OPINIÓN

Periodismo de crisis para más lectores que nunca

Esta es la columna del Defensor del Lector, pero en estos días trágicos son más que nunca los informadores —de EL PAÍS y de los demás medios— quienes ejercen como defensores de unos lectores que reclaman con todo derecho noticias claras, precisas y contrastadas, aunque sean tan amargas. Por eso, estas líneas son para ellos. Corresponde valorar su trabajo por encima de las críticas que habitualmente se recogen en esta sección por la que tantas veces desfilan errores y traspiés. Hoy toca lo contrario.

Una información veraz y completa es un servicio público de primera necesidad. El comentario se repite en esta triste temporada y son los periodistas los que mantienen ese servicio en condiciones complicadas y hasta arriesgadas.

En un tiempo en que la ciudadanía reacciona para agradecer su inolvidable e impagable entrega a los colectivos en el frente —con el personal sanitario en primera fila—, llegan también al diario textos de consideración hacia los reporteros en un momento en el que las audiencias se han disparado. En la web de EL PAÍS, este mes van a superarse muy de largo los 100 millones de navegadores únicos, cifra récord registrada hace tres años.

Aumenta el consumo de información en los medios consolidados porque los lectores buscan datos fiables y, por eso, mejora la deteriorada confianza en el periodismo, como lo corrobora la última encuesta del CIS: el 64% de los españoles se considera “muy” o “bastante informado” sobre la pandemia, y a la mitad de los encuestados les merecen “mucha” o “bastante confianza” las noticias que leen.

Desde Getxo (Vizcaya), la lectora María Dolores Romani escribió el día 16 a Cartas a la Directora: “No sabría cómo agradecer el esfuerzo del personal sanitario, investigador, de limpieza (…), pero sí puedo dar a ustedes las gracias por seguir y ayudarnos a entender”. El día anterior lo hizo José Sarabia y Álvarezude: “Gracias por hacer que, en estos momentos tan difíciles, el periódico forme parte (aún más) de nuestras vidas”.

Aumenta el consumo de información en los medios consolidados porque los lectores buscan datos fiables y, por eso, mejora la deteriorada confianza en el periodismo

“Suscriptor añejo”, como se define, el lector Pedro Nieto me envió el día 24 sugerencias para mejorar —publicadas en el canal del Defensor—, y se despedía así: “Mis mejores saludos, ahora ya con emocionado reconocimiento personal a todo el equipo de EL PAÍS”. Similar misiva la de Cristina Vilariño: “Gracias por seguir siendo un periódico fiable”. O Íñigo Torres: “La cobertura que estáis haciendo del Covid-19 y del resto de la actualidad informativa es sobresaliente”. Y Kenny Fabricio Ballejos: “Les escribo para agradecerles por tanto profesionalismo y por tanto trabajo de calidad”. O Jean François Rouze: “Felicitarles por su cobertura en la web sobre el coronavirus y por dejar en abierto las noticias; muchas gracias por vuestra solidaridad”.

En abierto está incluso la edición impresa en PDF, a la que se accede gratis desde la aplicación de EL PAÍS, como anunció la directora, Soledad Gallego-Díaz, en su texto A los lectores del día 15, donde señalaba: “Lo importante en una crisis de un alcance tan formidable como esta es garantizar lo básico a la población: alimentación, energía, telefonía, medicamentos, asistencia sanitaria…y periódicos. Periódicos, digital o papel, que les cuenten lo que sucede y les amplíen la mirada en este encierro obligatorio”.

Eso intenta la Redacción en condiciones inimaginables hasta ahora. Días antes del estado de alarma, la directora adjunta Mónica Ceberio tuvo que desarrollar en horas y poner en marcha un complejo plan de contingencia de teletrabajo. Movilizó recursos extraordinarios e inversiones de urgencia para garantizar la web y la edición impresa con solo 30 periodistas en la Redacción; ya en estado de alerta, solo una decena y, desde el 21, no hay nadie en la sede. Todo el mundo se coordina por mensajería y videoconferencias. “La gente ha hecho un esfuerzo brutal”, cuenta Ceberio.

Una media de 50 periodistas salen a diario a la calle, aparte de delegaciones y corresponsalías en el exterior. Uno de ellos es Juan Diego Quesada, de la sección de Madrid, la ciudad más castigada por la pandemia. Cuenta que ha visto escenas muy duras, como las ocurridas el día 17 en la residencia de ancianos Monte Hermoso, donde esa jornada se registraron 20 fallecimientos. “Somos reporteros, nuestro sito está ahí, pero vamos con cuidado, con mascarillas y guantes, porque ni quieres expandir la enfermedad ni quieres llevarla a casa”.

El autor de Sapiens, Yuval Noah Harari, lo explica bien: “La mejor defensa contra los patógenos es la información”. Los periodistas se la sirven 24 horas al día.

Correo electrónico: defensor@elpais.es
Web: El Defensor del Lector Contesta

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Similar Posts

Leave a Reply