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En Compromís se ponen la mascarilla

En Compromís ven al Gobierno central, arrugan la nariz y ponen distancia social. O sea, que le votan en contra cuando pide la prórroga del estado de alarma. ¿Cuánto vale ahora mismo el apoyo o el rechazo de la coalición nacionalista? Para el Gobierno central, nada. Hasta que tenga que aprobar un presupuesto, lo que diga o hagan los nacionalistas valencianos le da lo mismo a Sánchez, que aplica las políticas de las grandes cadenas de supermercado y compra al por mayor las afinidades. Ese supino ninguneo de Moncloa a Compromís y al Consell es porque, al final, en Madrid tienen sus propios problemas de los que ocuparse, con un microclima propio, turbio y específico, así que los descontentos de por aquí les traen al pairo.

Ante tales aconteceres, la portavoz del Consell, Mónica Oltra, exhibe buen talante y asegura que la Generalitat es confiada y esperanzada. Así lo ha sido desde 2015, según Oltra, y así le ha ido al Consell con el Gobierno central, ya sea de Mariano como de Pedro. ¿Pero le queda otra a la Generalitat? No tiene alternativa porque ni tiene un duro ni fuerza parlamentaria con la que tocarle las narices a Sánchez. Bilbao parece que sea Gisborne, la ciudad más a las antípodas de Valencia: 19.837 kilómetros de distancia. Y aunque vivan a poco más de 600, parece que estén allá, en Nueva Zelanda. Anda que le faltó tiempo al presidente del PNV, Andoni Ortuzar, para advertirle al Morante de la Moncloa de que el depósito de confianza se agota: «Ha encendido ya la luz de reserva». Los nacionalistas vascos, a corto plazo, no necesitan al Gobierno central. Tienen dinero y se lo gestionan solitos, y cuando necesitan más, tienen diputados para apretar. El contraste con el Consell es más que evidente. El hombre (y cualquier Gobierno) es él y su circunstancia, «y si no la salvo a ella (a la circunstancia, claro), no me salvo yo», escribió Ortega. Los condicionantes económicos de la Comunitat son terribles, de modo que la Generalitat está atada de pies y manos. Ya pueden decir que son confiados y esperanzados. No les queda otra.

Sin embargo, Compromís parece que bucea otras opciones. Sus circunstancias no son como las del PSPV, que tiene que ir de la mano de Sánchez, pase lo que pase durante esta crisis, haya rebrotes o no, haya financiación o no, se haga caso a la Comunitat o no. En Podemos están igual, y aún lo estarán más, porque se avecina un poderío orgánico en la Comunitat totalmente sumiso con lo que diga Pablo Iglesias. Los de la coalición de Oltra pueden optar, y parece que lo están haciendo, por desmarcarse, ir colocándose la mascarilla para evitar riesgos y contagios.

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