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“Soy un sastre, no un genio”: habla, por fin, Luis Gómez-Escolar, el creador de las letras favoritas de España

Es el letrista, entre otros muchos éxitos, de Juntos de Paloma San Basilio, Miénteme de Camilo Sesto, Amor de Hombre de Mocedades o Bailar pegados de Sergio Dalma. Gracias a él, varias generaciones pudieron enterarse de qué decían en sus canciones artistas como Raffaella Carrà, Eros Ramazzotti, Roberto Carlos, Francis Cabrel, Ricky Martin, Andrea Bocelli o Roxette. Formó parte de Aguaviva, uno de los grupos españoles de canción protesta más importantes de los setenta, y de esa ocurrencia que fue La Charanga del tío Honorio, primera banda del llamado ‘roz rurá’.

“No he ido nunca a recibir ningún premio de los que me han concedido. No tengo en mi casa ningún disco de oro, ni de platino. Es un tema de timidez social enfermiza. La he tenido siempre y la sigo teniendo. Ir a una fiesta de más de cuatro personas me resulta impensable”

Le ha puesto a usted bailar en infinidad de verbenas poniendo letra a temas como Saca el güisqui, cheli. Ha trabajado con genios de la talla de Juan Carlos Calderón, Pablo Pérez-Mínguez u Oscar Mariné. Fue pareja de nuestra querida Cecilia hasta su trágica desaparición. Espectador del inicio de la Movida codeándose con Radio Futura o con Las Chinas (con cuya teclista, Miluca, lleva casi medio siglo casado). La sintonía de uno de los programas más vistos de nuestra televisión, Sálvame, lleva su sello. Y es, en última instancia, el culpable de que Ana Belén y Ojete Calor hayan resucitado el maravilloso Agapimú. Y todo esto lo ha hecho sin que casi nadie se enterara. Se llama Luis Gómez-Escolar y, aunque hasta su fecha de nacimiento (1949) aparezca difusa en Internet, si rebusca en su colección, seguro que aparece acreditado en más discos de los que pueda imaginar. Después de cuarenta años haciendo lo imposible para borrar su rastro ha accedido, en pleno confinamiento, a contarnos quién es.

Lo primero que tengo que preguntarte es el por qué, después de tanto tiempo escondido, aceptas responder una entrevista. Es cierto que he estado toda mi vida en silencio, pero ahora ya no me importa mucho. ¡Estoy retirado! (Risas).

¿Y no resulta un poco increíble hacer recuento ahora de todo lo que has hecho? La verdad que sí. Es todo muy alucinante. Como ha sido mi vida, pues no me he enterado, pero ahora que he echado el freno, miro para atrás y no me cabe en el retrovisor.

Es que tienes en tu poder una colección ingente de hits no sólo a lo largo de muchísimas décadas, sino también tocando muchos estilos musicales… Es el resultado del trabajo. No basta con la calidad, tiene que ser calidad en cantidad. Nadie sabe. Nadie conoce el éxito. Todo el trabajo lo haces con el mismo cariño pero luego es el público o las circunstancias las que hacen el éxito. No creo que la canción que no triunfe sea peor o más mala que otra que sí lo hace. El que te diga que tiene la fórmula del éxito en la mano, miente como un bellaco.

Pero ese anonimato del que has hecho gala a pesar de estar en las carátulas de la mitad de los discos que se editaban en aquel momento, es buscado, ¿no? Absolutamente, no he ido nunca a recibir ningún premio de los que me han concedido. No tengo en mi casa ningún disco de oro, ni de platino. Es un tema de timidez social enfermiza. La he tenido siempre y la sigo teniendo. Ir a una fiesta de más de cuatro personas me resulta impensable. Otra cosa es que el tiempo te enseñe truquis para moverte con cierta desenvoltura. Pero era una cosa patológica. Aunque me vino muy bien, porque creo que en el mundo de la música, y más en aquel momento, era muy importante estar entre bambalinas. Sólo el anonimato consigue que no te achicharres bajo los focos.

Y te asegura una carrera tan longeva como la tuya. Sí, lo que también está claro es que si vas a un hotel y no hay habitación, no te la van a dar como si fueras famoso. Haces las colas como todo el mundo y no te cuelan nunca, pero no pierdes la visión de la realidad. Cuando eres anónimo, la gente escucha tus canciones y las baila sin saber que son tuyas. Y eso me da mucho morbo. Puedo ver el efecto real que causan e incluso escuchar: “¡Pues vaya mierda este tema!”. Si supieran que eres tú, nadie lo diría. Lo único que no es normal es que nadie sabe del todo cuál es tu profesión. No eres ni charcutero, ni piloto de Iberia, pero no saben a qué te dedicas exactamente. Saben que a veces vas con una guitarrilla… Así que ahora, mi enemigo es Internet.

Claro, porque en aquel momento incluso siendo novio de Cecilia conseguiste escaquearte… Completamente. Que yo sepa, sólo hay una foto circulando por ahí de los dos juntos.

Pero Cecilia en aquel momento ya era Cecilia, un personaje muy mediático. ¡Claro que sí! ¡Absolutamente! Pero ella llevaba su vida y yo la mía. Nos veíamos mucho, pero siempre en privado o con un círculo muy íntimo de amigos. Tampoco en aquella época la prensa era tan agresiva como ahora. Era una prensa un poco de la señorita Pepis. No pasan cosas como esto que acabo de ver ahora de un tío que está en una videoconferencia y pasa una chica por detrás y ya está toda prensa conjeturando sobre si esto o lo otro. [Se refiere al mediático caso del colaborador televisivo Alfonso Merlos].

¿Y cómo un estudiante de psicología acaba formando parte de la historia musical de nuestro país? En realidad, empecé arquitectura y lo dejé. Y luego me pasé a Filosofía y Letras, una de las ramas era Piscología y ya en tercero, entré en Aguaviva y empezamos a viajar. Lo de Aguaviva es algo que no se conoce demasiado: fue un fenómeno europeo fuera de toda lógica, como todo lo bueno. Tuvo un éxito arrollador en Italia con Poetas Andaluces. Recibimos el León de Oro en Venecia y a partir de ese momento Italia exportó Aguaviva al resto de Europa en un momento en el que España lo único que exportaba era Raphael a Rusia y Lola Flores a Sudamérica.

“Si a mí me encargaran una canción para el mismísimo Rappel, pues yo me meto en su mundo para que cuando el público le vea cantando con sus túnicas y sus gafas al revés, se crea que la canción la ha hecho él”

Luego vino tu único disco en solitario, Simone, un disco que escuchado ahora resulta muy adelantado a su tiempo. No es un disco fácil, no. Probablemente ni yo mismo lo entendí (risas). Fue un álbum muy complejo para el momento. Un poco extraño. A contrapelo.

Y en el que una vez más te escondías porque el nombre de Simone jugaba no poco al despiste. Sí, era el nombre de otro cantante italiano del que nos hicimos muy amigos y como nos parecíamos mucho a mí me llamaban ‘el Simone’. El Simone de aquí. Y con eso me quedé.

Sin embargo, la parte que más se conoce de ti es la de letrista de baladas románticas de los setenta y ochenta. En Sudamérica, eres considerado el inventor de la ‘música para encerar’ o ‘para planchar’. Eso es típico de Sudamérica, de Colombia, creo. Es la música doméstica que escuchas en casa, cuando tienes la radio puesta para planchar, para cocinar o para fregar. La música que te acompaña.

Al lado de todas esas canciones románticas, también hay sitio para temazos casi de tecnopop como el Fotonovela de Iván. Esa casi nadie sabe que es mía. Fue el primer éxito de música disco española en Europa, en Alemania. Una cosa muy sorprendente. Quiero aclarar que sólo es mía la letra, la música era de Pedro Vidal. No me gustaría que se confundieran estas cosas. Básicamente soy letrista. He compuesto también muchas músicas, pero he hecho principalmente letras y casi siempre de encargo. Soy un sastre. No soy un genio. Tomo la sisa, la longitud de la manga del cantante y con arreglo a eso hago la letra. Son letras a medida.

Y luego está esa tu faceta vinculada a la movida. De hecho, colaboraste en La bola de cristal, uno de los programas de televisión emblema de aquella modernidad, con permiso de La edad de oro de Paloma Chamorro. Una vez que se separaron Las Chinas [efímero y deslumbrante grupo español de los ochenta formado exclusivamente por chicas], una de ellas, Isabel Luna, trabajó para Lolo Rico en La bola de cristal y ahí hicimos un par de temas para el programa de los electroduendes.

Claro, tú tenías relación con Las Chinas porque Miluca, la teclista, es tu mujer. Llevamos casados casi 50 años, un disparate absoluto porque ¡funciona! Siempre digo que yo he tenido dos vidas. Primero la vida de Aguaviva, más política, de cantante protesta, revolucionaria. Y luego una segunda vida con el nacimiento de la Movida. Y ahí estaban Jose [de Las Chinas y luego Kiki d’Aki], Radio Futura… Nos conocíamos todos. Yo estuve ahí pero, como siempre, borroso, desde atrás.

Bueno, no tan desde atrás. Llegaste a estar muy vinculado a un sello: Rara Avis, que sacó precisamente a Kiki d’Aki, a los primerísimos Objetivo Birmania y a Los Elegantes. Sí, en realidad a Miluca se le ocurrió fundar un sello discográfico con la colaboración del diseñador Óscar Mariné, que tenía la distribuidora de discos independientes más importante, llamada Pancoca. Lo dirigió ella y yo ayudaba en la parte artística… Sacamos cosas que no sacaba nadie por aquel entonces. Después, e inspirándome en Rara Avis, creamos Troya, otro sello independiente, con mi amigo Julio Seijas y otros colegas, para editar rarezas. Tuvo bastante éxito, sobre todo en temas de hip hop. Fuimos los primeros en sacar grupos de hip hop de aquí. Te hablo del año 89. Hicimos una prospección de grupos marginales y seleccionamos cuatro. Madrid Hip Hop, se llamó el disco. Una joya. Los ingenieros tradicionales no sabían de hip-hop, ni mezclarlo ni entenderlo… Luego lo dejé porque no valgo para esto. Hay que salir mucho, hablar mucho, conocer a mucha gente y ponerse de vez en cuando guaperas y eso no se me da muy bien… Para mí, este confinamiento del coronavirus es exactamente igual al resto de mi vida. Vivo permanentemente confinado.

A Objetivo Birmania los descubres en el RockOla, ¿no? No exactamente, fue Kiko Fuentes quien nos dio el soplo una noche en RockOla. Luego fui a verlos al local de ensayo y me fliparon. Con aquellas tres preciosidades. La cantante y las dos birmettes. Les hice el primer disco, pero no sé qué sucedió después. Parece que Julián Ruiz como productor era más importante. [Después de sus primeros singles en Rara Avis, Objetivo Birmania sacan su primer largo en Warner producidos por Julián Ruiz]. Nunca entendí qué les pasó. Tenían una fórmula muy buena. Quizás también cierta desconfianza respecto al medio. Por aquel entonces, las casas de discos eran enormemente voraces. Estábamos en pleno fenómeno fan. Estaban arrasando Pedro Marín, Iván, Pecos… Las grandes compañías te metían en los 40 Principales, te llevaban a lugares que te eran ajenos con audiencias con las que tú no te identificabas. Y eso es lo que, por ejemplo, Radio Futura ya no aceptó con su segundo álbum, después de sacar Música Moderna. Y tal vez lo que les pasó a Objetivo Birmania es que, después de la pequeña Rara Avis, cayeron en una de las grandes casas de discos con producciones atómicas cuando ellos no eran eso. Eran de producción exquisita, viva y muy caliente.

De esas dos vidas que has tenido, ¿cuál ha sido la más divertida? Hombre, a nivel disfrutón, no tengas la menor duda que la de la época de la Movida. Lo bueno de la Movida es que trajo una especie de carpe diem, de relajación, de se acabó la protesta, se acabó el coñazo, ahora vamos a divertirnos… Y fue una verdadera inyección de optimismo que recibió España, en concreto Madrid, aquellos años. Cualquier cosa de las que hacíamos en aquella época estaría ahora terminantemente prohibida. ¡Como fue aquello! Habíamos vivido tanta represión que se produjo una especie de despelote… Yo he hecho cosas, y eso que era de los más moderados, de no creer. Fue una explosión, un golpe de péndulo violentísimo después de haber estado mucho tiempo controlados y, de alguna manera, maniatados.

Otra de las cosas más sorprendentes de tu carrera es que la letra de la sintonía del programa de Telecinco Sálvame también es de tu autoría. La canción Sálvame era total. La cantaba Bibi Ándersen [hoy Bibiana Fernández]. Fue su primer disco, un trabajo en la onda de Amanda Lear, aquella maravillosa novia de Dalí. Estamos hablando del año 1980 y, de repente, casi 30 años más tarde, vuelve otra vez con este programa. La vida está loca.

Y en varias versiones, porque la ha cantado MIla Ximénez, Guille Milkyway… ¿Te molesta que se utilice para algo para lo que, en principio, no fue concebida? ¡Para nada! ¡Todo lo contrario! Estas cosas se hacen para el público y luego la gente las utiliza como quiere. Si las utilizan para finalidades radicalmente distintas como el himno del fusilamiento de nosecuántos, pues te jode. Pero mientras se haga con fines jocosos, me fascina. No olvides que nosotros compusimos el Saca el güisqui, cheli o Qué pasa contigo, tío que son canciones caricaturescas, para la diversión de la gente. O aquella que decía Adiós amigo, good bye my friend que suena en todas las verbenas del país y que todo el mundo cree que es una canción popular porque en el fondo lo es. O la de ‘Comer, comer, es lo mejor para poder crecer’…

¿Crees que, aparte de estar entre bambalinas, igual contribuyó a esa carrera tan prolífica tu ausencia total de prejuicios? Siempre se tiene alguno. Pero si tú haces una canción honesta para cualquier artista y piensas en él mientras la escribes, no hay reparo posible, aunque lo que digas no sea ni parecido a lo que tú realmente piensas. Si a mí me encargaran una canción para el mismísimo Rappel, pues yo me meto en su mundo para que cuando el público le vea cantando con sus túnicas y sus gafas al revés, se crea que la canción la ha hecho él.

¿Y en qué momento te retiras del todo? Porque después de un período muy intenso prácticamente desapareces pero sí has seguido haciendo cosas muy puntuales, pero relativamente recientes, para artistas como Ricky Martin o Chayanne. En realidad, sigo trabajando para cuatro cosas que me gustan mucho, pero también es verdad que la figura del letrista casi ha desaparecido. Las letras las hacen los propios grupos o cantantes y las hacen muy bien. No creo que nadie pueda escribir una canción mejor que Fito Cabrales de Fito & Fitipaldis por no hablar de clásicos cantautores como Sabina o Serrat. La letra, en muchos casos, ha dejado de tener importancia. Y luego está ese uso generalizado del inglés que no entiendo. Me encantaría que lo hicieran en griego o en alemán. Luego ves fenómenos como el de Resistiré, que está teniendo una importancia enorme en estos momentos y es sin duda por la fantástica letra de Carlos Toro.

Y también que ya no se adapta la misma canción a varios idiomas. Se ha dejado de hacer, sí. Antes casi todos los cantantes internacionales acababan cantando sus éxitos en italiano, francés o español. En inglés menos porque el mercado inglés estaba siempre muy cerrado al continente. Era un Brexit permanente. Esto no es de ahora.

¿Es cierto tal y como contó Carlos Areces en una entrevista reciente a ICON que la letra del Agapimú que tú adaptaste del griego al español es pura invención? Es cierto. No tiene nada que ver con la original. Es que ¿quién sabe traducir del griego? Eso pasa mucho. La canción de Joe Dassin, A ti, tiene el ‘A ti’ y cuatro cosas más. Es absolutamente imposible traducir exactamente un texto que te viene de fuera cuando va incluido dentro de una música. Sobre todo cuando traduces canciones del inglés. Un inglés en el momento más terrible de su vida grita Help! Un golpe. Y nosotros decimos so-co-rro: tres golpes. Lo más cómodo es inventarlo. Obviamente, respetando el espíritu general. Si es una canción de amor, no la vas a hacer de odio y si es de libertad no la vas a hacer de represión.

También le tradujiste un disco entero al español a Roxette. Yo era fan absoluto de Roxette y me hizo mucha ilusión hacerlo. Pero las canciones en inglés se vuelven boleros al traducirlas al español. El español lo abolera todo. Si a Un día sin ti le pones unas maracas, tienes un bolerazo. Otro complicado de adaptar era Roberto Carlos porque él quería que siguiera sonando exactamente a portugués y no entendía que había que hacerlo en español. Y yo le decía: “Tío, que aquí no se dice ‘muito bonito’”. (Risas).

De todas las que has hecho, ¿hay alguna canción a la que le tengas especial cariño? Todas tienen su historia. Las hay más emocionantes o más ridículas. No sabría decirte. Hombre, la canción más sentida que he compuesto en mi vida porque era para mí, aunque la acabé dando, es la de Amiga que finalmente cantó Miguel Bosé. [Gómez-Escolar compuso Amiga tras el funesto accidente de coche que acabaría con la vida de Cecilia]. Era para mi uso personal, pero Miguel estaba muy sensibilizado y me la pidió y a mí me hizo muchísima ilusión que la cantara. Él estaba entregado y es un tipo muy agradecido y muy fiel.

De hecho hay un vídeo en el que él interpreta la canción y está llorando. Es que él la grabó muy emocionado. Tuvieron que interrumpir la grabación varias veces porque lloraba. Le conmovía muchísimo. Era amigo de Cecilia y la historia le llegaba mucho. Pero es que todos tenemos en el alma una pérdida de ese tipo, a lo mejor no de esa gravedad, pero nos sentimos muy solidarios con esas pérdidas irreparables.

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