Economía

Un infierno económico sin bares

El estado de alarma ha dejado vacío el mercado de San Miguel (Madrid), siempre abarrotado.El estado de alarma ha dejado vacío el mercado de San Miguel (Madrid), siempre abarrotado.Claudio Alvarez/EL PAIS

Unos días antes del estado de alarma, Antonio Vázquez decidió cerrar sus dos hoteles en León y sus cinco restaurantes del grupo By Vamuca, uno de ellos en Madrid. “Parece que llevamos cuatro meses y llevamos cuatro días”, resopla al otro lado del teléfono. Hace recuento de daños. “El viernes (por el día 13) dimos de comer pero cancelamos las cenas. Los clientes hospedados hicieron el check out el sábado. Entonces no estaba muy claro el alcance de un cese por fuerza mayor”. Dos días después comenzó el estado de alarma. La secuencia que relata en su negocio la viven estos días miles de empresas: ERTE para la mayoría de la plantilla y los pocos que teletrabajan atienden el papeleo de clientes, proveedores, impuestos o cancelan las bodas y comuniones previstas para Semana Santa. La economía se apaga para salvar vidas y el país del sol y las tapas demuestra que puede estar unas semanas sin sus 183.306 bares, 78.950 restaurantes y 16.600 hoteles. Al menos por ahora.

El fundido a negro ha desencadenado un calambrazo económico nunca visto en un sector que emplea a 1,7 millones de personas y genera 123.600 millones de euros, el 6,2% del PIB. Entre el día 1 y el 21 de marzo, Infojobs contabiliza que el 75% de las ofertas de empleo en el llamado canal horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) se han esfumado de su plataforma. Quizá por descuido haya quien todavía busque camarero o recepcionista.

“El sector está viviendo un parón muy fuerte”, reconocen desde Damm. El 60% de su cerveza mediterránea se consume a través de ese canal. Cuando todo estalló, comenzaron a acumular stock en sus almacenes pero, a medida que pasaron los días, dejaron de producir los formatos para bares y restaurantes (los envases retornables y barriles), que compensaron solo en parte con la producción para supermercados y tiendas de alimentación. “A los cerveceros nos afecta muchísimo. Pensemos en que estos meses marcan la apertura de las terrazas. Nuestro consumo está muy ligado al disfrute de eventos deportivos y musicales”, dicen. También a un turismo internacional que no volverá, al menos en el corto plazo. Desde la Asociación de Cerveceros de España, su director Jacobo Olalla pinta un escenario desolador: el 67% de la cerveza se consume fuera de casa. Supone entre el 25% y el 40% de los ingresos netos de los bares. “Hay mucho empleo asociado a ello, desde los comerciales a los servicios técnicos de mantenimiento de los barriles en casi 300.000 puntos de venta”.

En el sector cárnico y pesquero ocurre otro tanto. Los 30.000 profesionales que salen al mar en España están desolados por la caída en picado de los precios en lonja de estos últimos días. Sin restaurantes, tampoco lo están pasando bien los mataderos. La demanda de productos como el pollo ha subido en el supermercado, pero el desplome provocado por el cierre de restaurantes y locales de comida rápida se ha empezado a notar. UPA alerta de que los daños ya se están dejando sentir, sobre todo en los sectores del ovino-caprino y del porcino. “La restauración es el principal destino de lechazos y de cochinillos, productos que los españoles están hoy poco acostumbrados a cocinar en casa”, dicen el el sindicato. Sin turismo, además, muchas pequeñas queserías pueden verse afectadas.

José Luis Yzuel, presidente de Hostelería de España, está a punto de doblegar al virus pero todavía tose. Se queja de que las medidas del Gobierno vengan con letra pequeña, como la que obliga a mantener el empleo seis meses a cambio de beneficiarse de ayudas para los ERTE. “Es mezclar churras con merinas. ¿Por qué a una herramienta de ayuda obligatoria se le pone una coletilla en un sector que trabaja por temporadas, donde cada establecimiento es distinto? ¿Acaso creemos que cuando esto acabe la gente va a salir a tomar cañas y a abrazarse?”. Es lo que tienen las ayudas públicas, que exigen ciertos compromisos. Otra cosa es si serán acertados. “Las empresas grandes tienen todas las soluciones, pero no las hay para las pequeñas y se necesita seguir vendiendo para llegar a final de mes”, protesta. Entiende que legislar en una pandemia es difícil, pero apela a la sensibilidad de la Administración. “Somos un sector absolutamente flexible, con la crisis sufrimos, pero aguantamos el tirón. Ahora no dependemos de nosotros, sino de la respuesta del mercado”.

Efectivamente, en los últimos 20 años, con gran recesión de por medio, en la restauración española se ha duplicado el empleo gracias al turismo creciente. Y en el último lustro el boom ha sido espectacular, en cantidad y calidad. A ese pasado brillante apela Gonzalo Fuentes, responsable de Hostelería y Turismo en CC OO, para que cese tanto lamento y se arrime más el hombro. “Venimos de 10 años de bonanza. Han ganado más dinero que nunca y ahora hay gente sin escrúpulos que no quiere mantener empleo. Estamos muy preocupados por los fijos discontinuos, hablamos de miles de trabajadores que se contrataban para Semana Santa y que se van a quedar en casa”. Relata que dos semanas antes de que se desatase la alarma global, a principios de marzo, muchas cadenas hoteleras ya estaban cerrando el grifo con despidos. “Si el verano viene mal ya veremos, pero no podemos hablar ahora de ruina cuando llevamos dos semanas de cierre”, se queja.

El problema es que no son solo ellos. Detrás de los bares o las cafeterías hay una cadena de proveedores quizá más larga que el ARN del virus. José Manuel Fernández, director general de Fedishoreca, la federación del gremio, relata, por ejemplo, cómo se han quedado las distribuidoras (hay unas 4.000 en España). “Solo queda un poco de trabajo en las que sirven a áreas de servicio, sobre todo bebidas”. Los puntos de venta empiezan a comunicar que no pagarán los recibos pendientes, al menos hasta que la situación se aclare. Y eso desata una ola hacia atrás. “En hostelería en general, donde destacan los autónomos y las pequeñas empresas, no van a tener liquidez para volver a abrir, comprar, suministrarse… Si por ejemplo, a un distribuidor un cliente le deja de pagar, ¿cree que cuando ese cliente abra su restaurante de nuevo el distribuidor va a darle crédito?”. También lamenta la letra pequeña de las ayudas del Gobierno. Es martes y se acababan de definir las líneas de los avales: hasta el 80% respaldado por el Estado, pero tramitados a través de la banca. “Cuando llegue la petición del hostelero al departamento de riesgos del banco no le van a dar un duro, porque no son solventes. Hay empresas de hostelería que se mantienen por los pelos. Que hayan crecido estos años no significa que sean prósperas”.

El negocio de Juan Peiró, un distribuidor de bebidas y alimentos congelados con dos plataformas de reparto en Valencia e Ibiza, está orientado casi al 100% a la hostelería. “Calculamos tres meses de parón. Hemos pedido el bloqueo de los pagos a proveedores y la reacción está siendo ejemplar, también hemos admitido que nuestros clientes no nos paguen”. Tienen unos 2.000, pero solo cinco, dice, con capacidad financiera suficiente para resistir tanto tiempo sin ayuda. “La gran mayoría de la hostelería son gente que vive al día. Tienen alquileres que pagar, con poco margen”. Aunque quizá no todos tengan la caja tan vacía. Un empresario que pide anonimato se acuerda del dinero negro. “Va a dejar de circular”, dice, y el que se haya acumulado de manera ilícita no va a servir como un salvavidas para mantener el empleo, “que es lo que se necesita ahora”.

Todo dependerá de cuánto se tarde en recuperar la normalidad. Para Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, el sector va a sufrir un impacto negativo, incluso si se produce un rebote a partir del verano. “Solo una parte del déficit de demanda durante el confinamiento es “embalsada” -congelada ahora para expresarse más tarde- y se traducirá en más gasto durante el rebote. Sin embargo, buena parte del déficit de gasto en restaurantes, ocio, y turismo se habrá perdido”. Ante esto pueden pasar dos cosas: que una parte del gasto se desvíe a otros bienes, por ejemplo los necesarios durante el confinamiento, incluidos servicios de ocio online, y que se incremente la tasa de ahorro de las familias. Nuno Fernandes, profesor de Finanzas del IESE, advierte de que si el confinamiento se extiende hasta tres meses, la caída del PIB nacional sería de seis puntos y si se llega al verano, de casi 10. En su opinión, se subestiman los efectos de la pandemia debido a que se hacen comparaciones que no son correctas, “como la del SARS o la crisis financiera. No se puede comparar porque no ha habido nada igual en los dos últimos siglos”.

Esto se parecería, por poner un símil con el vino, a la crisis de la filoxera que arrasó los cultivos a finales del siglo XIX en Europa. Hoy el sector vinícola, que factura en España cerca de 2.000 millones de euros, depende en un 41% del canal horeca. Javier Santafé, director de la Denominación de Origen Navarra, cree que estamos ante una catástrofe. “Pero todavía es más grave para los pequeños productores, los que no tienen o tienen poca presencia en el canal de la alimentación”. José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino, relata una situación complicada y dispar en un negocio con 4.000 bodegas. “Un 30% de las ventas se pueden ver afectadas. Su financiación se basa en el circulante, a muchas les afecta por no tener músculo financiero para afrontar que distribuidores no les paguen o pidan aplazamientos”.

El bodeguero Rene Barbier, presidente de Clos Mogador en Priorat, no está entre los que peor lo pasarán, porque su vino tiene más demanda que la capacidad de producción de su viña, pero vigila atentamente los mercados exteriores que abrió tras la última crisis (Estados Unidos, entre ellos), algo que también están haciendo cientos de empresas exportadoras. “Llevo dos semanas de locos para intentar que todo funcione. En Suiza, por ejemplo, me están pagando muy bien porque allí las medidas han sido distintas y las empresas tienen liquidez. Puedo funcionar pero otra gente no puede”, reconoce. Otros productores se ponen en lo peor y hay quien piensa que, si la situación se colapsa, tendrán que dejar las uvas en la viña este verano.

Café para nadie

Si bien España es uno de los principales productores de vino, las cosas tampoco mejoran para quien importa los productos que abastecen al canal horeca, como el café. Ricardo Oteros dirige Supracafé, una empresa que trabaja para hoteles y restaurantes. “Tenemos programadas nuestras compras y establecidos contratos de suministro con meses de anticipación. Quizá ese no es el principal problema ahora, ya que podemos buscar o negociar una financiación para esas compras. Suponemos que, una vez superado el período de crisis, las cosas irán volviendo a la normalidad”. Esa normalidad, dice, “va a ser muy diferente a la normalidad anterior”. Está preocupado por los empleados y sus familias, por los clientes y su situación financiera, “y si serán capaces de superarla”. Y de nuevo, el efecto en cadena de los impagos con el añadido de que trabajan con una filial en Colombia, donde también están viviendo momentos difíciles. “Interrumpir nuestras compras no ayuda, tenemos que trabajar para que esto no termine afectando, como siempre, a los más vulnerables”.

Lo mismo ocurre en las franquicias de comida. Algunas, como Restalia o Barra de Pintxos, han decidido no cobrar royalties a sus franquiciados. Eduardo Sancho, director de marketing de esta última, una cadena con una decena de locales entre propios y de terceros, cuenta que también han comenzado a negociar los alquileres de los locales mientras siguen pendientes de que el Gobierno tome medidas que les sirvan de base legal para justificar un impago de la renta. “No sé lo que pasará, espero que salga algo rápido porque la solidaridad a veces brilla por su ausencia”. Está preocupado por la vuelta a la normalidad, por cómo se comportarán los clientes y por si habrá medidas de distanciamiento social, como el control de aforos. Para el profesor de marketing de Deusto Business School, David Ruiz, hay grandes dudas al respecto, en especial sobre si cambiarán los hábitos respecto al canal online y si las empresas de reparto de comida pueden salir netamente beneficiadas. “Si tomamos como ejemplo el impacto de atentados en países turísticos vemos que es fácil perder confianza y que cuesta mucho recuperarla. No hay nada comparable a esta crisis, pero lo más parecido es la de 2008. Deberíamos esperar una situación similar o peor”.

Si las dudas son infinitas, las soluciones para frenar la marea parecen muros de arena. El empresario leonés Antonio Vázquez, que también produce vino (casi cinco millones de botellas) se debe por entero al sector, en el que por ahora ve ambiente de colaboración entre empresas. “Todos dependemos de todos, si esto se atasca… ante un problema global solo veo una vía: soluciones mundiales. De lo contrario, esto va a ser muy complicado”.

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