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Canas que no se cubren y reflejos ‘amarillo pollo’: la odisea de echarse el tinte en casa

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No valoramos lo suficiente la importancia de la peluqueríahasta que echa el cierre y nos dejan al albur de las raíces, las canas y tintes de hace semanas, más pajizos y tristones con cada lavado. ¿Y qué hacemos? No hay otra que apañarse con lo que haya en el supermercado, la parafarmacia o en comercios electrónicos. Entonces empiezan Los Juegos del Tinte: un galimatías de números, matices y alternativas herbales, con aceites o con amoniaco donde, como en la serie de televisión, una mala decisión acaba en catástrofe (estética).

Y es que los peluqueros estrella crean cortes de pelo memorables, pero los auténticos magos son los coloristas. “La colorimetría es, posiblemente, el arte más difícil de la peluquería. Tienes que analizar bien el estado del cabello, su color en ese momento, calcular qué mezcla debes aplicar y vigilar el tiempo de exposición para lograr el color deseado. Todo, por supuesto, sin cargarte la fibra capilar”, explica Luis Miguel Vecina, experto en coloración y cofundador de Coolday.

Mientras tú echas un vistazo a la carta de colores soñando con un rubio miel como el de Jennifer Lopez o un cobrizo fuego como el de Jessica Chastain, el colorista escruta tu cabello y hace cálculos matemáticos según las leyes esenciales de la colorimetría. Saben, por ejemplo, que los colores fríos (violeta, azul y verde) dominan sobre los colores cálidos (rojo, naranja y amarillo); que los tonos opuestos en el círculo cromático se neutralizan (el violeta apacigua un ‘amarillo pollo’ y el rojo rescata un rubio verdoso) y que un tinte no puede aclarar otro sin decolorar el cabello. Esto es lo que hay que saber para acercarte a su sabiduría lo máximo posible ante los estantes del supermercado?

Cómo descifrar los jeroglíficos del envase

Para elegir el tinte de pelo adecuado, primero hay que conocer la anatomía de un pelo, que se divide en dos partes fundamentales: una capa exterior (la cutícula), que está formada por una especie de escamas protectoras; y una parte interior (el córtex), donde se depositan los pigmentos. Para que el pigmento se quede de forma permanente, hay que levantar las escamas, introducirlo y volver a cerrar. Los productos para el cabello del súper que pueden hacerlo se distinguen porque la frase “coloración permanente” aparece en el envase. Otros, que se van con los lavados y cubren poco las canas, se venden bajo las etiquetas de “coloración no permanente” o “semipermanente”.

Lo siguiente es interpretar la numeración del paquete, que es importante porque no todos los castaños (o los rubios) son iguales. Se diferencian por los reflejos, algo así como los distintos grados de intensidad de un color: eso es lo que indican los números del envase. “En la caja observamos 3 números diferentes. Pongamos, por ejemplo, el 7.34. El número 7 equivale a la altura del tono del color de la base (rubio, castaño, moreno…), el número 3 sería el color del reflejo que predomina y el número 4, el reflejo secundario. En este caso diríamos que el 7.34 es para conseguir ‘rubio dorado ligeramente cobrizo’. Si apareciera detrás del punto un número cero (7.03) sería ‘rubio ligeramente dorado’; si apareciera después (7.30) sería ‘rubio dorado intenso”, explica Alberto Cerdán.

Pero la cosa no es tan sencilla porque el color de nuestro cabello en el momento de teñir también hay que tenerlo en cuenta. “Quedaría exactamente igual que aparece en la caja si la persona tiene el cabello completamente blanco. Como no es así, dependiendo el color de base de cada persona habrá que hacer una neutralización diferente. Aquí entran en juego los reflejos. Incluso, puede que sea necesario decolorar o aclarar el cabello. Esto se logra con agua oxigenada. Al entrar en contacto con el cabello, aclara su pigmento natural para conseguir el color deseado”.

Los peluqueros trabajan con agua oxigenada de varios volúmenes. En preparado de uso doméstico es más simple: lleva la dosis exacta en un frasquito aparte como “crema reveladora” o “peróxido de hidrógeno”. La consigna para no correr riesgos es apostar por un color similar al del cabello. Como mucho, medio tono más claro; siempre es más fácil oscurecer que aclarar (un tinte no aclara otro tinte). “En caso de que tengan otro tipo de coloración (mechas, balayage, babylight…) solo debe aplicarse el producto en la raíz y evitar el contacto con el resto del cabello decolorado”. Respecto a las decoloraciones a las bravas, mejor déjalas para los profesionales, pues un fallo en este paso puede suponer desde destrozar la queratina del cabello, dejándolo quebradizo (incluso puede romperse) hasta quemaduras en el cuero cabelludo y una visita a urgencias.

Amoniaco, ¿sí o no?

El amoniaco se ha convertido en algo así como la bestia negra de la peluquería. Tiene un olor intenso y desagradable y, aunque su función es necesaria, se tiende a sustituir por otros productos químicos. Cerdán puntualiza que con este ingrediente “abrimos o hinchamos la cutícula para que el tinte penetre mejor, sobre todo con los cabellos que tienen canas. Hay alternativas sin amoniaco, pero deben contener derivados de este para cumplir esa función”. María Cabello, colorista experta en Compte, apunta que “el sustituto del amoniaco en tintes es una combinación de agentes alcalinizantes, como la monoetanolamina y el aminometilpropanol”.

Existe la creencia equivocada de que los tintes vegetales sustituyen el amoniaco por aceites orgánicos. Pilar Pérez, directora de formación de Phyto, aclara que “su función es proteger el cabello y el cuero cabelludo de los efectos negativos de la tinción. En los tintes de Phytocolor incorporamos aceite de jojoba y monoi, para nutrir y dar brillo al cabello. También se añaden otros ingredientes naturalmente calmantes, como la epalina, que formará un velo protector sobre el cuero cabelludo, y la corteza de jujubier, que calmará las posibles sensaciones de incomodidad o picazón”.

Y si la idea de jugar al Quimicefa capilar no te emociona, tienes la opción de los tintes semipermanentes. No llevan amoniaco, los pigmentos no penetran en la cutícula y se van con los lavados. Lo habitual es que aguanten de 5 a 10. Aquí, de nuevo, todo depende de tu cabello: si lo tienes poroso, el color penetrará más y tardará más en desaparecer. Ojo: en este caso, puede hacerlo de forma desigual y dejar una melena a ronchones.

Nada de aplicar el tinte con el cabello sucio

Has hecho el test de alergias entre 24 y 48 horas antes para saber que no te da reacción, te has puesto una camiseta vieja que no te da pena manchar y has cogido una toalla a la que tienes poco aprecio para secarte al acabar la coloración. Ha llegado el momento de la verdad. Las instrucciones dejan todo bastante claro, síguelas a pie juntillas. “El tiempo de exposición hay que respetarlo siempre. En el caso de dejar actuar el tinte más tiempo podemos oscurecer de 1 a 2 tonos el color deseado”, advierte Javier Vila, formador para Redken y colorista de Salón Toro. Algunos paquetes incluyen un acondicionador o mascarilla para cabellos coloreados. Se aplican después de aclarar el tinte, pero antes de lavar. De nuevo, la explicación pasa por una lección de química. “Acondicionar con un producto de pH ácido sella la cutícula. Así la pigmentación dura más y sufre un menor desgaste del tono. Esto es especialmente importante en los cobres, rojos o reflejos fríos”.

De paso que da estas explicaciones, Vila zanja el mito de que para teñir debes llevar el cabello sucio. “Hace muchos años la coloración se fabricaba con un alto porcentaje de amoniaco y el cuero cabelludo picaba. Una ligera capa de sebo natural ejercía de elemento protector. Ahora tenemos coloraciones orgánicas, en aceites y derivados de amoniaco, que minimizan las molestias e, incluso, la posibilidad de reacciones alérgicas“. Si llevas el pelo hasta arriba de producto texturizante, gel o, simplemente, mugre de varios días, lávalo antes. “En el salón en muchas ocasiones lavamos el cabello antes de aplicar nuestro producto de coloración para evitar que esa suciedad impida un mejor resultado”.

Por qué las canas se cubren tan mal

Si el cabello fuera un folio, las zonas blancas quedarían cubiertas sin problemas. Pero las canas son cabellos sin melanina, rebeldes por naturaleza y hostiles a la coloración. “El proceso de pigmentación trabaja oxidando la melanina natural. Si esa melanina se encuentra despigmentada, como ocurre con las canas, se dificultará el mecanismo de acción del tinte”, puntualiza desde Phyto su formadora, Pilar Pérez. A renglón seguido, desmonta la idea de que los tintes vegetales cubren peor. “La coloración semipermanente o directa cubre un 30% de canas y solo permite teñir del mismo tono o uno más oscuro. La coloración tono sobre tono cubre el 70% de canas, dura unas 6 semanas y se aplica en el mismo color o uno más oscuro”.

¿Y la henna? Aquí no hay medias tintas. Se trata de un tinte 100% vegetal, con henna persa, manteca de cacao, limón y hierba índigo, entre otros ingredientes. Y tiene un curioso modo de actuar sobre las canas. “A diferencia de los tintes sintéticos y químicos, la henna actúa en la cutícula creando una capa protectora extra, como un barniz. El efecto final no es de cobertura plena, sino como si fueran reflejos. Si hay muchas canas, sugerimos aplicar primero una henna roja. Déjala actuar al menos una hora, aunque dos es lo más recomendable. Pasado ese tiempo, lava con champú, enjuaga y seca. El color irá revelándose hasta 24 horas después de la aplicación. Ahora ya podemos repetir el proceso con el color definitivo”, responde Anna Tenllado, responsable de atención al cliente de Lush.

Es la alternativa más natural y ecológica del mercado, pero también la más engorrosa para aplicar en casa. “Las hennas de Lush se venden en un bloque sólido formado por 6 pastillas divididas en onzas. Corta las necesarias, ponlas al baño María hasta que se derritan, añade agua hirviendo y remueve hasta que la mezcla tenga la textura del chocolate fundido. Se aplica templada y, al secarse, queda como barro. Todo el ritual lleva tiempo y puede ensuciar. Mi consejo es preparar la zona donde te la vas a aplicar cubriéndola con papel de periódico y con una toalla vieja en los hombros. Puede dejar manchas verdosas en las superficies o en la piel, pero desaparecerán con un buen lavado”. ¿Y si, pasado el confinamiento, deseas volver a tu tinte químico de toda la vida? “Deberías esperar al menos cuatro semanas (o hasta que haya perdido la mayor parte de su color). Como la henna funciona como un barniz alrededor de la cutícula, si la has aplicado hace poco bloqueará los efectos del tratamiento químico”.

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