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Preguntas

El presidente Urkullu habla de imponer el «toque de queda» y a mí, por lo que sea, me suena bien. Lo que ocurre es que luego no se atreve, o no le dejan los asesores, o se lo piensa mejor a resultas de lo que han empezado a decir de él, tan liberal y británico… Uno por uno, los rituales de agosto se van cumpliendo -Marilyn, Hiroshima, las Perseidas, la Festa d’Elx…- y el mes de vacaciones más raro de nuestra vida avanza entre preguntas hacia los rituales de la apertura de curso, tan incierto este año como están siendo las vacaciones mismas.

La verdad es que veo a la gente mayor más asustada que en abril y a los de mediana edad más crecidos y desafiantes que en mayo. «Oye, mira, es cosa de suerte y se vive una vez. Además, que no puedes tener a los críos todo el día metidos en casa». Como el Gobierno y los gobiernitos ya ha quedado demostrado que no sirven apenas para nada, la gente se va haciendo algo más acolchada y providencialista -fíjate, mira Beirut- y sale a la calle un poco al estilo del Sarajevo de los francotiradores, mirando de reojo. Somos humanos y antes de la vacuna contra el virus los de 40 y 50 se están poniendo la vacuna contra el miedo.

¿Dime una cosa, estáis viendo casos de hambre? Sí, algunos. Y dime: ¿El reparto de todo el montón de ayudas sociales que se han anunciado se está haciendo con eficacia? No, para nada. Las dos escuetas respuestas de este trabajador social en un pueblo valenciano me confirman lo que era de temer: hay buena voluntad, el sentido solidario les desborda a todos los políticos a raudales, pero la máquina, el aparato administrativo, sigue sin funcionar bien. O sea, sigue sin funcionar.

El Gobierno y los gobiernitos han demostrado que no sirven apenas para nada

¿Y el emérito, dónde está don Juan Carlos? De vacaciones, como el presidente Sánchez. Solo que uno paga el alojamiento y el otro lo tiene gratuito en La Mareta. Los dos andan reponiendo fuerzas. El primero para el regreso en septiembre; el segundo para lo que, si Europa lo ordena, será el divorcio de un socio, Podemos, que está empeorando su imagen cada día. Porque el vicepresidente, sin escrúpulos ni vergüenza, con una carga de hipocresía a prueba de fiscales, vive este agosto una lluvia de fósforo propiciada por las investigaciones y unos medios informativos que ya se han aburrido de él.

¿Y Jordi Pujol y doña Marta dónde están? ¿Se irán también como Puigdemont? La pregunta suena mucho menos de lo que debiera. La respuesta lleva a ese dolor de fondo, Cataluña, tan independiente como insolvente a la hora de abordar la epidemia. Pero agosto sigue en una España que seguimos adorando bajo la máscara.

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