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Condenado por desobediencia grave porque «le sudaba la polla lo del virus»

En ocasiones, cuando la tensión se dispara y la mente se dispersa, los argumentos para negar el incumplimiento de una norma ante la autoridad se diluyen hasta reconocer la realidad de forma soez. Esto le ocurrió a Miguel el pasado Jueves Santo. Este grancanario de 53 años, sin antecedentes penales computables, se encontraba caminando hacia las 16:00 horas por la calle Mariucha cuando fue requerido por una patrulla de la Policía Nacional.

«Disculpe, ¿dónde va usted?», interpelaron los agentes al viandante. A lo que éste rechazó contestar. Los policías reiteraron la pregunta y conminaron al individuo a volver a casa en virtud del decreto de estado de alarma, a lo que el requerido volvió a dar la callada por respuesta.

Así continuó el toma y daca hasta que Miguel, con «total desprecio» hacia los agentes de la autoridad, perdió los nervios y espetó a los agentes que «le sudaba la polla lo del virus, que se iba a ir a casa de su hermana y que ellos no eran nadie para impedirle hacerlo». Resultado: deteni o por desobediencia grave a la autoridad y pase a disposición judicial.

Tras el juicio rápido, el pasado sábado el Juzgado de Instrucción número dos de Las Palmas de Gran Canaria dictó sentencia. La Fiscalía pidió tres meses de prisión y el abogado defensor convenció a su cliente para buscar la conformidad y evitar males mayores. Miguel asintió y reconoció los hechos. El juez Rafael Passaro determinó cambiar la pena de prisión por dos meses de trabajos en beneficio de la comunidad, inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante los 60 dias de pena y el pago de las costas procesales. Estas fueron las consecuencias del caletón de Miguel la tarde de Jueves Santo.

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