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Los japoneses prefieren los lugares cercanos este verano

Es fácil entender por qué el veraneo tradicional no va con los japoneses: tienen pocas vacaciones. Concretamente, la ley garantiza solo diez días de asueto, aunque es un período que va aumentando con la experiencia: quien lleve dos años y medio trabajando disfrutará de 12, y de 16 el que sume 4,5 años empleado. El tope, eso sí, está en 20 días laborables de vacaciones pagadas, dos menos que el mínimo estipulado en España. Además, cogerlas de golpe no se estila, porque los japoneses prefieren hacer encaje de bolillos con las fiestas nacionales para encadenar ciclos vacacionales más breves –como la Semana Dorada, a finales de abril y principios de mayo– y adecuarse también a las necesidades de su empresa.

Al fin y al cabo, la responsabilidad es una de las cualidades que más se valoran en un empleado, y no es casualidad que Japón sea el país en el que se ha acuñado un término para referirse a la ‘muerte por exceso de trabajo’: karoshi. «El tiempo es uno de los factores que define la planificación de cualquier viaje. Por eso, durante muchos años, a los japoneses se les ha acostumbrado a circuitos en los que se recorren grandes distancias en poco tiempo y, en muchos casos, con horarios planificados al milímetro», explica David Esteban, uno de los responsables de la agencia Viajar Por Asia y residente en Japón desde hace quince años.

No obstante, las cosas están cambiando poco a poco y muchas empresas ya han comenzado a facilitar el veraneo ajustando horarios y objetivos de productividad en los meses estivales. Incluso en el país del Sol Naciente, ha comenzado a calar la idea de que un trabajador descansado y feliz es más eficiente. «Ahora el japonés viaja menos que antes a destinos de larga distancia. En Europa o en el continente americano es más fácil ver ya a grupos de coreanos o chinos, mientras que hace unas décadas el prototipo de turista asiático que teníamos en mente era japonés», destaca Esteban. Pero eso no quiere decir que la población nipona se quede quieta. «Los japoneses siguen viajando mucho dentro del país. En el caso concreto del verano, Okinawa es uno de los destinos turísticos predilectos», señala.

La isla, conocida por albergar bases militares de Estados Unidos, no tiene nada que envidiar a otros paraísos tropicales del continente que han sido tradicionalmente imanes de turistas: playas de arena blanca y aguas cristalinas, temperaturas agradables y un servicio cinco estrellas, como es habitual en todo el país. En este caso concreto, además, Okinawa ofrece a los turistas locales algo con lo que no cuentan muchos otros destinos, incluida España: seguridad. «Es un destino cercano que resulta más relajado y seguro. No podemos olvidar que los turistas japoneses han sufrido mucho en otros lugares», comenta Esteban. Desafortunadamente, su exceso de confianza les ha convertido a menudo en objetivo predilecto de los amigos de lo ajeno.

El exterior no existe

Este año, lógicamente, va a ser diferente. La pandemia ha provocado el descalabro de los viajes internacionales. Lo reflejan bien las estadísticas de los pasajeros que han despegado de los dos aeropuertos de Tokio con destino a otros países: en diciembre superaron el millón, pero en abril fueron solo 3.567. Así que el estereotipo del japonés que va corriendo de un lado a otro sin parar de hacer fotos desaparecerá este verano. Y, con él, una gran fuente de ingresos para sus destinos favoritos: Estados Unidos –con las islas de Guam y Hawái a la cabeza–, Corea del Sur, Taiwán o la propia España, que entre diciembre del año pasado y febrero de 2020 recibió unos 90.000 turistas japoneses al mes. En abril y mayo, coincidiendo con el estado de alarma, ninguno cruzó nuestras fronteras.

Una cuestiónde presupuesto

El presupuesto suele ser uno de los asuntos determinantes de cualquier viaje. Y más si el destino es Japón. Aunque ya no es exorbitantemente caro, si se compara con Europa, sigue siendo uno de los menos asequibles de Asia. Por eso el sudeste asiático ha sido, tradicionalmente, un imán para los propios japoneses. Sobre todo para los mochileros, que no paran de crecer. Los jóvenes quieren viajar a su aire, utilizando aerolíneas de bajo coste y las recomendaciones de ‘influencers’ y redes sociales. Marcan el camino para el resto del continente.

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