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El PP busca su voz también en la crisis del coronavirus

No es un conflicto derivado de una crisis inesperada y virulenta. Desde principios de año, constituido el Gobierno y, por lo tanto, activa la legislatura, dirigentes del PP advierten de que el partido debe encontrar ya su voz para evitar los vaivenes discursivos y apuntalar su espacio político. La magnitud de la epidemia, sin embargo, ha puesto aún más de manifiesto las dificultades de la formación conservadora para marcar una senda estable que transitar.

Los mensajes de Pablo Casado han oscilado entre la contención y la crítica sin concesiones al Gobierno desde que el COVID-19 comenzó a situar al país en alerta. La prudencia inicial pronto quedó atrás. En la noche del 14 de marzo, sólo «un minuto» después de que Pedro Sánchez compareciera para ratificar la declaración de estado de alarma, el líder del PP acusó al Gobierno de «negligencia dolosa» por haber autorizado una semana antes la manifestación del 8-M y le responsabilizó de la gravedad de la situación. «El retraso –señaló– con el que Pedro Sánchez ha gestionado esta crisis ha tenido ya unas consecuencias evidentes en la propagación de esta pandemia por todo el territorio nacional».

Pese a dar su apoyo al confinamiento de la población por indispensable, la dureza de la intervención sorprendió en las estructuras del PP, donde algunos presidentes autonómicos, como Alberto Núñez Feijóo en Galicia, cerraban ya filas con el Gobierno para colaborar, dado el amplísimo número de contagios, sin que eso exigiera una posición acrítica. Días después, en cambio, la templanza volvió a Génova.

Bajar el nivel, fue la consigna. Y la puesta en escena del cambio, por «responsabilidad», tuvo lugar en el Congreso el miércoles 18, en la sesión en la que Sánchez explicó a los diputados el decreto gubernamental. Casado aplazó entonces la «investigación» de cómo el Gobierno ha conducido la crisis y la rendición de cuentas al momento en el que la emergencia quede superada. Los reproches no desaparecieron, pero sí se amortiguaron y el foco se desvió de la dirección nacional a la Comunidad de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso denunció que el Ejecutivo bloquea en las aduanas el material sanitario que necesitan los hospitales. El suyo, sin embargo, es justo el tono que esta semana ha guiado de nuevo el discurso del PP. Desde el martes, la tregua ha terminado. El secretario general, Teodoro García Egea, hizo responsable ese día al jefe del Ejecutivo de todo lo que ocurra en hospitales y residencias. Su enfoque anticipó el de Casado 24 horas después en el hemiciclo al respaldar la prórroga del estado de alarma y reconvenir, sin embargo, a Sánchez por su papel, dado el número de fallecidos.

La indignación

¿Qué ha ocurrido para este giro de guion? Varias fuentes creen que Casado «busca recoger» la «indignación» que el partido dice detectar en la ciudadanía por cómo afronta el Gobierno la pandemia. Y esas mismas voces sostienen también que entre los suyos no se entendería que la oposición quede desactivada cuando se están cometiendo «errores». Recuerdan, además, como hizo el jueves García Egea en Twitter, la actitud de Sánchez cuando el ébola y les enerva que desde la izquierda se hable de recortes del PP en sanidad. «Lealtad», defienden, por otro lado, es «aprobar» en el Parlamento todas las medidas de choque que el Gobierno plantea.

Algunas de las fuentes consultadas, sin embargo, temen que el equipo de Casado no sepa «medir» el tono y hallar el equilibrio, porque el argumento de estar actuando con sentido de Estado no encuentra puntos de apoyo en un discurso de tanta carga crítica. Señalan, en cambio, a presidentes del PP, como Feijóo, Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León y Juanma Moreno en Andalucía. Todos exigentes con el Gobierno, pero sin cruzar la línea de la batalla política cuando las consecuencias de la epidemia se sufren con mayor intensidad. En los territorios, sin embargo, no se detienen ahora en reflexiones sobre la estrategia.

«Tenemos que modular, tiempo habrá», aconseja un dirigente del PP. Otro, veterano, recuerda que, además, el partido gobierna en varias comunidades, una de ellas la más afectada, Madrid, y que por lo tanto es también responsable de gestionar la crisis.

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