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El Ministerio

Lo bueno de cuando te sientes a gusto con lo que eres, de haber aprobado ya unos cuantos exámenes, de rodearte de personas cuya confianza te has ganado y a las que no has de demostrar nada es que puedes ofrecer la mejor versión de ti mismo. Y de ese estado de ánimo suelen salir frutos estupendos. No es fácil, por supuesto, reunir todas estas condiciones, que, como otras muchas cosas, suelen llegar a medida que cumples años y acumulas errores y aciertos. Pensé en ello a propósito del regreso de ‘El Ministerio del Tiempo’ con un primer capítulo redondo, cargado de guiños para sus fieles, reuniendo a gran parte de sus protagonistas y asumiendo riesgos del que se sabe seguro por una red y quiere probar nuevas piruetas. Atrás quedaron aquellos inicios de la serie en que despertaba recelos por atreverse con un género tan poco trabajado en la televisión española como el de la ciencia ficción, o los esfuerzos para reivindicarse como una apuesta más que necesaria en una emisora pública. La producción de los hermanos Olivares acaricia la madurez y la edad le sienta bien.

Lo que hemos visto de la cuarta temporada nos avisa de que sus fuertes no han cambiado -seguiremos viajando en el tiempo para revisitar tiempos pasados y a personajes de la historia desde un punto de vista no ausente de crítica-, pero que además se va a permitir ahondar más en unos personajes sólidos, los agentes, con relaciones complejas tejidas entre ellos. Y en la que no faltarán guindas -como lo han sido el retorno de Lorca o el cameo de Berlanga- que mejoran la experiencia. ‘El Ministerio’ ha conseguido convertirse en eso, en una experiencia, en un acontecimiento que sus seguidores celebran y jalean cada semana.

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