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Profesores sin red

Cuando las nuevas tecnologías se van a hacer imprescindibles en un curso escolar marcado por la convivencia de los modelos presencial y ‘online’, llama la atención que solo el 38% de los profesores de secundaria haya recibido formación en tecnologías de la información (TIC) en su educación formal, si bien es cierto que la han podido recibir con posterioridad. Así se recoge en el informe ‘Indicadores comentados sobre el estado del sistema educativo español 2020’, que han presentado esta mañana las fundaciones Sociedad y Educación y Ramón Areces. En el caso de los docentes de primaria, apunta el documento, el porcentaje es algo mayor y son la mitad (el 49%) los que sí han recibido formación en TIC.

La fuente documental de la que se ha extraído este dato sobre la formación en TIC es el Teaching and Learning International Survey, que promueve la OCDE. Se trata de un estudio internacional realizado en 2018 en el que participaron 14.653 profesores de Educación Primaria y de Educación Secundaria que fueron encuestados en España sobre su formación docente, sus prácticas de enseñanza y sus formas de evaluación. La conclusión, en este sentido, es que los profesores españoles están poco acostumbrados a trabajar en formatos virtuales en su práctica docente. De hecho sólo el 51% de los encuestados declaró que permitían a los alumnos emplear recursos tecnológicos para realizar ejercicios en el aula.

El estudio promovido por ambas fundaciones, que se realiza por sexto año consecutivo, selecciona y sistematiza datos sobre la educación en España, para lo que ha contado con la contribución de 15 expertos que comentan en el documento las singularidades de la educación en España y proponen líneas de mejora.

De entre 30 y 49 años

El documento de ambas fundaciones traza un perfil del profesorado de primaria y secundaria y, a tenor de los datos de 2017 (los que cita el informe), predomina el profesorado de entre 30 y 49 años, tanto en España (59%) como en el conjunto de países de la OCDE (54%) y UE (53%). En nuestro país, el segmento con más de 50 años representó el 36% del total en 2017, una cifra idéntica a la del conjunto de la OCDE, aunque algo inferior al promedio UE (39%).

El exhaustivo informe (224 páginas que profundizan, además, en otros aspectos como la estadística de matriculación, la posición de España en PISA, o el gasto en educación) muestra el porcentaje de docentes que declararon haber recibido formación sobre otros aspectos, al margen de las TIC. Por ejemplo, el 85% de los docentes de Primaria y el 59% de los de Secundaria manifestaron haber recibido formación pedagógica sobre las materias que imparten en sus centros. En cambio, solo un 39% de los docentes de Primaria y un 29% de los de Secundaria declararon haber recibido formación sobre cómo enseñar en un entorno plurilingüe.

Es destacable el escaso 20% de docentes de Educación Secundaria que dice haber recibido formación sobre la gestión del aula y sobre el comportamiento de los alumnos (frente al 72% de la OCDE o al 65% de la UE-23), así como el también exiguo el 35% de profesores de Secundaria que declaró haber sido formado para saber gestionar un aula con alumnos de capacidades dispares (frente al 62% de la OCDE y el 58% de la UE-23).

Pocos estudiantes en las zonas altas de PISA

En la rueda de prensa celebrada para presentar el estudio, han participado Mercedes Esteban, directora del departamento de investigación de Sociedad y Educación, y tres de los autores del trabajo, de la Universidad Complutense de Madrid: el investigador Manuel Valdés, que ha elaborado el informe estadístico, el catedrático de Sociología, Julio Carabaña, y la catedrática de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación María Castro. Esta última ha titulado su comentario en este informe con un interrogante siempre discutido: ‘¿Estamos tan mal en PISA?‘. Según ella, «los resultados de España no justifican la percepción negativa de la calidad de nuestro sistema educativo. De manera estadísticamente acreditada se puede afirmar que España está ligera y significativamente por debajo de la media de la OCDE. Con respecto al conjunto de países estamos en el medio de la clasificación», ha explicado. Durante veinte años, los resultados presentan fluctuaciones muy ligeras: «En matemáticas hay apenas 5 puntos entre la primera evaluación y la última, y en ciencias, 8 puntos. Algunos puntos arriba o abajo en sucesivas ediciones no tienen significación estadística ni práctica, y no son indicadores de mejoras o retrocesos del sistema educativo».

La profesora Castro sí subrayó su preocupación por el escaso número de alumnado que se sitúa en niveles altos de la escala de rendimiento de Pisa tanto en matemáticas como en ciencias. «Necesitamos bombear estudiantes a esos niveles altos. Solo vamos a mejorar el promedio cuando tengamos estudiantes ahí. Es una de las debilidades de nuestro sistema educativo», apuntó Castro, que señaló que lo que separa a España de la media de la OCDE es el equivalente a un cuatrimestre.

Baja natalidad y gasto

Por su parte, Manuel Valdés ha destacado los indicadores más significativos de 2020, algunos de ellos relacionados con la demografía. Así ha mencionado cómo la evolución de la matriculación en Educación Primaria ya refleja la baja natalidad en España, lo que se observa en dos cursos consecutivos de descenso. También las tasas de matriculación a las edades de 0-3 años acumulan tres décadas de crecimiento ininterrumpido, aunque ha advertido de que es probable que la escolarización en edades tempranas se reduzca en el presente curso debido a la pandemia. Preguntado por qué haría él para tratar de mejorar la educación en España, Valdés abogó por reducir las altas tasas de abandono escolar en la ESO y mejorar de ese modo las tasas de titulación. El experto propuso una reordenación curricular en la ESO «que permita integrar a todos los alumnos».

En el apartado más económico, el catedrático de Sociología de la UCM Julio Carabaña ha afirmado que «si hay un problema importante con el gasto educativo en España, no está en la cantidad que se destina, ni tampoco en el gasto privado, sino en la desigualdad entre comunidades autónomas».

Carabaña ha señalado que «el criterio para juzgar el gasto no es ‘cuanto más mejor’, sino ‘cercanía al nivel óptimo’: en inversión andamos muy por encima del óptimo, al menos según PISA. En estatus estamos en la media de la OCDE, según Education at a Glance. A nivel regional, encontraremos una estrecha relación entre la renta de las CCAA y su gasto en enseñanza, tanta como entre países». «No podemos juzgar negativamente la magnitud del gasto en educación. No hay grandes subidas ni bajadas en el gasto en educación y no tiene qué ver con el color político de los gobiernos». El catedrático destacó que la escuela privada ha ahorrado al Estado un 20% de gasto público. «Si todos los alumnos estuvieran escolarizados en colegios públicos, el Estado tendría que gastar un 20% más».

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