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Encerrados con la adicción

Me llamo Quique, tengo 50 años y llevo cuatro meses viviendo en la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre en Estella (Navarra). Mi problema con el alcohol viene de hace 12 años; como era algo no continuado pensaba que no era para tanto. Pero en los últimos tiempos estaba perdiendo el control, no me bastaba el tratamiento ambulatorio y me vine aquí. Soy divorciado y con tres hijos, uno de 13 y gemelos de 10, con ellos hablo dos veces a la semana. Y aprovecho para dar públicamente las gracias a mi exmujer por estar ocupándose de todo en esta situación. Estoy de bajón y tengo sentimientos de culpa porque ellos están solos, aunque lo que debo pensar es que de una vez por todas tengo que seguir adelante y acabar con esto, necesito no pensar en culpas ahora. Entré el 10 de diciembre, pasar las navidades con desconocidos fue difícil, pero ahora ya somos como familia. Y hasta tengo suerte de estar aquí, mis padres murieron y estaría pasando solo el confinamiento. Tengo la ayuda que necesito, los terapeutas conviven con nosotros hasta que les viene el relevo. Mantenemos las distancias de seguridad y todo va bien.Además, somos privilegiados, porque podemos disfrutar del jardín, la huerta, los invernaderos… Paradojas de la vida. No quiero pensar en los alcohólicos que estén en su casa, aburridos y con la bebida en el supermercado. No soy de dar consejos, pero antes de agarrar la botella coge el teléfono y llama pidiendo ayuda».

«Siento culpa por no estar con mis hijos, pero tengo que acabar con esto que he empezado» Quique , 50 años

Este es uno de los panoramas que el confinamiento está dibujando entre las víctimas de adicciones. No es el peor ni mucho menos, ya dice Quique que se considera afortunado. Porque si ya es difícil aguantar el encierro libre de dependencias, asusta imaginarlo en constante lucha con una adicción. O entregado totalmente a ella. Dependiendo de la droga que se trate, las situaciones cambian, aunque el problema es sustancialmente el mismo. Lo explica Jon Mardaras, del centro de rehabilitación de adicciones Crea (adiccionescrea.com) de Bilbao: «Todos los adictos comparten la misma enfermedad, síntomas y conductas. La gran diferencia a la hora de enfrentar mejor o peor la cuarentena es si el adicto consume o está en tratamiento. No el tipo de adicción ni las circunstancias personales, que influyen pero menos. En el primer caso, el adicto lo pasa muy mal. Al malestar propio de la adicción hay que sumarle el estrés del confinamiento y tener que sortear más obstáculos de los habituales para beber, esnifar, ingerir pastillas o apostar».

Las personas que consumen las llamadas drogas duras –cocaína, heroína… –, también cannabis, y no han empezado tratamiento alguno estarán atravesando un infierno para conseguir en las calles desiertas y con vigilancia policial una dosis muy encarecida por la situación. Con suerte accederán a la metadona ofrecida de la administración. Los alcohólicos tienen su oscuro objeto del deseo al alcance de su mano en el supermercado, donde en marzo, tras dos semanas de confinamiento, las ventas de cerveza se dispararon un 77,65%, el vino, un 62,7% y otras bebidas alcohólicas, un 36,58%, según un estudio de Gelt, plataforma de datos de compra de consumidores de España. La venta de tabaco ha crecido un 30%. Los adictos a las apuestas deportivas tienen cerrados estos establecimientos por la ausencia de competiciones, pero en casa, al alcance de la tarjeta bancaria, hay tentaciones similares como el póquer ‘online’. Luego está la tecnología, encerrada con nosotros, así que adicciones como el cibersexo o los videojuegos pueden ser difíciles de controlar.

«Cuando realmente estaba privado de mi libertad era cuando consumía» Iker, 28 años

«Los adictos en tratamiento, sin embargo –prosigue Mardaras–, pueden sufrir síndrome de abstinencia, pero lo gestionan eficazmente, desarrollan cualidades especialmente útiles ahora: aceptación, humildad, paciencia, tolerancia, empatía, autocontrol, disciplina y orden». Afirma que han incorporado hábitos terapéuticos de gran ayuda en un momento como el actual, lo que les coloca, asegura, en mejor posición incluso que personas no adictas, al no estar acostumbradas a una rutina estricta y privaciones. «En lo que llevamos de cuarentena, ninguno de nuestros pacientes ha recaído». Y como de todo se puede sacar algo positivo, Mardaras da este consejo: «En muchos hogares, la adicción es como un elefante en el salón, ocupa todo el espacio, asfixia la convivencia, pero nadie habla de él. Es buen momento para poner el tema sobre la mesa y, entre todos, buscar solución, que es contactar con profesionales».

Iker, 28 años, uno de sus pacientes, lleva dos en tratamiento por consumo de alcohol y otras drogas, y pasa la cuarentena con los suyos: «Echando la vista atrás, cuando realmente me encontraba privado de mi libertad era cuando consumía. Sé por experiencia propia, que cuando un adicto está ‘en activo’ su mayor necesidad es consumir, y esta situación de cuarentena lo hace más difícil. Por ello, va a estar de peor humor, más irritable e incluso generando conflictos en casa si está sufriendo síndrome de abstinencia. Dentro de la gravedad de la situación, me siento muy afortunado de estar con mi familia. Los que estamos en recuperación partimos con ventaja para afrontar el confinamiento. Aparecen situaciones de agobio o ansiedad por no poder salir, pero contamos con las herramientas para gestionarlos». Explica que lo que se necesitan son rutinas y «los tres pilares» fundamentales: terapias, contacto telefónico con psicólogos y compañeros y encontrar la forma de realizar ejercicio.

«Están acompañados»

Alfonso Arana es el presidente de Proyecto Hombre, que ayuda a 19.000 personas con todo tipo de adicciones en España; de ellas, 1.500 están internas en alguna de sus 25 comunidades terapéuticas –la mayoría en entorno rural– y el resto hace tratamiento ambulatorio, es decir, visitas a los centros. También ofrecen ayuda especial para adolescentes con dependencias y sus familias. «La mitad de las comunidades sigue atendiendo a los internos, aunque se ha relajado y adaptado el tratamiento a la situación que atravesamos. Otro 25% ha decicido enviar a casa a los pacientes, que siguen el tratamiento con videollamadas. Los restantes mandaron a sus hogares a los que tenían un mejor soporte familiar para poder usar las habitaciones dobles como individuales y evitar contagios. Pero todos los que están fuera siguen su rehabilitación con videollamadas, telefonía, sesiones grupales… Están acompañados en esto». Les han recomendado seguir una serie de pautas: hacer un contrato con un horario en el que se defina el tiempo para dormir, el de limpieza, la formación, los espacios propios y los momentos compartidos, como las comidas o ver la tele, los tiempos para hablar con terceras personas… «Incluso el reparto del tiempo para la tecnología, pues hay casas con un ordenador para todos. Como las hay de 45 metros cuadrados y de 120, con lo que las situaciones a vivir son muy distintas».

«Al volver a casa he empezado a soñar con que consumo, pero lo hablo con mis terapeutas» Laura, 37 años

Laura, 37 años, divorciada de su marido, consumidor también, y con un hijo de 5, llegó muy convencida a la comunidad de Proyecto Hombre en Sevilla para curar su dependencia de la cocaína. Tras permanecer seis meses, salió la semana que se inició el confinamiento; justo iba a entrar en una nueva fase, la de ayudar a otros como ella. Muy ilusionada, su primera cita era el viernes 13, y tuvo que volverse a casa, con su madre y su hijo: «Tenía muchas ganas de poder ayudar a otros. Al menos estoy contenta con mi familia, y el encierro no me está afectando demasiado. Aunque he empezado a soñar que estoy consumiento y me noto un poco deprimida, algo que no me había pasado en estos seis meses en la comunidad, y es por estar fuera, por haber regresado a casa. Pero lo hablo con mi madre y con los terapeutas, con los que hago una sesión de ‘skype’ dos veces a la semana. También con mis compañeros, que me entienden bien. La clave es estar ocupada, tener tu mente en algo. Hago zumba con mi hijo, manualidades… Estoy muy convencida, no voy a recaer».

José Antonio Molina del Peral. Doctor en Psicología, autor del libro ‘SO S. Tengo una adicción’

«Es mal momento para ponernos a probar cosas»

El doctor en Psicología y profesor en las universidades Complutense y Cardenal Cisneros José Antonio Molina, 20 años de consulta a sus espaldas, divide en dos a las personas que intentan superar su adicción: «Las que se toman el confinamiento como una oportunidad para cambiar y eliminar consumos, y aquellas a las que les vienen emociones de tristeza, frustración, ansiedad… que asocian a encierro y recaídas».

«Hay terapias familiares en las que el ambiente aún no había mejorado y, de pronto, se ven juntos confinados… La tensión estará alcanzando niveles insoportables, y por eso se les enseñan estrategias de relajación», dice. Aconseja hacer sesiones por videollamada, aunque «muchos no tienen la intimidad necesaria para contar lo que necesitan contar, les oyen desde la habitación de al lado y hay muchas cosas que la familia no conoce, acciones que llevan a cabo cuando consumen… Empiezan a hablar bajo o en clave y así no se puede. Cuando ha habido ocultación y mentiras a los suyos es difícil». Aunque las familias también llegan a dificultar el proceso: «A veces esconden información importante del paciente y llegan a darles dinero para que compren la droga». A su juicio, es importante que estas personas verbalicen cómo se están sintiendo, que digan a su entorno «si tienen ganas de consumir. Eso es un paso adelante».

Quiere alertar sobre el síndrome de abstinencia del alcohol, que puede ser mucho peor que el de la cocaína pues peligra la vida del paciente. En cuanto al cannabis, informa de que se está utilizando para afrontar ciertas emociones durante el encierro, «por aburrimiento, y se están dando muchos ingresos estos días por paranoias, delirios, brotes psicóticos…».

Y esta advertencia es para todos nosotros, sin excepción: «Es mal momento para hacer pruebas, para decir voy a ver cómo es el póquer ‘online’ porque estoy aburrido.En estas crisis, como en las económicas, se disparan las adicciones al juego; no tienes dinero, y por eso apuestas, para conseguirlo. Estamos en serio riesgo de que aumenten las personas con adicción al juego».

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