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Un pueblo asediado por los felinos

Una invasión felina, al más puro estilo ‘hitchconiano’, están sufriendo los residentes en Benigembla, en la Vall de Pop, al interior de la Marina Alta. Desde hace meses decenas de gatos campan a sus anchas por el término municipal, llenan de orín y heces las calles e incluso se cuelan en las casas para hacer sus necesidades.

El problema, explican los vecinos, viene de lejos, se remonta ya a más de un año. Lo achacan además a una vecina del Carrer Llarg que aseguran, tiene más de una treintena de gatos en su casa. Afirman que además de tener acogidos a todos estos felinos, “se dedica a dar de comer a muchos otros que vagan por las calles y el término municipal”. Al estar bien servidos los animales han decidido instalarse en la pequeña y apacible población del interior de la comarca, “se reproducen y cada vez hay más, es una plaga”, insisten.

Pese a ser un “ejército” durante el día, señalan, no es habitual ver muchos ejemplares por la calle. Su ‘campamento base’ está apartado del núcleo urbano, la mayoría descansan y pasan la mañana en un pequeño descampado al lado del lavadero y la fuente. Es cuando atardece y, “especialmente por la noche”, cuando se adueñan de pueblo y causan estragos.

La situación, lamentan, se ha convertido en un “verdadero calvario” para la mayoría del pueblo: “todos los días hacen sus necesidades delante de mi casa, por las mañanas me toca limpiar heces y orina, el olor es nauseabundo. Hemos probado de todo pero no hay manera”, apunta María Gloria Ivars, que vive en la calle Sant Francesc. Su vecina, Josefa Serra cuenta que también ha tenido problemas con los felinos. De hecho recuerda que varias veces se le han colado en su casa, “la última vez hicieron sus deposiciones encima de la cama donde tenía puestas unas sábanas que heredé de mi madre”. Como la mayoría, también ha tenido que limpiar en “innumerables ocasiones” el portal de su casa.

Dos vecinos contemplan las barreras de vegetación puestas en una puerta para evitar que los gatos se cuelen en una vivienda.
Dos vecinos contemplan las barreras de vegetación puestas en una puerta para evitar que los gatos se cuelen en una vivienda. / B. Ortolà

Los vecinos han tenido que ingeniárselas para intentar repeler a los felinos. Algunos tiran por los clásicos: la típica botella de agua y repelentes. Otros han decidido ir un paso más allá y colocar ramas secas con espinas para que los animales no se puedan acomodar; “incluso hay uno que ha puesto pinchos de hierro en el portal”, comenta Serra.

Para intentar solucionar el problema, algunos han intentado “hacer razonar” a la dueña de los felinos, “pero ella va a la suya”, dicen. También se quejan constantemente al Ayuntamiento para que “busque una solución y acabe con este calvario”.

Desde el consistorio entienden la “desesperación” de los residentes y confirman que ya han hablado con la vecina para “intentar que entre en razón” y al menos no dé comida a los gatos callejeros. Pues con los que tiene en casa, nada pueden hacer, “no podemos entrar en su vivienda sin su permiso”, alegan. Respecto a las heces, indican que la limpieza es continua.

Revelan además que Salud Pública tiene conocimiento del caso y confirman que ya han esterilizado a algunos de los animales para evitar que aumente la colonia, “y volverán para hacerlo de nuevo, hasta que volvamos a la normalidad”.

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