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Algún día nos apapacharemos en francachelas

Miguel Ángel Jimeno, profesor de la facultad de la Comunicación de la Universidad de Navarra, confeccionó el pasado fin de semana un abecedario del coronavirus, en el que recogía las palabras vinculadas a la crisis sanitaria que más está leyendo en esa veintena de periódicos que repasa a diario. En su lista, junto a vocablos neutros que estos días se han cargado de nuevas connotaciones (como supermercado o vecino), no faltan los términos de resonancias positivas (aplauso, familia…), pero abundan inevitablemente los que nos estremecen el ánimo y nos traen pensamientos funestos: ataúd, cuarentena, contagio, desinfectar, duelo, epidemia, funeraria, incineración, respirador, urgencias… Las palabras tienen ese poder. A veces no nos damos cuenta, porque las utilizamos de corrido, sin reparar detenidamente en cada una de ellas, pero cuando las aislamos (ahí, confinadas en soledad) podemos percibirlas como pequeñas bombas que estallan en nuestro cerebro y lo impregnan de su significado.

Pocas personas son tan conscientes de esto como los responsables de la Real Academia Española, que han iniciado una curiosa campaña para contrarrestar a base de palabras el decaimiento de nuestro humor. Es algo así como un contraataque léxico, un bombardeo en el que la carga explosiva suelta chispas de esperanza y bienestar. «Son palabras que pueden hacernos sentir mejor en estos momentos tan complicados que estamos viviendo. Queremos compartir entre toda nuestra comunidad ese aliento que puede proporcionar la riqueza de nuestra lengua», explican en la entidad. Con la etiqueta #QueLasLetrasTeAcompañen, cada día proponen una palabra nueva, por orden alfabético: hoy toca la pe de poesía, padre, paisaje, pasión, paella, pandereta, placer, patinar, pájaro, piel y perfume, aunque la experiencia de estas semanas ya ha demostrado que resulta dificilísimo pronosticar qué palabrita van a elegir los de la RAE.

No hay más que ver su opción para la a, la que abrió este repertorio de términos «que reconfortan frente a la incertidumbre». Fue nada menos que ‘apapachar’, que en algunas zonas se utiliza con el significado de dar abrazos. Llegará el momento en el que todos podamos apapacharnos a gusto, pero mientras tanto, si compartimos la cuarentena con algún ser querido, no hay que dejar que pase ni una sola ocasión de apapacharse para recargar las fuerzas. Con be propusieron ‘brezar’, que es acunar a alguien o mecer algo, otra de esas actividades de contacto que precisamos con urgencia, y con ce nos propusieron un pasatiempo ideal para este tiempo de confinamiento: la ‘cocotología’, el arte de hacer pajaritas de papel, que es además una de las contadas palabras del diccionario que tienen un autor perfectamente identificado: se la inventó Unamuno, amante de la papiroflexia.

Con de, la RAE nos ofreció ‘dingolondangos’, es decir, expresiones cariñosas, mimos, arrumacos. Qué necesarios son los dingolondangos, aunque sean por vía telemática. Con e, fue el turno del adjetivo ‘esplendente’, sinónimo de resplandeciente, y con efe nos recordaron una de las cosas que más añoramos en estos tiempos de encierro y monotonía: las ‘francachelas’ o reuniones de personas para divertirse. «Estos días no se pueden celebrar francachelas auténticas, pero nada nos impide celebrarlas a distancia», apunta la academia. Con ge, sugieren una de esas palabras que despiertan una sonrisa aunque no conozcamos su significado, porque de alguna manera suenan a lo que designan: ‘gosipino’ quiere decir ‘que tiene algodón o se parece a él’. «Si no encuentran nada gosipino en casa, pueden asomarse a ver las nubes».

Personas que son luceros

Y así vamos pasando por el poco usado ‘hermanablemente’ (que equivale a ‘fraternalmente’), por ‘inefable’ (que no se puede explicar con palabras), por ‘jarcha’ (una canción en mozárabe y, si va con mayúscula, aquel grupo andaluz de los 70 que cantaba ‘Libertad sin ira’) e incluso por ‘karaoke’, que ya sabemos todos lo que es. Hasta podemos juntar las cuatro, porque el resultado de entonar una jarcha hermanablemente en el karaoke sería seguramente inefable. Con ele nos ilumina un ‘lucero’, uno de esos astros que parecen más grandes y brillantes: poetiza la RAE comentando que «los ojos son luceros» y que «hay personas que son luceros en la vida».

La eme de ‘médicos’ nos deja como nuevos para llegar a la ene de ‘nictálope’, el que ve bien de noche o, de manera metafórica, en la angustiosa oscuridad de estas semanas de pesadilla. Y la eñe, que a priori parecía de las más difíciles, la han solventado con habilidad recurriendo al ‘Diccionario de americanismos’, donde aparece recogida la voz colombiana ‘ñía’, que procede de ‘compañía’ y significa ‘amigo íntimo’. Ayer tocó la o de ‘ojalá’, esa percha de la que colgar nuestros deseos de que todo esto pase.

Por supuesto, gran parte de la gracia de esta iniciativa es que todo el mundo puede responder con su particular botiquín de palabras (comilona, fantasía, dulzura, besuquear…), aunque algunos también están aprovechando para hacer crítica político-social y sueltan un ‘mangante’ o un ‘mamarracho’. No era esa la idea, pero seguro que también les hace efecto y se quedan un poco más tranquilos.

Los académicos proponen libros para la cuarentena

El escritor alemán Thomas Mann.

#ViajarConLasPalabras es el ‘hashtag’ de otra iniciativa de la RAE para estas semanas de crisis sanitaria. En ella, los académicos recomiendan libros para «fomentar la evasión literaria» y «trasladarnos a cualquier tiempo y lugar sin movernos de nuestras casas». Estas son algunas de sus propuestas.

Soledad Puértolas. La escritora, que ocupa la silla g de la institución, sugiere leer a Galdós («ya que es su año») e indagar en la generación del 98:«’Las confesiones de un pequeño filósofo’, de Azorín;’Laura o la soledad sin remedio’, de Baroja, y ‘San Manuel Bueno, mártir’, de Unamuno, son los primeros títulos que me vienen a la cabeza», desarrolla.

Miguel Sáenz. En la selección del traductor (y silla b de la RAE) destaca, como «lectura obligada en estos tiempos de reclusión», el ‘Viaje alrededor de mi habitación’ de Xavier de Maistre. «Sigue manteniendo su interés».

Pedro García Barreno. Médico y titular de la silla a, centra su selección en obras vinculadas con su disciplina, desde ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann, hasta ‘El médico’, de Noah Gordon, pasando por ese inesperado ‘best seller’ de la presente pandemia que es ‘La peste’ de Albert Camus.

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