimentos y otros bienes de primera necesidad.

Después de algunos casos aislados de robos en tiendas de alimentación y de personas que trataban de llevarse comida de los supermercados sin pagar porque decían que no tenían dinero, las autoridades ordenaron a las fuerzas de seguridad que se desplegaran delante de los hipermercados de Palermo para evitar asaltos. «Tengo miedo de que las preocupaciones de amplias franjas de la población por la salud, la renta y el futuro, conforme se alargue la crisis se transformen en rabia y en odio. Hay áreas sociales y territorios frágiles», advirtió el ministro para el Sur, Peppe Provenzano.

Al Gobierno le toca ahora asegurar liquidez a las empresas y a las familias, de forma particular a quien hayan perdido el trabajo y no cuenten con otras formas de protección social, destacó Provenzano. «Está en juego el esqueleto de la democracia. El polvorín social apela a una gran cuestión democrática», señaló el ministro, recordando los casos de personas que tienen que pedir comida a la Policía porque no tienen dinero para comprarla. «Hemos entrado en esta crisis siendo ya el país con más desigualdades de Europa», dijo Provenzano en una entrevista con ‘La Repubblica’.

Directo | Así avanza la lucha contra el coronavirus

Michele Emiliano, presidente de la región sureña de Apulia, consideró por su parte que en su territorio la situación de momento es «tranquila», aunque reconoció que la parte meridional del país parte en desventaja. «Es la menos desarrollada económicamente y la más habituada a sacrificarse en términos de financiación. Aunque también donde la gente está más habituada a hacer sacrificios», comentó Emiliano en un encuentro telemático con los corresponsales extranjeros en Italia, entre ellos el enviado de este diario. «Siempre hemos estado en inferioridad respecto a las regiones del norte. Apulia tiene una población similar a la de Emilia-Romaña, pero cuenta con 15.000 funcionarios menos y un presupuesto inferior en 400 millones de euros. Esta situación pesa cuando hay una crisis como esta».

Emiliano y otros gobernadores de territorios meridionales temen que se produzca una oleada de infectados en el sur, después de la que ha golpeado a la zona septentrional del país. «El cerrojazo ha consentido al sur tener un crecimiento de contagios no exponencial como en el norte, pero no sabemos qué sucederá cuando el se abra inevitablemente», advirtió el presidente de Apulia, para el que el cierre de las empresas que no sean esenciales «no podrá durar mucho tiempo más» por el enorme daño económico que supone. «La gente tendrá que salir y se expondrá. Así que debemos hacer que por cada dos contagiados haya una posibilidad de ingreso en un hospital sin que colapse el sistema sanitario». Para ello hará falta reforzar el abastecimiento de ventiladores automáticos, mascarillas y dispositivos de protección a los hospitales del sur, que ahora denuncian un gran desabastecimiento.

«Del Gobierno central hemos recibido medios absolutamente insuficientes», denunció Emiliano, al que preocupa especialmente que se produzca un foco de contagios en las residencias de ancianos de Apulia, donde viven unas 10.000 personas. «Estos centros serán auténticas bombas si no conseguimos suficientes dispositivos de seguridad para los trabajadores y las personas en riesgo». El presidente garantizó que no está en peligro la agricultura regional, básica para el abastecimiento de alimentos en el país, y previó un aumento en el precio de los productos debido a la subida de los costes de producción motivada por la pandemia.

La mafia se reinventa ante la caída del narcotráfico

El cerrojazo social forzado por la pandemia del coronavirus ha provocado una caída del 75% en la criminalidad en Italia, según los datos del ministerio del Interior, lo que está pesando en los distintos grupos mafiosos que operan en el país y que tienen en el tráfico de drogas una de sus principales fuentes de ingresos. Michele Emiliano, presidente de la región meridional de Apulia, consideró no obstante que el crimen organizado también puede encontrar en esta situación nuevas oportunidades de negocio. «Estarán intentando meterse en negocios fraudulentos para acumular mascarillas, trajes, gafas de protección y ventiladores. E intentarán usar su fuerza económica para comprar bienes que luego venderán con sobreprecio», aseguró Emiliano, que trabajó como magistrado antimafia antes de entrar en política.

«Conozco bien la psicología del crimen organizado y tratarán de acentuar su capacidad de entrar en la economía legal intentando burlar los controles, que en Italia son de los más duros del mundo. En este momento es fácil que intervengan para probar a lavar dinero negro, pero están recibiendo un gran daño por la caída de la venta de la droga», explicó el presidente regional de Apulia. Los delitos relacionados con el narcotráfico han caído a casi a la mitad con la pandemia, aunque los vendedores se han adaptado a la nueva situación quedando con sus clientes en la puerta de los supermercados o entregándoles la droga directamente en sus propias viviendas.

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