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Los lectores recuperan su tiempo perdido

Rara es la maleta de vacaciones que no deja hueco para un libro. Con la ropa ligera se mezclan las flamantes novedades adquiridas para la ocasión o las viejas glorias que han esperado todo el año su oportunidad. Los libros, como las bicicletas, siempre han sido para el verano. Pero este año mucho más.

La crisis sanitaria ha tenido (con permiso) una lectura positiva: la ciudadanía ha regresado a los libros en busca de la evasión que le ha negado la realidad 2020. Han sido «deliciosa compañía» para los solitarios (así los definía J. F. Kennedy) y han permitido a muchos vivir otras vidas cuando durante la cuarentena la propia se volvió lenta, espesa, incierta. Saturados de tanta vida y obra en las pantallas luminosas, muchos han sido los que han visto en las letras quietas un espacio de paz.

Editores y libreros constatan este fenómeno al que asisten con alegría contenida. «Se ha producido un reencuentro de muchos ciudadanos con los libros. No solo durante el verano, sino que desde el inicio de la reapertura de las librerías se ha vivido una entusiasta vuelta a las mismas», valora Miguel Barrero, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).

El gusto por la lectura ha regresado. Pero ahora que ha pasado lo peor, al menos en parte, nos preguntamos: ¿Será para quedarse? «Habrá que esperar para saberlo», añade Barrero. Lucía Hoyos, portavoz de Casa del Libro, cadena con 47 tiendas físicas en todo el país, aporta un dato para la esperanza. Con motivo del cierre, «los clientes se decantaron por la compra ‘online’. Como pasó en muchos otros sectores la venta en Casadellibro.com se disparó», explica. Pero lo más revelador es que «se mantiene la tendencia: Hemos crecido más de un 23% en tráfico en la web».

De cualquier modo, no solo las ventas son importantes para realizar un diagnóstico. El escenario para que la lectura repunte tiene más elementos.

«No hay mejor caldo de cultivo que el que vivimos ahora para ser un país de lectores» Miguel barrero | presidente federación gremios de editores

En primer lugar, el reencuentro puede dar lugar a un idilio duradero a tenor de cómo lo ha vivido la gente. Esto ha sido estudiado por los agentes del sector con una gran encuesta realizada por la empresa Conecta Research & Consulting en los meses de verano. Una de las conclusiones es que el número de lectores frecuentes (los que leen semanalmente) creció en 7 puntos.

En cuanto a qué han experimentado en ese regreso a la lectura, la gran mayoría (82%) reconoce que leer libros les ayuda a «llevar mejor» la situación. Todos los encuestados han encontrado en esta actividad entretenimiento, desconexión, relajación (93%) y tranquilidad (90%).

¿Acaso no pueden valer esto para todo del año? Si hablamos de calma, más hace falta a la vuelta del verano que durante el mismo. También, cree Rafael Arias, responsable de las librerías salmantinas Letras Corsarias, los libros han ayudado a construir «la capacidad crítica en un momento de muchas preguntas para las que se necesitaban respuestas».

–¿Servirá este momento histórico para que la cifra de lectores repunte?

–El punto de partida es hoy más favorable: la lectura se ha puesto en valor por sí misma. El sentido de leer y las características de la experiencia de leer se han vivido directa y personalmente. Aprender, imaginar, conocer, unidos al silencio o la concentración, son atributos de los libros que, además, se han mostrado como un excelente remedio para la fatiga digital del teletrabajo y tanto entretenimiento audiovisual –valora el presidente de la citada federación–.

«Las ventas ‘online’ crecieron durante la pandemia y actualmente se mantiene el tráfico con una subida del 23%» Lucía hoyos | portavoz casa del libro

Y junto a la buena experiencia entra en juego el tiempo disponible. Este corre a favor de que los lectores ocasionales acaben siendo fieles. La encuesta de hábitos de lectura del año pasado confirma un viejo dato conocido: la falta de tiempo es la causa por la que el 49% de los encuestados dice no leer. Pero en el contexto actual la cosa cambia.

Cierto es que el aislamiento no se vive estrictamente como tal ahora, pero la pandemia no se ha superado y las opciones de ocio y movilidad son aún limitadas. Si se tiene en cuenta que la mayoría de la gente compra libros para entretenerse (63%) y que la literatura frente a otros géneros más informativos sigue siendo la favorita, de seguro que la lectura ganará puntos como alternativa de ocio a un escenario con cines y teatros a medio gas, el sector de ‘la noche’ en seria cuarentena, restaurantes con aforo limitado y viajes aplazados para mejor ocasión.

«Para mí esta es la lectura ‘negativa’ de lo bueno que nos está pasando al sector del libro. La falta de diversidad en la oferta de ocio (de lo que no podemos alegrarnos) devuelve a la gente a una actividad que se puede hacer en casa y en solitario. Por una vez le ha tocado lo bueno al sector del libro», valora Arias.

Él aventura que «se recuperarán los lectores que se han perdido por el camino, esos que son ocasionales, que leen cuatro o cinco libros al año, y que por falta de tiempo dejan el hábito. Crucemos los dedos».

Entre lectores frecuentes y ocasionales, se sabe que en España se consume una media de 10 u 11 libros en un año normal. Durante el confinamiento –unos tres meses– se ha leído una media de 4 ejemplares. De seguir el ritmo, el año de la pandemia la media subirá a 16. ¿Valdrá la aritmética en este caso? Las ventas registradas hacen pensar que así será.

Cierto es que un incremento en la lectura y en la venta de libros no tienen por qué darse en paralelo. Suele ser habitual que las vacaciones se dediquen a las lecturas pendientes del resto del año. De hecho, durante el confinamiento, la mayoría (un 70%) tiró de lo que tenía en casa.

Pero (¡sorpresa!) las ventas también han dado una alegría. El sector de los libros de ficción, no ficción e infantil (no así el de texto, por cierto) ha registrado una mejora en las ventas y las previsiones son «mejores que las iniciales», reconoce Barrero. Habrá pérdidas pero evitarán «una situación catastrófica».

«Se podría recuperar a los lectores medios, que leen 4 o 5 obras al año, y que lo dejaron por falta de tiempo» Librero | letras corsarias

Para el gremio, el hecho de que también haya buen producto atrapará adeptos. Tras el parón, las novedades se han acumulado en otoño. «Este verano editorial ha tenido varias características que deberían convertir al lector vacacional en asiduo: la calidad de las novedades, el gran número de escritores españoles publicados y la diversidad de género. Por otro lado, ayudará la complicidad que se ha establecido entre el libro de proximidad y los libreros», valora Barrero.

Presentaciones ‘online’, cuentacuentos, clubles de lectura virtuales y consejos a diario en redes sociales, campañas, apertura de canales nuevos para no perder ni el contacto ni las ventas fue la respuesta de los libreros cuando decretaron su cierre al no ser considerados ‘esenciales’. Y el esfuerzo ha tenido su fruto en la respuesta «entusiasta» de la gente en la reapertura. «Las librerías que promuevan actividades, que creen comunidad, sí contribuirán a que haya más interés por la lectura pasado este repunte del verano», cree Arias.

En Casa del libro, por su parte, se han sumado a la campaña #TodoempiezaenUnaLibrería. «Estamos también animando a los lectores a que se acerquen a nuestras librerías, que son espacios seguros, para que nuestros expertos les puedan ayudar con recomendaciones», explica la portavoz de la cadena.

¿Qué más haría falta? Ideas nuevas para «acercar a los lectores y autores», «más espacio para el libro en los telediarios», «apoyo institucional» o, como apunta la librera catalana Isabel Sucunza, una buena campaña para la promoción de este hábito.

Esto es algo que diversas voces del sector han reclamado. Así también lo creen desde el gremio. Barrero es tajante: «Ahora el reto es aprovechar esta energía para lanzar campañas. No hay mejor caldo de cultivo que el actual para ser un país de lectores».

Otros datos

90
Es la cantidad de minutos ‘extra’ dedicados a la lectura semanalmente durante el confinamiento, cuando un libro era la única opción de ocio al poder ser llevada a cabo en casa y en solitario. En total, en ese tiempo se llegó a las 8 horas y 20 minutos a la semana.
49
Es el porcentaje de personas que no lee por falta de tiempo en España. Este amplio grupo no desearía hacer otra cosa como practicar deporte o ver tele (estos solo suman un 25%), sino que les apetece entregarse a un libro pero no tienen posibilidad.
35
Quizá el dato más esperanzador es el que sitúa al grupo de menores de 35 años como el que más lectores convertidos en asiduos ha registrado y al de menos de 14 años como los que más se refugiaron en los libros (un 70%). Hay futuro.
57
Es el porcentaje de lectores frecuentes (aquellos que leen semanalmente) que se ha alcanzado durante los meses de la crisis sanitaria, siete puntos más de lo que las encuestas de hábitos de lectura de la Federación de Gremios de Editores detectó en 2019.

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