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El campo resiste pero la recolección se resiente porque falta mano de obra

A pesar de que todas las actividades relacionadas con la agroalimentación están permitidas para asegurar el necesario abastecimiento de mercados, tiendas y supermercados, y por ahora no se han resentido las existencias, salvo en situaciones de puntuales acaparamientos, no todo está funcionando con normalidad en la cadena de suministro. Poco a poco van aflorando problemas y carencias.

La principal dificultad en estos momentos es la escasez de mano de obra disponible en el campo para poder realizar puntualmente las recolecciones de temporada, al igual que para efectuar tareas habituales de cultivo, como siembras, plantaciones, escardas, tratamientos contra plagas, etc, aunque estas útimas pueden aplazarse algo en muchos casos, no siempre; pero lo que no tiene espera es recolectar, porque hay productos que si no se retiran en su momento se estropean, ya no valen, y en general porque si hay demanda se debe atender, pues lo que no se come hoy ya no se consumirá nunca y se debe aproivechar el momento, más ahora cuando todo está tan ajustado.

Sin embargo la falta de mano de obra está complicando mucho todos estos trabajos necesarios. Y no es un problema exclusivo de España, sino de muchos otros países europeos.

En Francia y el Reino Unido ha adquirido esto tales características que sus gobiernos están apelando a los parados para que acudan a emplearse en trabajos rurales que demandan mano de obra. Algunos ya lo están haciendo. Entre estar inactivos, encerrados en casa y sin ganar nada, prefieren acudir a explotaciones agrarias a realizar faenas. Pero de momento no están llegando en suficiente número y las Administraciones de dichos países estudian adoptar medidas para conseguir que se recolecte lo hacde falta y que no falle la cadena de suministros de alimentos a la población.

En Alemania, en cambio, no piensan en los parados para realizar estas tareas, sino en contratar a refugiados que están dentro del país. El cierre de fronteras ha dejado fuera a la mayor parte de temporeros que llegaban desde Polonia, Rumanía, Bulgaria y otros países, pero dentro hay un importante contingente de sirios y de personas de otras nacionalidades a las que se les pueden ofrecer contratos de trabajo. Y como es algo que ha surgido de repente, inesperado, los ministerios implicados están estudiando cómo darle forma.

En España empiezan a notarse dificultades en el sector citrícola. A menudo se tienen que hacer cargo de la misma tarea menor número de operarios de los previstos. Se calcula, por ejemplo, que un camión de setecientas cajas lo llenará en una jornada laboral una colla de 15 personas y ocurre muy a menudo que aparecen sólo 9 o 10. Si acaban la faena ganan más, pero lo habitual es que al final no se pueda completar la carga.

¿Qué esta ocurriendo? Lo primero es que estos trabajos dependen cada vez menos de trabajadores locales y más de inmigrantes, muchos de los cuales acuden por temporadas. Unos se han quedado fuera y no pueden volver, o han preferido irse; otros eligen quedarse en casa para evitar riesgos, y entre éstos están los de contagiarse y los de los controles policiales. La obligación de ir no más de dos en cada coche o un máximo de tres en furgonetas de nueve plazas limita mucho la movilidad de la mano de obra del campo y su disponibilidad real, porque muchos operarios no tienen vehículo y no disponen de medios para agenciarse soluciones.

Frente a ello, algunas empresas han optado por alquilar autobuses, ahora que están obligadamente parados para otras actividades, y de esta forma pueden habilitar que más trabajadores puedan llegar hasta los campos y los almacenes respetando las normas actuales.

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