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Seis errores que hacen odiar el teletrabajo y puedes corregir ya

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Con dolor de cuello y chiribitas en los ojos, incapaz de concentrarte (¿quién podría, con los niños viendo la tele a todo volumen?), te sientes vilipendiado cada vez que te sacan de la mesa del comedor, aunque sea la hora de comer, y no conoces mejor descanso que poner una lavadora. Bienvenido a la era del teletrabajo, ya eres dueño de tu tiempo y organizas tu feliz jornada. O no… La casa no es una oficina y aprovechar el tiempo no es fácil, aquí van unas soluciones a los problemas más odiosos de esta forma de dar el callo.

¿Trabajar en la cocina? Está bien si eres cocinero

Si te toca trabajar en la mesa de la cocina, trata de buscarte un sitio mejor. Amén de incómoda, es un lugar con cambios bruscos de temperaturas: desde el calor cuando los fogones están a todo trapo al frío directo cuando abres la ventana para ventilar. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo establece que la temperatura ideal debe estar entre 20ºC y 24ºC grados en invierno, y de 24ºC a 26ºC en verano, lo que se conoce como ambiente térmico. Esos márgenes pueden ser difíciles de conseguir en un entorno tan cambiante como una cocina. Si no tienes más remedio que pasar la jornada en una, vístete acorde a la temperatura de tu nueva oficina: ropa fresca si hace mucho calor, abrigada si en la cocina no hay calefacción. Y, aunque te parezca una pérdida de tiempo, ventila bien después de cocinar. Luego cierra y da algo de tiempo para que la temperatura vuelva a ser lo más parecido a un lugar de trabajo, aunque no sea el mejor.

Tapar el ruido con música: ¿cuándo vale esta estrategia?

Concentrarse es complicado con el Cantajuegos de fondo o al vecino haciendo ejercicio al otro lado del tabique. Ponerse unos auriculares con música ayuda a desconectar y a centrarse, pero no todo vale. Si la actividad requiere concentración, busca ritmos que no superen los 60-80 bpm. Si son más rápidos generan un estrés poco recomendable si lo que quieres es concentrarte. “El volumen también cuenta: por encima de los 85 decibelios puede comprometer la salud de tus oídos“, señalan los técnicos en audición de los Centros Oi2. ¿Que ni por esas aguantas el ruido externo? Mientras el confinamiento sea obligatorio no queda otra que modificar tus horarios hacia franjas más silenciosas, buscar tapones o auriculares que inhiban el ruido exterior (como los que usan los técnicos de sonido en los conciertos) o apostar por el ruido blanco (el de la tele mal sintonizada). Hay estudios que demuestran que este tipo de sonido constante enmascara otros y mejora la concentración en momentos de mucha dispersión. ¿A que ahora echas de menos hasta a los compañeros más pesados?

No todas las mesas valen de escritorio

La mesa y las sillas del comedor se concibieron para comer tranquilamente durante un par de horas, a no ser que te gusten las sobremesas que se alargan hasta la merienda. Incluso en esos casos, los digestivos suelen ayudar a que la experiencia sea más cómoda de lo que verdaderamente es. Este mobiliario no está pensado para echar las 8 horas de una jornada laboral, lo mismo que sucede con los muebles de la cocina. Pero cuando sois varios en casa —tu pareja también teletrabaja y los niños tienen que hacer los deberes— y solo hay una mesa la imaginación, como mostraba hace unos días la CNN, uno convierte en mesas la tabla de planchar, el mueble bar y hasta el cesto de la ropa sucia.

Es la muestra de como el coronavirus ha puesto patas arriba las consignas de las guías de prevención de riesgos laborales, que estiman que la pantalla debe situarse a una distancia de entre 45 y 50 centímetros, ligeramente por debajo de los ojos, y que las muñecas deben apoyarse en la mesa con los codos en ángulo de 90º (y, con todo, viene bien hacer ejercicios para contrarrestar el efecto de pasar el día sentados). Las malas posturas pueden acabar haciendo del teletrabajo una dolorosa penitencia, pero si no te queda otro remedio que apañarte de la manera más improvisada, la consigna de la Clínica de Fisioterapia del Doctor Rozalén es procurar apoyar siempre los pies en el suelo, con las rodillas ligeramente por debajo de las caderas para no acumular tensión en el psoas ilíaco. Si no te llegan bien, hazte con un reposapiés o improvisa uno con cajas o libros viejos.

Ni de cara a la ventana ni acurrucado junto al flexo

Cuando te dicen que te toca trabajar desde casa es fácil imaginarte frente a la ventana con la mirada perdida en el paisaje, algo que no suele suceder después: lo normal es acabar teniendo unas vistas de lo más anodinas. Pero es recomendable hacer lo posible por aprovechar la luz natural, y aun cuando no se tiene más opción que la de un patio de luces, la ventana es un punto cardinal básico: la Guía de Teletrabajo de la Comunidad de Madrid reconoce que siempre es mejor la iluminación natural que la artificial. Pero nada de “colocar la pantalla ni de frente ni de espaldas a las ventanas. Ponla perpendicular a las mismas para evitar deslumbramientos y reflejos”. Si puedes, orienta la mesa de forma que tu mano dominante quede más alejada de la ventana. O sea, si eres diestro procura dejar la ventana a tu izquierda, así conseguirás evitar que haga sombra sobre el papel cuando estés escribiendo con ella.

En caso de necesitar luz artificial, lo mejor es dejar de lado las lámparas laterales y los flexos tristones en una habitación en penumbra, ya que el contraste entre la luz y la sombra genera fatiga visual. Lo ideal es la iluminación desde el techo y centrada sobre el plano de trabajo (o sea, que caiga sobre el teclado). La empresa de iluminación Faro Barcelona estima que la lámpara debe rondar los 4.000ºK (grados Kelvin), una medida que señala que el color de la luz es blanco neutro. “Esa temperatura de color permite la reproducción cromática óptima, es decir, la más fiel a los colores para el ojo humano”. Evita en todo lo posible las iluminaciones cálidas de las bombillas de toda la vida.

La importancia de levantar la mirada de la pantalla

Tienes a los niños alrededor, pendientes de si te tomas un descanso. Optas por no moverte de la pantalla, porque así, además, terminarás antes. Pero lo cierto es que pasarte varias horas pegado a un monitor genera fatiga visual, cada vez se rinde menos y así es normal comenzar a sentir cierto malestar. Los síntomas son lagrimeo, visión borrosa, sequedad ocular, dolor de cabeza… Para evitarlo, parpadea al menos 7 veces por minuto y sigue la regla del 20/20/20: cada 20 minutos dedica 20 segundos a mirar a lo lejos (a unos 20 metros de distancia para cambiar el punto de enfoque), según recomiendan desde Colegio Oficial de Ópticos y Optometristas de la Región de Murcia. ¿Tienes niños alrededor? Puede que ellos mismos se encarguen de distraerte del monitor. Son interrupciones de las que no se libra ni el propio Thor: hace unos días, uno de los hijos de Chris Hemsworth irrumpía en mitad de una entrevista mientras el actor promocionaba su nueva película desde su confinamiento en casa.

Pausas que se alargan demasiado

La ley es clara respecto a los descansos: todo trabajador tiene derecho a una pausa de cinco minutos por hora trabajada. Las autoridades sanitarias son menos precisas, y se limitan a recomendar hacer una parada de 5 a 10 minutos, y aprovechar para darle algo de movimiento al cuerpo. Los teletrabajadores son aún menos concisos: cuando uno no nota la mirada del jefe en el cogote es posible que esa pausa necesaria se alargue. Por poner un ejemplo, la compañía de Airtasker detectó que, mientras la duración media de las pausas laborales entre los empleados de la oficina era de 18 minutos, en casa los parones se iban a 22 minutos.

Sucede que, de repente, actividades como poner la lavadora y tender la colada se convierten en grandes atractivos cuando, en realidad, son enemigos acérrimos de la concentración. Viendo que el confinamiento puede alargarse, y que los retrasos acaban acumulándose, un buen teletrabajador buscará la manera de cronometrar los descansos sin necesidad de tener el aliento del jefe en la nuca. Para ello hay soluciones como la técnica Pomodoro, un método de organización del trabajo en el que uno se plantea una tarea, se pone una cuenta atrás de 25 minutos y se vuelca por completo en el trabajo, sin permitirse una sola distracción. Pasados esos 25 minutos, tiene permiso para una breve pausa. Que sea corta, si no es procrastinar. Pasados 4 pomodoros, te has ganado un recreo de 20 a 30 minutos (según el tiempo de cada uno puede ser excesivo). Y ahí sí puedes tender la ropa… o descansar como en cualquier otro trabajo. No vale la pena arriesgarse a acabar odiando hasta los descansos.

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