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Trump amenaza con prohibir la aplicación china TikTok

Non stop. Donald Trump ha entrado en una nueva espiral de vértigo político que esta semana ha asemejado a la Casa Blanca con una montaña rusa, de esas en las que la gente grita y alza los brazos entre aterrorizada, emocionada y sorprendida con cada descenso. Ha habido un momento de especial intensidad, cuando el jueves sugirió la posibilidad de aplazar las elecciones presidenciales de noviembre al entender que el voto masivo por correo, como efecto de la epidemia, podría facilitar un «fraude» en los resultados. Una propuesta inédita que incluso los republicanos han rechazado explicando que ni siquiera «con las guerras» se aplazó una consulta democrática.

Pero no es la única salida de tono. En siete días ha calificado de «tacaña» a Alemania por su aportación anual a los fondos de defensa en Europa y retirado en consecuencia 12.000 soldados estadounidenses de este país. Una estrategia que ha generado una tensión innecesaria entre los dos estados.

A nivel interno, ha despertado la ira de miles de ciudadanos tras extender su fuerza federal destinada a combatir el «anarquismo», un despliegue salpicado de denuncias sobre infiltraciones para reventar protestas pacíficas y de manifestantes detenidos por personas sin identificar y trasladados en vehículos igualmente anónimos. Y ha soliviantado al Pentágono por no pedir explicaciones a Putin sobre las informaciones que achacan a Rusia el establecimiento de recompensas por acabar con la vida de soldados de EE UU en Afganistán. Por si faltara el momento de espectáculo entre tanto frenesí político nacional e internacional, a finales de esta semana colisionó una vez más con las redes sociales al divulgar, junto con su hijo, Donald Trump Jr., un vídeo negacionista de la pandemia y del uso de la mascarilla. El presidente consideró «importante» divulgar esta grabación, protagonizada por una doctora que desde hace años denuncia el uso de «ADN alienígena» para curar enfermedades.

Ahora, la última iniciativa del presidente tiene también mucho que ver con su pulso con las redes digitales y otra de sus obsesiones: China. Ha anunciado la prohibición en el país de la aplicación TikTok, que depende de la empresa matriz Byte Dance, asentada en el gigante asiático, al sospechar que el Gobierno de Pekín podría utilizarla para espiar a los estadounidenses. Otra cuestión es que los estadounidenses que han descargado 165 millones de veces esta popular app no entiendan su apagón por motivos de seguridad nacional.

El líder republicano anunció el viernes (madrugada de hoy en España) su intención de llevar a cabo este procedimiento de manera inminente. De hecho, a esta hora podría haber firmado ya la orden ejecutiva para la prohibición en razón de los mencionados motivos de seguridad. «Tengo esa autoridad», subrayó ante un grupo de periodistas.

China

El caldo de cultivo ya estaba puesto desde mediados de esta semana cuando el secretario de Estado, Mike Pompeo, difundió sus hipótesis de que China recurriese a esta plataforma para vigilar y repartir propaganda; una teoría compartida por otras organizaciones que incluso vinculan a la compañía con el Partido Comunista. El Departamento del Tesoro anunció el miércoles que haría su propia recomendación a Trump sobre esta aplicación y el Pentágono prohíbe a sus soldados que la descarguen en sus terminales.

     TikTok se ha defendido de las sospechas aludiendo al fin lúdico y visual de su aplicación, que la ha hecho popular en todos los ámbitos y cuenta con mil millones de seguridores, entre ellos músicos, deportistas y personajes famosos. «No somos políticos ni tenemos una agenda política», expresan los responsables de esta plataforma. Paradójicamente, horas antes de que Trump hiciera su anuncio varios periódicos se hicieron eco de una información según la cual la Administración americana habría ‘invitado’ a la matriz Byte Dance a desvincularse de la plataforma en EE UU con el aparente fin de cortar su conexión con China. Microsoft supuestamente habría mostrado interés en adquirir esta división. Ninguna de estas noticias han sido confirmadas oficialmente.

Lo que parece claro es que el terreno tecnológico se ha convertido en el nuevo campo de batalla entre las grandes potencias. India ya prohibió el mes pasado el uso de TikTok, además de otras 59 aplicaciones, al considerar que representa una «amenaza a la soberanía y la seguridad» del país. La decisión fue tomada justo después de la escaramuza fronteriza protagonizada por tropas indias y chinas que provocó al menos una veintena de muertos.

En el caso de EE UU, la orden supone un peldaño más en la confrontación que Trump mantiene con Pekín desde el comienzo de la pandemia -todavía suele sugerir que el virus lo desató el gigante asiático-, que ha seguido con retos territoriales -por ejemplo, en el mar meridional- y la batalla a Huawei.

La Policía federal continuará en Portland y otras ciudades hasta «limparlas»

En contra de las exigencias de diferentes organizaciones civiles y de las autoridades de algunos Estados, el presidente de Estados Unidos afirmó ayer que sus fuerzas federales permanecerán en Portland, y en otras ciudades donde se ha ampliado su radio de actividad, hasta que las policías locales puedan terminar «la limpieza de anarquistas y agitadores». Este contingente es considerado por muchos analistas como la demostración física del principio de «ley y orden» que Donald Trump defiende como vértice de su mandato, y en el que ha insistido desde el comienzo de las protestas antirraciales tras la muerte de George Floyd durante su detención el pasado 25 de mayo.

Los agentes federales habían comenzado su repliegue el jueves, pero el mandatario negó ayer que este procedimiento vaya a continuar. «Seguridad Interior no abandonará Portland hasta que la policía local termine la limpieza de anarquistas y agitadores», tuiteó.

La Administración envió a estos agentes a la gran ciudad de Oregon, de 650.000 habitantes, tras la sucesión de varios actos de vandalismo. La presencia de estas fuerzas provocó un estallido de cólera entre numerosos manifestantes, sobre todo a raíz de que se produjeran traslados de detenidos en coches sin identificar. Los demócratas consideran que estas intervenciones apestan a «un estado policial» y son una decisión política de Trump.

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