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El porno se convierte en la escuela de aprendizaje sexual de los adolescentes

La omnipresencia de internet y las redes sociales ha hecho que la pornografía sea de ilimitado y gratuito. Desprovistos de una auténtica educación afectivo-sexual, los más jóvenes han convertido el porno en la escuela de su sexualidad. Un informe de Save the Children titulado ‘(Des)información sexual: pornografía y adolescencia’ revela que el 54,1% de los chicos que estudian enseñanzas medias, en su mayoría varones, considera que la pornografía es una fuente de ideas para nutrir sus propias experiencias sexuales.

La edad de inicio en el acceso a contenidos pornográficos se encuentra en los 12 años. Siete de cada diez chavales consumen pornografía de forma frecuente, al menos durante los últimos 30 días. Se trata de un consumo que se realiza en la intimidad y a través del teléfono móvil. Lo que ven, según los expertos de la ONG, es una sexualidad violenta, desigual y que refuerza las actitudes dominantes masculinas y concede a las mujeres un papel sumiso o secundario.

«La pornografía se ha convertido en profesora y consultorio de sexualidad para los adolescentes. El peligro no es que vean pornografía, sino que su deseo sexual se esté construyendo sobre unos cimientos irreales, violentos y desiguales propios de la ficción. También es peligroso que crean que su consentimiento, sus deseos y preferencias, o los del resto, no tienen por qué ser tenidos en consideración», aseguró la directora de Políticas de Infancia y Sensibilización de Save the Children. Catalina Perazzo.

A Perazzo le desazona que el porno suponga la única fuente de información sobre sexualidad para el 30% de encuestados. Esta apreciación es más elevada entre los adolescentes que acuden con mayor frecuencia a este tipo de páginas (33,8% frente al 22,4% de adolescentes que no las consumen de manera asidua) y entre los chicos.

Para realizar el estudio se ha contado con la participación de 1.753 adolescentes de entre 13 y 17 años, que han respondido a una encuesta e intervenido en diferentes talleres. A la luz de los resultados, ellos son mucho más activos en la búsqueda de porno en internet y lo ven con mucha más asiduidad. Así, el 87,5% de los chicos afirma haber visto pornografía alguna vez en su vida. Este porcentaje desciende al 38,9% en el caso de las chicas, si bien esta proporción es ligeramente más alta entre las adolescentes lesbianas. Mientras los varones recurren a estos contenidos para satisfacer «necesidades instintivas», las adolescentes lo hacen para aprender qué se espera de ellas.

Ejercitar lo aprendido

A la vista de estos datos, no extraño comprobar que el 47,4% de los adolescentes que ha visto porno luego ha puesto en práctica algo de lo aprendido. Para Save the Children, es preocupante que los más jóvenes, cuando intentan imitar lo que observan en el móvil, no siempre solicitan consentimiento previo a su pareja. No en balde, el 12,2% de los chicos lo ha hecho sin el plácet de la pareja y sin que a esta le haya parecido bien, frente al 6,3% de las chicas.

El aprendizaje de la sexualidad a través de las webs porno agudiza problemas preexistentes. De hecho, casi la mitad de la población adolescente (el 46,1%) no emplea siempre métodos de protección y el 13,7% no lo hace nunca o casi nunca. Por añadidura, el 13,8% de quienes han visto pornografía han entrado en contacto, al menos una vez, con una persona desconocida con fines sexuales a través de red. Para el director ejecutivo de Save the Children, Andrés Conde, tales conductas no tienen por qué obedecer al consumo de pornografía, pero sí alientan la inquietud dado que pueden «entrañar un alto riesgo de sufrir violencia ‘online’, tan real y dañina como la física». Y en caso de producirse un encuentro real, pueden provocar que los menores sufran abusos o una agresión sexual que den lugar a infecciones de transmisión sexual e incluso embarazos no deseados.

Si se atiende al informe se constata que la pornografía influye en la vida sexual de los muchachos, de modo que las barreras entre realidad y ficción se diluyen. El 36,8 % de quienes la consumen con más frecuencia pornografía no distingue entre la ficción de los vídeos que devoran y sus propias experiencias.

Ante los datos que arroja el informe, Save the Children apremia al Congreso para que tramite cuanto antes la ley de la infancia, que incluye la educación afectivo-sexual.

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