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María Pelae: «Hasta la cebolla la corto al compás»

Dice María Peláe que hay que tener arte hasta para las artes marciales. Ella de cría practicaba jiu-jitsu y ahora pregona temas como ‘La niña’, ‘Y quién no’. Esta malagueña, que el martes cumplirá los 30, se las maravilla en el escenario. Le llaman la ‘Lola Flores millennial’.

–¿Cómo lleva el confinamiento?

–Me costó un poco al principio porque estuve mala. Creo que he tenido el bicho.

–¿El coronavirus?

–Sí. No me han hecho la prueba, pero dos personas de mi entorno han dado positivo. He tenido fiebre, dolor de garganta, diarrea, y el cuerpo que parece que me ha pasado un camión. He perdido como cinco kilos.

–Su primer disco se titula ‘Hipocondría’. ¿Es hipocondriaca?

–A las personas que nos gusta controlarlo todo esta época nos va a venir bien para aprender a aceptar lo que venga. El disco viene a decir eso: ya que estamos aquí de paso, vamos a pasarlo con arte, más que con angustia.

–¿Es cierto que marca los números de teléfono por bulerías?

–Las cosas las hago siempre al compás, hasta cuando corto la cebolla. Es porque nací flamenca.

–¿Y eso en qué se nota?

–En mi actitud, de los andares a la forma de tomarme las cosas. De la manera de cocinar a la de estar en un escenario. Y la manera de componer, esa forma de expresarme ‘exagerá’, buscando la picaresca.

–Flamenca pero muy controladora.

–Sí, sí. Antes de dedicarme a la música era ‘mú cuadriculá’. Luego me lo tuve que quitar, porque este oficio… Vas tocando por los bares y no sabes ni lo que vas a cobrar.

–Tiene un pellizco de Lola Flores que no es genético.

–No, pero lo he mamado. Tengo la muñeca de Lola Flores, heredada de mi abuela. De pequeña no podía ni tocarle el vestido porque mi abuela me echaba una bronca. Me ponía a escribir y no me salía rap, me salía todo pregonado, como cantaba Lola.

–Hasta mueve los ojos como ella.

–Lo he sacado de mi madre, bailaora, que la imitaba. Cuando baila pone esas caras.

–¿También le tira el bingo como a la Faraona?

–Qué va. El juego me pone muy nerviosa. Vas a un bingo y está la gente muy seria.

–En el videoclip de ‘La Niña’ juega al parchís con las marujas.

–Sí, y como estaba muy concentrada en la canción, ellas se aprovechaban y me comían las fichas, ja, ja, ja…

–Se ha comido la zeta de su apellido.

–En Málaga hay una nadadora muy famosa que también se llama María Peláez. En los conciertos me decían: ‘Tía, nadas muy bien’. Y la verdad es que lo de nadar… Para evitar la confusión, y como no la pronuncio y es más flamenco, me quité la zeta.

–En el escenario es una metralleta. Luego no será calladita…

–Aunque cueste creerlo, empecé a componer porque era muy tímida.

–¿Qué es rajarse cantando?

–Subirse al escenario con todas sus consecuencias. Muchas veces ser ‘mú sentía’ me juega malas pasadas. Termino una canción y me digo: ‘María, tienes las orejas rojas, estás asfixiá’. Y me tengo que coger las riendas como a los caballos, para atrás, porque si no puedo acabar una canción en un minuto.

–¿Qué diría su abuela si supiera que le llaman la ‘Lola Flores millennial?

–Que eso es enojar a Dios, pero sentiría muchísimo orgullo. Me lo tomo con respeto por sus hijas.

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