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La administradora Magdaleno, a la cárcel por la estafa a Broseta

Una de las administradoras concursales más reconocidas del país, Antonia Magdaleno, ya se encuentra en prisión para cumplir la condena de cuatro años de cárcel que le impuso la Audiencia de Valencia -y ratificó el Supremo- por una estafa al despacho de abogados Broseta.

Magadaleno era conocida en toda España al llevar, por ejemplo, los procesos de Martinsa-Fadesa, Llanera o Viajes Marsans. La condenada llegó a un acuerdo para pagar al despacho valenciano estafado 4,6 millones de euros.

Una vez saldada su responsabilidad civil, la administradora se movilizó para conseguir apoyos que respaldaran su solicitud de indulto al Consejo de Ministros. Por medio de una carta, reunió a multitud de compañeros de profesión y allegados que firmaron a favor de su solicitud de gracia para no tener que cumplir la condena de prisión de cuatro años a la que fue sentenciada. Pero el Consejo de Ministros ha rechazado conceder este perdón gubernamental, según adelantó ayer el periódico Levante.

La sentencia recurrida consideró acreditado que, cuando fue nombrada en los concursos de Martinsa-Fadesa y Urazca, Magdaleno ordenó al despacho que le facturasen «unas cantidades inferiores a las que ella había percibido por honorarios, ocultando el importe realmente cobrado de las mercantiles concursadas».

Por el concurso de Martinsa-Fadesa, cobró 7,86 millones de euros y ordenó que el despacho le facturase 3,32 millones. En el de Urazca percibió 1,45 millones, y dispuso que le facturasen 589.778 euros, según los hechos probados.

Especializada en derecho concursal, formaba parte del equipo de Manuel Broseta Dupré cuando éste reimpulsó el despacho que había fundado su padre. En 2011 se produce la salida de la abogada, que abrió su propio bufete con su nombre y comenzó una serie de pleitos que han durado siete años. A mediados de 2019, con ya todo el escándalo judicial en marcha, abandonó su nuevo despacho SUE (Somos Un Equipo) -había cambiado la denominación anterior de Magdaleno Abogados- y se lo dejó a sus socias. Su ingreso en prisión pone fin a a una etapa ciertamente convulsa con un desenlace de lo más desagradable. De una vida de opulencia a la monótona normalidad de una penitenciaría.

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