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El amor es jugar al remigio: la autoestima en ‘El apartamento’

Yo era un naúfrago en una ciudad de ocho millones de habitantes hasta que encontré unas huellas en la arena, las seguí y me llevaron a usted». Esta es la frase con la que Jack Lemmon se declara a Shirley MacLaine en la película ‘El apartamento’, uno de los grandes clásicos con los que el genial Billy Wilder escribió una parte de la Historia del cine. Pocas películas son tan contundentes a la hora de mostrar la soledad, los amores adúlteros, el no saber decir no y la redención. La psicóloga Tonina Ferrer considera esta obra maestra como una película indispensable para entender muchos de los males de amores y de la alienación de la sociedad moderna.

La sinopsis es sencilla. El soltero y solitario C. C. Baxter (Jack Lemmon) presta su apartamento a los dirigentes de su empresa para que se citen con sus amantes. Siente algo hacia la ascensorista del edificio, Fran Kubelik (Shirley MacLaine), pero ella está liada con el jefe de la compañía, Jeff Sheldrake (Fred MacMurray), un hombre casado. El mandamás le pide un día la llave del apartamento y Baxter descubre que es para acostarse con la ascensorista de la que se está enamorando. Sheldrake promete a la chica divorciarse, pero todo es una farsa y ella, al enterarse, intenta suicidarse.

Baxter, que no ha dejado de subir escalones en la empresa precisamente por prestar su piso, le salvará la vida, lo que refuerza su amor. La señorita Kubelik pone fin a su relación con Sheldrake, ya divorciado, pero descubre que su verdadero amor es Baxter. Este, por su parte, se niega a volver a ceder el apartamento y abandona su trabajo. El ‘trepa’ y la ascensorista terminan juntos. Una obra maestra de Billy Wilder y su guionista de cabecera, I. A. L. Diamond.

«Son personas que se niegan a sí mismas para conseguir algo. El ascenso, en el caso de Baxter, y el amor, en el de ella. En cierta forma, han perdido el respeto por sí mismas y eso les impide ser felices -explica la psicóloga Tonina Ferrer-. Los dos se rechazan a sí mismos para que los demás puedan hacer lo que quieran porque temen ser excluidos. Son dos personas vulnerables, que no saben decir que no, que son manipuladas por gente egoísta/egocéncrica con muy poca empatía». Su entorno, además, no es nada positivo. «Son personas alienadas que viven de ir de casa al trabajo y, como mucho, paran en un bar para emborracharse y buscar relaciones casuales», agrega la experta.

Ferrer destaca que el final feliz de la película se alcanza precisamente cuando los dos protagonistas han renunciado a aquello por lo que habían luchado, pero que no satisfacía sus vidas: «Son conscientes de que la felicidad no estaba allí. No la proporcionaban los ascensos, porque Baxter seguía solo, ni ella se siente realizada en su relación con el hombre egoísta/egocéntrico. Dos personas frágiles acaban unidas tras saber buscar la fuerza dentro de ellas mismas para abandonar algo que, en el fondo, les hacía sufrir».

Un mazo de cartas

El cierre es ejemplarizante. Ella deja atrás una corona de papel que le han regalado y corre a la calle con su amor. Lo único que hacen es sentarse y coger un mazo de cartas para jugar al ‘ramiro’ -el remigio, como se le conoce en España-. Su nueva pareja es un hombre reposado, doméstico, de pequeñas emociones. «La vida superficial de alcohol, relaciones pasajeras… ha desaparecido. El entretenimiento extremo no es necesario para huir de la realidad. Cuando recuperan la autoestima, ya saben ser felices con ellos mismos», sentencia Ferrer.

Respeto y autoestima: Saber decir que no

El autorrespeto. Es muy importante saber negarse a determinadas demandas y cultivar el respeto a uno mismo y sus necesidades . «De otra forma -explica Tonina Ferrer- esta negación de uno mismo puede acabar en emociones intensas prolongadas en el tiempo (tristeza, enfado con el mundo, … y en una instatisfacción vital)».

Relaciones ‘win-win’. Las relaciones en las que no existe una igualdad en la pareja -a la hora de establecer los roles o gestionar las emociones- pueden ser letales en una relación. Para Ferrer, el modelo adecuado es el ‘win-win’, en el que ambas partes ganan y se sienten reforzadas al mantener el nexo que les une. «Si una de las partes de la pareja sale perjudicada, a la larga no puede existir/sobrevivir el amor», agrega la psicóloga.

Amarse a uno mismo. ‘El apartamento’, en opinión de Ferrer, pone de relieve que no es posible amar a los demás si antes una persona no se ama a sí misma. «No se trata de ignorar los sentimientos de los demás, sino de saber gestionar las emociones». «El gran error -continúa- se produce cuando creemos que es necesaria la aprobación de los demás para alcanzar nuestas aspiraciones, pero para ello tenemos que hacer cosas con las que no estamos de acuerdo».

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